Tras varios rastreos en los mapas topográficos buscando nuevas rutas, o combinaciones no hechas de las ya conocidas, descubrí una que yo no conocía y que sobre el papel -topográfico, claro- parecía tener atractivo. La vista vía satélite lo confirmaba: valles profundos con bosques abundantes, y hasta un pequeño embalse. Todo un hallazgo.
Así que pensé en anotarme el tanto, importante a estas alturas, de proponer una marcha inédita.
Ya José Antonio me bajó los humos cuando tras proponérsela me recordó que hacía varios años que habíamos pasado por el citado embalse, incluido yo decía. Como no recordaba nada de aquello, empecé a rebuscar en mis memorias/anotaciones montañeras, y algo encontré: el 12 de Noviembre del ¡¡2005 !! Ttengo anotaciones de pasar por la Cañada Real Soriana, cerca de una presa, mucha lluvia que nos hizo regresar precipitadamente … y poco más. Resultado, mi gozo en un embalse, no en un pozo, aunque viene a ser lo mismo en este caso.
La marcha discurrió como estaba previsto: primeros kilómetros de terreno casi llano y sin apenas arbolado, y después pendientes muy llevaderas con pinares por todos lados; una gozada para la vista y el espíritu.
Hicimos cumbre en el Puerto de Malagosto hacia las dos de la tarde. Después, a comer; el lugar, al pie del Chozo de la Chata, cabaña de pastores muy cerca del puerto que seguro todavía sirve para resguardar a más de un excursionista de las inclemencias del tiempo. Se ve que todo el que pasa por allí lo cuida, porque su estado es muy aceptable. Como hay un manantial, pudimos sentarnos sobre un excelente y mullido césped, que a esa altitud (casi 1.900 metros) es un privilegio.
Al regreso optamos por bordear el embalse por el lado opuesto a la ida, para lo que caminamos por el fondo del valle del rio Pirón más de una hora, con el espectáculo de colorido que supone la vegetación de ribera. Al final del valle, el embalse con un nivel de agua muy bajo, evidencia de lo poco o nada que ha llovido en estos meses. Casi todos los presentes menos Rosa y yo recordaban haber estado allí; se confirmaba, pues, que la marcha no era inédita.
Los más de cinco kilómetros que faltaban para llegar a los coches se hicieron algo monótonos y pesados por la fatiga y las ganas de llegar; el sol se ponía rápidamente.
Los participantes de esta marcha olvidada fueron: Carmen, Pepe, Juana, José Antonio, Mateo, Javier, Rosa y Rafa. El desnivel, 850 metros; distancia, 25 kms, y tardamos 7,5 horas.
Rafa
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