Coletilla a la crónica de la marcha del 19 de junio de 2010

Releyendo la crónica “LAS SORPRESAS DE UN DÍA EN LA PEÑOTA” sobre la marcha del sábado 19 de junio de 2010, en la que tuvimos que pagar una tasa de 4 euros por abrir una puerta que han puesto recientemente al monte en La Estación del Espinar….., la crónica refiere que en un momento determinado, varios de nosotros, incluyéndome a mí “chillaban” a una joven encargada de cobrar la citada tasa.

En esa ocasión, yo hice justo lo contrario, es decir, en ningún momento la grité y sólo al final hablé, y moderadamente, con ella y con el señor que blandía el talonario de tiques cual “Tablas de la Ley” según bien dice el cronista, para intentar apaciguar la bronca, cosa que casi consigo pero que no conseguí.

De acuerdo con que es divertido adornar los hechos para proporcionar salsa y picante a lo escrito y además añado, los chillos que hubiera, al dividirlos entre más, tocan a menos. No obstante, dado que el blog es de dominio público, no puedo resistirme a intentar ser veraz en lo que me concierne.
Fidel

Delicias de la Cebollera

Sábado 26 junio, con poco calor y amenaza de tormentas. Aparecimos seis: Jose Antonio, Mamen, Miguel Angel, Rafa, Rosa, y yo misma. Y un autocar de polacos que visitaban la ermita de Somosierra, con sus memorias napoleónicas a cuestas. La fuente del Puerto se había secado, nos dió agua el camarero casi sordo del Bar, y nos fuimos.
Salimos desde el Puerto de Somosierra por la pista que parte junto a la gasolinera, con planes de hacer todo lo previsto, si el coco-tormenta lo permitía.

Íbamos charlando, pero el monte estaba precioso, y se nos empezó a colar entre las palabras. Verde luminoso, tierra blanda, árboles a estrenar, arbustos de colores, mariposas en danza, trinos, y los arroyos haciéndonos compañía, ay qué bonito, a ver si dura.

Al llegar a media altura, al Reajo Grande, oímos a Jose Antonio que decía: es por ahí, y señalaba lo peor, una especie de cortafuegos, una cuesta sin perdón, un esbarre dicen en mi pueblo, un erial con forma de vereda, el único trozo feo del paisaje, la serpiente del paraíso terrenal. Pero subimos, todos. Pasito a pasito. Y en esas, como en tantas otras, apareció sobre la cuerda, allá arriba, un puntito o raya, Jose Antonio; ¿cómo lo ha hecho? pero si estaba aquí hace nada. Seguimos subiendo y según avanzamos, Miguel Angel, estupendo, se acerca y se acerca, todo un paisaje.

Al poco, todos estamos arriba, en la cuerda de La Cebollera. El aire ha ido cambiando de denso a ligero, las nubes están de adorno, la luz tiene todos los grises y todos los azules, y se nos nota mucho que estamos contentos, que esa cuerda está y mullida y joven.

La Cebollera Vieja (Tres Provincias), 2.136 m, es tan suave que gracias al vértice geodésico y al monumento a los guardas forestales, se le nota que es una cima. Y allá fue el Tintirítíiin, aunque sólo a 4 voces, porque Rafa y yo acabábamos de empezar a bajar.

Poco después, en la cuerda, nos paramos a charlar, contemplar y hacer ganas para bajar el mismo esbarre de la subida. Yo me preparé un bocadillo que se me olvidó allí. Sin duda se lo comió la serpiente. Y bajamos, amoldaditos a la casi vertical, a la mezcla de tierra y pedruscos. Ah!, pero al llegar abajo, Rafa nos colocó en un ameno prado-comedor, de los de música de arroyo, sol o sombra a elegir, y hierba para mullir.
A mí me alimentaron generosamente los demás, y hasta sobró. Gracias.

En esas se oyeron unos truenos, pero va Rafa y les lanza un sortilegio, acierta, y se va la tormenta, al más allá, a Villavieja del Lozoya lo menos. Y nos fuimos dando cuenta de que nos quedaba por delante medio día de disfrute, de que el abedular nos esperaba, de que estábamos de suerte, y de lo que se estaban perdiendo los que no habían venido. A las cuatro de la tarde tomamos de nuevo la pista que corre paralela a la cuerda y al cielo, y anduvimos algunos kilómetros hacia el sur, buscando un camino que nos bajase a la Dehesa Boyal y al valle de los abedules. Entre indecible sufrimiento llegamos a un punto con bosque de pinos a la derecha, que Rosa y Rafa recordaban practicable para bajar, y allá fuimos. Nos arriesgamos a bajar por ese bosque limpio, pisando mullido, esquivando flores protegidas, nacederos, prados chop-chop, senderuelas y champiñones. Y en esas, zas!, el primer abedul…Jose Antonio ahora iba siempre detrás, disparando fotos que ya quisiera yo ver, ojo asombrado, mirada cautivada; Mamen, tan ligera, iba parándose a no-me-lo-creo esto es un roble, y aquellos fresnos y todos esos abedules, y esos, acebos.

Le echamos aún más valor, sorteamos el follaje y la espesura, huimos de vacas que comían hoja tierna de roble, y por fín llegamos a un mirador, donde merendamos, y después de merendar, a un río, que no se podía cruzar, y sí se había podido en invierno. ¿Vadear?, no!, adentro, fuera botas, arriba pantalones, al agua, y qué placer.

Después del río seguía y seguía este valle del deleite, ahora con otra variante, con un techo de avellanos, que, ay que pena, no nos dejaban ver los abedules. Algo después, nuestra Rosa andaba literalmente entre rosales cuajados de rositas, puro retruécano ¿verdad?, pues iba tan natural, como quien sabe que eso es lo suyo.

Llegamos al Puerto a las 8.30 pm, tras 500 mts de asfalto. Pasamos por delante de la casa en que “se alojó” Napoleón cuando se nos venía encima, y por delante de un viejo restaurante-del-puerto ya cerrado. Veníamos cansados y seguíamos asombrados. Nos tomamos el agua, el té, el Cola Cao, la clara. Y como ya se sabe que después del paraíso todo está por empezar, se concluye que, naturalmente, somos unos chavales.


Fotografías por cortesía de José Antonio Espí
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Gracias a Miguel Angel por los datos técnicos. Su gps Garmin dijo que desnivel 721m, y que anduvimos 19,4 km, durante 6 horas. El resto de las horas, cuatro, ¿qué hicimos?

Susana

Clifford

Clifford decidió, después de olfatearnos detenidamente, que éramos de fiar y por tanto podía incorporarse a la excursión sin preguntar si era aceptado. No era su intención gorronear comida o caricias, como quedó demostrado al despreciar los chuscos que se le arrojaron. Se apuntaba porque le apetecía dar un paseo antes de la lluvia.

El camino nos era conocido, aunque esta vez el exceso de verde estaba acompañado por el tomillo y cantueso en flor, y los boletus de primavera. El GR88 nos transportó en 2 horas al Collado de las Palomas, donde al tiempo que tomábamos el aperitivo acordábamos la escisión ante las prisas de unos y la prevención a la lluvia de otros. Así, mientras el grupo A se volvía a La Puebla por la clásica pista de “La Clásica”, el grupo B decidía continuar hacia los objetivos iniciales. Clifford se afanaba a hurgar en las guaridas de topos y ratones antes de unirse, sin dudarlo, al grupo A.

El medio grupo que empapado llegó en primer lugar a La Puebla decidió ir a por el menú del día de 12 €, que el de 22 € queda para épocas de largueza.

A mitad de comida, se presentan los del B, convencidos de que el día no estaba para las trepadas de Torneras y Centeneras. A los postres, compartimos la exquisita tarta de Mamen.

A las puertas del bar, Clifford se divertía jugueteando con los críos del lugar. No nos dijo nada, pero se le notaba agradecido.


Fotografías por cortesía de José Antonio Espí
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Datos de la marcha:

Fecha: 12 de junio de 2010
Recorrido: La Puebla de la Sierra, Corrales del Zahurdón, Lomas del Estillo, Collado de las Palomas, pista forestal y La Puebla. Variante: por la cuerda de La Tornera, y bajada a La Puebla (prácticamente el mismo desnivel y distancia). Total: 12 km
Participantes: Grupo A: Rosa, Rafa, Vicky, Guida, Maxi, Miguel Ángel, María Mabu y Carlos y Clifford el chucho; Grupo B: Mateo, Luz, Fidel, Juana, José Antonio, Mamen, Rogelio y José Fernández.
Desnivel: 600 m
Duración: 4 horas


Carlos

Las sorpresas de un día en La Peñota

Lo escribiré antes de que a todos se nos pase el sábado de San Juan. Rafa y yo, cuidadosamente, habíamos preparado la excursión pensando en todos los detalles. A saber: corta y cercana a Madrid y, encima, atractiva. Yo la tenía cuidadosamente reservada para un acontecimiento como este. Además, en gran parte nueva, no innovadora, porque subir a La Peñota desde El Espinar era un trayecto obligado en rutas mucho más largas, pero nosotros nunca lo habíamos elegido. Pura casualidad.

El día casi perfecto. En medio del caprichoso clima que nos envuelve desde que hace años nos convencieron que íbamos derechos a la desertización sin remedio, ahora, este año, no cesa de llover y hacer frío. Tal era el escenario para que apareciéramos nosotros primero (José Antonio y Juana) y Rosa y Rafa después, Fidel y Luz, Carlos y Magu, Javier (Seijas), Susanita y Luis al final. Era el día de la noche de San Juan y el personal estaba perezoso o no quería correr riesgos.

No salimos tarde. Nada presagiaba lo que instantes después iba a suceder. Lo narro en plan periodístico, neutral, sin tomar partido, como debe ser la función de un cronista. Estábamos esperando entrar en el parque de la Panera, asi se llama el maravilloso lugar que en realidad se denomina Valle del río Moros (sin gente claro está, ya que atestado, ni valle, ni río, ni niño muerto, tal como lo apreciamos al salir). Pues cuando nos dimos cuenta, estábamos haciendo cola en la entrada del parque. Carlos y Luis delante y Javier, Rafa, Fidel y yo mismo cerrábamos la comitiva. Pues aquello no se movía. Oímos gritos y vimos a los responsables de los citados vehículos gritar levantando las manos: ¡Que disparate! ¡Qué estafa!, ¡Cuatro euros…. !!!. Rápidamente caí de la caballería. Nos estaban tratando de hacer una contribución al alivio del agujero autonómico. Instrucciones de la Consejera de Hacienda de la Junta. Era algo así.

Un santo y grueso varón con un talonario en la mano lo blandía como si de las tablas de la ley se tratase. Rafa y Fidel, e incluso Javier chillaban a la chica acompañante, de luto y algo pasada de kilos, que respondía de manera airada. ¡Pues llamo a la Guardia Civil! ¡Pero quiten los coches! Era verdad. Ya se amontonaban varios vehículos e incluso llegaba un autobús cargado de domingueros y se unía al pelotón de los silenciosos. ¡Sino pagan váyanse, tenemos autorización de la Junta!!! Y enseñaba una desgastada fotocopia con el escudo de la misma, pero yo, queriendo terciar un poco, se la pedía. ¡Pues no meda la gana! Vociferaba el maestro de una dialéctica de pocos argumentos. ¡Pues den la vuelta y váyanse! Se oía a la chica que, de repente, empieza a cambiar su tono de vociferante a… Bueno, oigánlo ustedes: Cabr.nnn., Capullo, Gilippppp, habráse visto….Yo, una vez más, de manera independiente y alejada me atreví a decirle: Señorita… no se debe faltar a nadie y menos insultar…. ¡Gilipolll.. es él (Javier….), el que me ha insultado, me ha llamado Tontinaaa!!!. Bueno, aquí hago un corto respiro porque, en un afán de averiguar la verdad de las cosas (periodismo de investigación, claro está) lo comenté con el género opuesto y me llevé una sorpresa grandiosa: pues sí, es un insulto verdaderamente machista, Tontina, suena a prepotencia masculina, hubiera sido mejor que contestase con otro Gilippp. Es más digno. Nunca paro de asombrarme de la complejidad humana. He aprendido. Cuando se quiera ofender a una mujer nada de dulzuras llenas de medias palabras, se agradecen los sonidos fuertes, repletos de carga sin ofensas: Hija de…, So Zorrr.., Mal Nacida… Eso, eso está libre de afecciones machistas con triple intención.

En fin, cargados de experiencias adquirida en pocos (bueno, yo calculo que veinte minutos), llenaron los devaneos dialécticos hasta que todo el grupo, menos Carlos, Magu y Luis que habían tenido la suerte de los templados y habían pasado al sagrado recinto del Río Moros en los primeros momentos del drama, accedimos en santa comunión a la solución de agruparnos en dos coches y, al menos, que la honra quedase un tanto a salvo. Así lo hicimos y, después de aparcar los vehículos a medio kilómetro de la puerta, volvimos con los 4,5€ en la mano para recibir de la indignada pareja una amarillenta factura que nos daba derecho a entrar, solazarnos, aparcar y qué se yo de cosas inimaginables. El hombre, todavía afectado, no me dejaba marchar: ahí tiene el NIF, yo tengo mis derechos, todo el mundo paga, hasta a los vecinos les hemos tenido que cobrar. Todavía se oían las excusas cuando alejándonos nos introducimos en el aparcamiento.

El episodio nos había consumido más de media hora y Carlos, Magu y Luis se habían marchado, inconscientes del drama del que minutos antes se habían librado.

Bueno, el camino, suave al principio, lleno de bosques y prados era una delicia. Después, enfrentados con la realidad de subir al collado, la ancha senda se tornaba en un cortafuegos muy pendiente, pero el ansia de recuperar el humor puesto en duda, nos permitió coronarlo con paciencia y, después, ya en la preciosa cuerda de La Peñota, siempre vigilados por las dos torres de granito y ya en estrecha vereda, nos codujo a la divisoria entre ambas, en donde aparecieron los tres escapados. Carlos y Magu, con prisas, desaparecieron sendero abajo y Luis, tuvo la atención de acompañarnos y coronar por segunda vez La Peñota verdadera.

Comimos en la bajada, ya en los pinos, como siempre y, por vez primera en larguísimos meses, hubo siesta al sol y sombra, con una brisa fría de comienzos de una primavera que se acaba. Después, la bajada tranquila y conversadora. Siempre lo hacemos así. Es lo natural. Las obligaciones de la noche evitaron la tertulia en el café y, a media tarde de verano, llegábamos a Madrid.


Fotografías de José Antonio Espí y Julio Caro
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¿Quién dijo que las marchas de hoy no poseen las emociones de antes?

José Antonio

Crónica retrasada sobre nuestra Pasabán

Esta crónica pretende remediar una injusticia al comprobar que
pasa el tiempo sin mención a la hazaña de nuestra Belén Pasabán, que el pasado 29 de mayo coronó, en compañía de José Antonio, el Tres Provincias.

Salimos de las dehesas de Cerezo de Abajo y sin abandonar el GR88 alcanzamos el collado del Reajo del Puerto poco antes de las 14 horas. Casi todos culminamos aquí la ascensión y por tanto decidimos ir en busca de una pradera, atisbada en la subida, sorprendidos y admirados de que Belén hubiera decidido tirar parriba acompañando a José Antonio.

Después de tres horas de solaz en la pradera glacial al pie del Tres Provincias nos reencontramos con los dos aguerridos, orgullosos de su proeza. Comida rápida de los héroes y regreso relajado primero por el cauce del arroyo y después por la pista que nos condujo al encuentro del GR88.

Con unas cervezas en el bar de Prádena celebramos el próximo cumple de Roberto.

Datos de la marcha

Fecha: 29 de mayo de2010
Recorrido: Matallana (próximo al parque de las Dehesas de Cerezo de Abajo), GR 88 hasta el Collado del Reajo, pradera glacial al pie del Tres Provincias, GR 88 y Matallana.
Distancia: 17 km (19,5 Belén y José Antonio)
Desnivel: 700 m (950m Belén y José Antonio)
Tiempo: 8 ½ (3h para la comida)
Partcipantes: Belén, José Antonio, Susana, Miguel Ángel, Mateo, Rosa, Rafa, Vicky, Monique, Robert, Mabu y Carlos

Carlos

Cumbres Berrocosas

(o crónica de una marcha sangrienta)

Llega ya esta crónica, un poco tardía ella, sobre el berrocoso periplo del sábado día 5 de junio.

Salimos todos desde Alameda sobre las 11. Como otras veces, caminamos un trecho urbano, cruzando la carretera que viene de Lozoya y tras atravesarla, emprendimos poco a poco una muy suave ascensión, que luego nos llevaría por una pista que atravesaba una zona boscosa de pinos, tras la cual, aparecía el monte bajo característico de las zonas mas elevadas del monte.

El día era de sol de justicia, como alguien se aventuró a decir. Justicia, como la que padecían los desventurados que en épocas pasadas eran atados al pincho de piedra que todavía hoy engalana las plazas de algunos pueblos.

El monte bajo resultó ser en esta marcha, especialmente fatigoso. Ya en los inicios, algunos de nosotros se dieron la vuelta. El resto, continuamos hasta alcanzar el puerto de Malagosto, donde aun hoy día habita la moza serrana de merecida e inquietante fama. Sus insidias en este caso, quizás por celos, no se cebaron en los varones que formaban parte de la expedición, sino en las dos únicas mujeres que seguían en el grupo. En efecto, al mismo tiempo y en el mismo puerto de Malagosto, Rosa tropezaba y casi caía de mala manera sobre las piedras de la valla que marca la muga entre municipios y Luz metía una pierna en el paso canadiense ubicado en el mismo punto. Ambos sucesos, afortunadamente, sin graves consecuencias para ninguna de ellas. Otro suceso importante para ser recordado por el grupo.

Tras un breve descanso, y tras leer la inscripción sobre la piedra del puerto (ver foto), seguimos cuerdeando hacia el Berrocoso y Hoyo Cerrado. Esta ascensión, que algunos pensábamos que iba a ser fácil, fue más pesada de lo previsto, como ya nos había advertido Rosa, aunque nos, incrédulos, no la habíamos dado crédito. Una vez en el berroqueño Berrocoso, comenzó la parte exploratoria de la marcha. Descendimos por un angosto y vertiginoso corredor, que puso a prueba nuestro equilibrio y sentido de la supervivencia y autoconservación.

Al fin, nos encontrábamos en un glaciar y en la pradera que albergaba, al lado de un idílico manantial donde pusimos las bebidas al fresco, comimos e incluso alguien se echó una breve siesta, mientras contemplábamos las capras hispánicas saltando entre las rocas.

Emprendimos después el descenso y ahí comenzó la parte más sangrienta de la marcha. Porque sí, hubo sangre derramada de un hidalgo burgalés (ver foto), que se dejó parte de la piel entre la fraga del monte bajo y espinoso que hubimos de atravesar, durante unas dos horas de odisea por entre correderas de alimañas, hasta que alcanzamos una senda merecedora de tal nombre.

En un descanso, tuvimos la fortuna de encontrarnos con un joven lugareño que iba con su perro- resulto ser el pastor de las vacas que veníamos viendo durante el camino-, algunas con sus correspondientes terneros. Nos condujo hacia una fuente, donde repusimos líquido y continuamos ya un cómodo descenso de nuevo, hacia Alameda. Ahí cayeron varias cervezas, claras y coca colas. Y “Fin” de una épica y auténtica aventura equinoccial, casi como la de Lope de Aguirre, esta vez sin indios (?).

Datos de la marcha

Fecha:5 de junio de 2010
Recorrido:Circular
Itinerario:Alameda del Valle - Pto. de Malagosto - Hoyo Berrocoso - Arroyo del Hoyo Cerrado - Alameda del Valle
Distancia:22 Km
Ascensión:1250 m acumulados
Duración:8h
Participantes:Jose Antonio, Rafa (el hidalgo burgalés herido durante la marcha), Rosa, Jose, Pepe, Rogelio, Jose Mari, Gema, Carmen, Luz y Fidel

Fidel

Hoyo Berrocoso, sin crónica pero ilustrada

He recibido las fotos de la marcha del pasado sábado y aquí las cuelgo para general disfrute.


Fotografías de José Antonio Espí
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Agua no hay
Autor Javier Seijas

Pan para caballos
Autor Javier Seijas

Saludos

Yo continúo a lo mío

Me cuentan los que ayer estuvieron en la marcha oficial, la del Hoyo Berrocoso, que fue de las matadoras, que pasaron calor para aburrir y que los que la completaron se llevaron a casa una buena tunda. Esperaremos a la crónica oficial para conocer los detalles.

Por nuestra parte, continuando con la preparación y en contra de la opinión de mi médico, nos dirigimos de nuevo al Alto del León. Si la semana pasada recorrimos el GR.10 en dirección a Navacerrada, hasta La Peñota, esta vez lo tomamos en dirección opuesta, hacia El Escorial. Lo cierto es que escogí la ruta porque en apariencia tenía menos desnivel, pero no fue así, al final nos dimos una pequeña palicita, señal de que esto va a mejor y que el cuerpo poco a poco nos va pidiendo más marcha.

Después de embadurnarnos con crema protectora nos pusimos en marcha con un sol a ratos inclemente. Nos salvó el que buena parte de la jornada las nubes lo ocultaban y que en la cuerda soplaba una brisa reponedora.

EL monte continúa precioso, en todo su esplendor, verde y tapizado de flores. Nos encontramos poca gente a pesar de creer que la ruta era de las muy concurridas. Las vistas eran espléndidas, sobre todo desde el mirador de Cabeza Líjar donde nos detuvimos un rato, tanto a la ida como a la vuelta, para disfrutarlas.

Salvo un pequeño despiste motivado por aquellos que obedeciendo a no sé qué oculto interés se dedican a colocar montoncitos de piedras que no llevan a ninguna parte, y como vamos a buen paso, deteniéndonos lo imprescindible, no eran aún las cinco de la tarde cuando después de asearnos nos tomábamos unas birritas para rehidratarnos antes del regreso. Una gozada de jornada.

Datos de la marcha

Fecha:5 de junio de 2010
Recorrido:Lineal, ida y vuelta
Itinerario:Alto del León - Cerro de la Gamonosa - Collado de la Gasca - Cabeza Líjar - Collado de la Mina - Cerro de la Salamanca - Risco del Palanco
Distancia:15 Km
Ascensión:750 m acumulados
Duración:6h
Participantes:Begoña y yo
Antecedentes:15/09/2007 ver reseña

Un abrazo a todos