La Cabra se portó y el grupo también, y eso que uno de los jefes, ahí, en la misma plaza del pueblo, hizo de jefe, y afeó lo de llegar tarde. Pero con o sin reloj, mucha casta, ta-ta-cháaaan, todo el grupo lo subió todo.
Con sol -sostenido- salimos de La Puebla por el bosque de robles, llegamos al Collado Cimero, y a la derecha subimos toda la cuerda -llena de picos- hasta llegar a la Peña de La Cabra. Sin comer, con cacahuetes. La subida a la cima y la propia Peña se portaron, merecen ser un dos mil, con nieve, suelo resbaladizo, piedras móviles, brezos helados, montañeros rampantes, frases de -por aquí mejor- y, en llegando, vistas de reportaje. No se pudo cantar el Titiríti por falta de metros, ni entonar el 'lo que os habéis perdido' porque estábamos todos*.
Más abajo, un líder encontró un restaurante de esos con reservados de roca protegidos del viento, que luego no había quien nos sacara de ellos. La vuelta fue por la misma cuerda, ahora convertida en nevera cinco estrellas, hasta llegar al prado de la sandía de Maxi (el tal collado Cimero). Allí, junto al bosque de robles apareció un enanito con gorro rojo, amigo de otro líder, y nos siguió bajando. Por el camino trabajaban los podadores de robles centenarios de La Puebla, y al llegar abajo nos cayeron cuatro copos de nieve. Uno del bar nos vaciló con que en el puerto ya trabajaban las quitanieves y tendríamos que quedarnos a dormir allí; que tenían camas, y que el dueño era su primo. La crisis con guasa, pasa.
* "todos" = 14 = Carlos, Carmen, Fidel, Jose Antonio, Juana, Luz, Magu, Mateo, Marta, Pepe, Rafa, Rosa, Susana, Vicky.
Susana
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