Los milagros de San Vicente en Braojos

Tras las lluvias y nieves del año, el portento acuático luce más espectacular que nunca........

Hola Susana: Muy adecuada tu crónica del otro día, pero a Burgos nos parece que, en lo que toca a lo acontecido a la vera de la acequia, quizás está relatado con un cierto escepticismo ajeno a su portentosa majestuosidad.

Por eso, hemos querido traer aquí este addendum para poner las cosas en su sitio, todo ello refrendado con abundante documento gráfico, que acredita lo que ya es un clamor en todas las promociones de geólogos del mundo: Que el agua, por razones que todavía desconocemos en profundidad, y venciendo la ley de la gravedad, remonta al menos 5 metros.

Ya sabemos que los científicos son un poco reacios a aceptar estas cosas, que resuelven con un displicente “bah, un efecto óptico, quiá, es una tontería …”. Todo por no aceptar lo que es evidente y palmario, ¡que estamos ante un milagro! Sí, porque nosotros aceptamos la no creencia en Dios, pero lo que no podemos aceptar sin más es que no se crea en los milagros, especialmente en los milagros de los santos.













Y la prueba son las continuas peregrinaciones que últimamente está recibiendo el portento, ¿están todos equivocados? De hecho, quienes se mojaron de nuestro grupo, Gema (que tomó la impresionante foto que encabeza este reportaje) , Vicky, Luz y demás, se hacen lenguas de lo que vieron al despertar al día siguiente.…, esa uña curada…, esas arterias rejuvenecidas…, esos pies planos puestos rectos … ¡impresionante!

Este es el resumen al que ha llegado Burgos tras dedicar al asunto largas horas: “Que estamos ante un milagro de San Vicente”.

El otro milagro que practicó el santo es que la iglesia permanezca casi igual que cuando se creó hace unos siglos, que no sufriera en el avance de Napoleón desde París a Madrid (como un precioso monasterio en Aranda, las ermitas de Somosierra y Buitrago …) en noviembre del 1808 y, sobre todo, que San Vicente la salvase de las iras de la última guerra civil -debió ser la única de la sierra salvada de la quema. Por cierto, adjuntamos una impagable narración de esa guerra, de Anastasio (Braojos,1912): http://www.entresiglos.es/separata3.pdf

Esa gran iglesia de Braojos, que Mar nos enseñó con cariño, en especial su parte favorita, el Retablo de Gregorio Hernández, por cierto casado con una braojana. ¡LARGA VIDA AL PORTENTO!












LAS COPLAS DEL PORTENTO

!Oh portento de Braojos!,
que nos hace hincar de hinojos
cuando en la dura jornada
vamos a Peña Quemada.

Qué tendrá el pequeño arroyo,
para nadie es cosa fatua,
crea o no crea en prodigios,
bendita o no sea su agua!.

¿Sube o baja la jodía
cuando viene del molino?,
¡lo difícil que es saltarla
pa el galán (gañán) y pa el pollino!.
(según proceda)

“Ni con nivel de burbuja,
ni con buen teodolito,
hasta el más docto ingeniero,
acierta si sube o baja”.

Aunque la razón más fría
quiera robarte la magia,
esta acequia de Braojos
es la niña de mis ojos.

A CORO:
¡Oh portento prodigioso,
oh prodigio portentoso,
ante un arroyo tan sabio,
postrarnos hemos de hinojos!.
(Cancionero Burgalés-del Monte)

Javier y Fidel

El Cerro Santuil, de punta en blanco

Marcha del 20 febrero 2010
Llegamos 19 a Braojos, con una predicción de nevadas de un 80%, un plan de llegar a Peña Quemada, y una visita concertada a la Iglesia de San Vicente (mártir). No nevó, llegamos al Cerro Santuil, y raptamos un poquito a la guía concertada.

La visita concertada fue todo un éxito. La iglesia era del XVI, su torre una defensa del XIV, la guía un encanto, las tablillas de Pedro Berrugete el Viejo y algún retablo barroco, dignos de ver; la escalera de caracol a la torre buen desayuno montañero, la virgen del Buen Suceso fue esculpida en el siglo XII, y el jardín tenía piedras de otra zona, jefe dixit. Los de Burgos y alguno más tentaron a la guía con lo de “¿conoces esa acequia prodigiosa-portentosa que corre por tu pueblo?”. Ella dijo que no, y como era muy lista, se vino con nosotros.

Salimos del pueblo, pasamos bajo un túnel, y tomamos el antiguo camino de Arcones. Y le enseñamos a la guía nuestra acequia vacilona: “mira, mira, a partir del Molino, corre hacia arriba”. Tras las risas, sensata, nos despidió, mientras dos burgaleses, dos, adoraban al prodigio portentoso como es debido.

Poco a poco llegó el bosque, y la nieve en el suelo. El día seguía perfecto, nublado, bonito, luminoso, frío pero calmo. Virgensita, virgensita, que se quede así, y se quedó. Un buen suceso.

Los cacahuetes cayeron en un refugio, que no calentaba nada pero era bonito. A partir de allí, subida en paralelo a pistas o cortafuegos, y la nieve aumentando en el suelo. Los árboles empezaron a volverse azules y la nieve a profundizar, más y más en polvo. Segundo refugio, éste de piedra, con chimenea externa, pero cerrado a cal y canto. Aquí los 17 menguaron un poco. Ahora volvemos, vamos a subir algo más.

Y así seguimos, y cada vez más nieve, y cada vez más honda. El paisaje blanqueaba. El grupo andaba a rodilla oculta, sacando la pierna desde más abajo a cada paso. Una iba en raquetas y no se hundía, así cualquiera. Y cada vez más vista y cada vez más bello el invierno. Un prodigio. Bien pasada la hora de comer aquello era un Cerro. El Santuil. Lo de qué maravilla y qué bonito se hizo clamor. Véanse fotos. Seguramente había un metro de nieve, y seguro, seguro, que aquellos gigantes blancos, con todas las curvas del cosmos, eran árboles. Un portento.

Al poco, fuimos bajando más o menos por nuestras huellas, hasta llegar al primer refugio, donde encontramos al resto del grupo. Algunos comimos fuera, al calor de la luz. Pero nos jugamos la vida, cada pajita de la techumbre bajo la que estábamos era un carámbano, bien afilado. Si llega a desprenderse uno, nos habría dejado la cabeza como moneda de dos reales. Pero no. Tocaba buen suceso.

Llegamos a la salida del bosque por el otro lado del arroyo y de la acequia. Ambos bajaban, o subían, con un lujo de caudal. Y a cruzar toca. Hubo quienes saltaron, hubo quienes chapotearon y hubo quien anduvo por las aguas. Quien tiene arte va por toda parte. Llegamos al pueblo antes de irse el sol, apacibles o quizá eufóricos, y nos dijimos hasta luego, tras el té, la coca-cola, y el cola-cao.

Fotos de la jornada

Fotografías por cortesía de Mabu Arranz

Fotografías por cortesía de Javier Seijas

Datos de la marcha

Fecha:20 de febrero de 2010
Recorrido:Lineal, ida y vuelta
Itinerario:Braojos - Molino del Vadillo - Cerro Santuil
Distancia:12 Km
Ascensión:700 m acumulados
Duración:6h
Participantes:Carlos, Fidel, Gema, Javier Seijas, José Antonio, José Fdez., Jose Mari, Juana, Luz, Mabu, Mamen, María, Miguel Ángel, Pepe, Rafa, Rogelio, Rosa, Susana y Viqui
Antecedentes:4/04/09 ver reseña
27/12/08 ver reseña
8/12/07 ver reseña, ver otra


Susana

Encerrados en el monte

Marcha del sábado 13 de febrero de 2010
Al recibir la convocatoria, sonándome la marcha seleccionada por Rafa y José Antonio, me puse a buscar en mis archivos y encontré un PowerPoint de los que enviaba para compartir con los compañeros antes de utilizar "la nube".

Después de volver a vivir a través de sus fotos aquella marcha del 21 de abril de 2007, recordé que fue larguísima así que pensé: o han cambiado de itinerario o están rematadamente locos, porque con lo larga que fue, con nieve y con el frío que se anunciaba que íbamos a pasar, ni de coña la cumpliríamos.

Y sin lugar a dudas el sábado fue el día más frío en el que nos hemos topado hasta ahora. De hecho, cuando cogíamos el coche, y más tarde, a punto de llegar al lugar de encuentro, Begoña y yo estuvimos en un tris de darnos la vuelta para dedicar el sábado a tareas más culturales o domésticas, pues no es que el tiempo sobre.

Pero una vez que llegas al punto de reunión y te encuentras con los amigos, renuncias a tus ganas de darte el piro y te dejas llevar por la corriente. Porque anda que no es triste sentir frío y no tener a nadie con quien compartirlo, con quien comentarlo, con quien quejarse. No obstante, pensábamos no hacerla completa si el plan era hacer el mismo recorrido de hace tres años.

Iniciamos la marcha faltando 10 minutos para las 11 de la mañana. Salimos desde la estación de ferrocarril de Otero de Herreros, pero esta vez, en lugar de avanzar por las vías como hicimos en la anterior, las cruzamos para adentrarnos en la dehesa en dirección a la cuerda, lo que suponía mayor esfuerzo pero un buen atajo.

El frío era intensísimo y según nos acercábamos a la cuerda más, por el viento y por la niebla, porque de despejar, como le aseguró un pastor del pueblo a José Antonio, na’de’na. Además nos encontramos con un impedimento que no recordábamos de la marcha anterior y constituyó un serio latazo e incluso nos hizo equivocarnos posteriormente dando al traste con la marcha.

El impedimento consistió en una alta valla metálica, de reciente montaje a juzgar por su buen estado general, instalada con el propósito de impedir a los animales salir del coto de caza. Claro está que a nosotros también nos imposibilitaba pasar al otro lado, lo que nos obligó a ir a través del matorral sin poder pisar la pista que discurría paralela a la verja.

Cuando el monte más se enmarañó, coincidiendo con el peor momento de frío (-7º C según los instrumentos consultados), decidimos que había que pasar al otro lado a cualquier precio, así que aprovechamos un pequeño resquicio por el que pudimos pasar, contorsionándonos un poco eso sí. Y maravilla de las maravillas, comprobar con deleite cómo en la pista hacía menos frío que en el otro lado ¿sería la verja que nos protegía del viento?

El caso es que de mejor ánimo continuamos la ascensión al pico Quintanar donde a pesar de no sobrepasar los 2000 m entonamos el tintirinti, a capella como solemos hacer en estas ocasiones. Después de dialogar sobre los planes de marcha, viéndose claro que no podríamos llegar al Puerto del Pasapán como era nuestro objetivo, decidimos continuar por la cuerda en busca de un cortafuegos que nos acortara el camino de regreso.

Y llegamos al punto de confusión. La pista discurría como se ha dicho paralela a la verja y de repente esta hacía un ángulo de 90?. Preguntamos los que íbamos en cabeza, nos indicaron que continuáramos, que íbamos bien, que aún faltaba un trecho para el cortafuegos. Y aquello se puso a bajar, y bajar, y la orientación contraria a donde debíamos de ir, hasta que cundió el mosqueo: parada, consulta de mapas y GPS y grito de ¡eh! Los de delante que suban, que hay que volver a la cuerda ... MCGNLLCHHYQJDRSLHSTPT!!!

Así pues, llegados de nuevo a la cuerda estábamos ya de un humor que ni cortafuegos ni nada, por la pista de regreso al pueblo a tomarnos un Cola-Cao calentito. Y eso hicimos, desandamos la pista hasta que encontramos un sitio que nos permitiera comer lo más rápido posible y después descendimos hasta el Collado Mayor donde volvimos a traspasar la verja como pudimos aún a costa de hacer sufrir algún lumbago que otro.

Fotos de la jornada


Fotografías por cortesía de Javier Seijas

Fotos de 2007



Datos de la marcha

Fecha:13 de febrero de 2010
Recorrido:Lineal, ida y vuelta
Itinerario:Estación de Otero de Herreros - Collado Mayor - Pico Quintanar - Barranco de las Chorrancas
Distancia:12 Km
Ascensión:923 m acumulados
Duración:6h 15'
Participantes:Belén, Carmen, Fidel, Gema, Javier, José Antonio, Jose Mari, Juana, Luz, Marta, Mateo, Pepe, Rafa, Rosa, Susana, Begoña y yo
Antecentes:21/04/2007

Después de lo pasado con la dichosa verja podemos concluir que: a) la verja figura en el mapa de la zona de forma clara, b) produce una cierta sensación de encarcelamiento, c) seguramente que los dos tramos que encontramos tumbados lo fueron intencionadamente por montañeros que se vieron encerrados y d) no hay cortafuegos por la zona.

Un viento del carajo

Marcha del sábado 6 de febrero de 2010
Esto es increíble. A pesar de organizar la marcha en casadios, de donde no iban a desparecer las nubes en todo el fin de semana, el sábado se presentó en Montejo de la Sierra casi todo el personal activo del grupo. Y es que en estos meses de frío, rebajas y cuestas de enero y febrero, la gente prefiere pasar el rato en el monte, donde conversación y ganas de meterse con el líder no faltan.

Después de tomar el consabido café en el bar de costumbre, pusimos en marcha la caravana con destino a las puertas mismas del Hayedo de Montejo. Tras cambiarnos, subimos la cuestecilla que nos deja en el GR.88, esa que de inicio te hace pensar ¡Ya empezamos! La GR como siempre, ascendente sin exigencia. Cogimos bien la primera bifurcación pero al llegar a la segunda hubo división de opiniones. Los de cabeza enfilaban por el valle, por la ruta larga. Otros queríamos entrar cuanto antes en faena y atacar las empinadas rampas que en un rato te llevan al Collado del Santuy, bueno así lo llamamos nosotros porque el collado en cuestión no tiene nombre. Salvo los de cabeza que protestaron un poco por tener que desandar lo andado, el resto asumió deportivamente que cuanto antes mejor. Que con el frío que hacía era preferible entrar pronto en calor.

Pronto apareció la nieve y el hielo. Pero lo peor sin duda era el viento del oeste que nos azotaba de lo lindo. Máxime cuando dejamos la pista y tomamos un atajo por la cuerda. Sólo se nos ocurre a nosotros. Mientras caminábamos entre pinos la cosa era llevadera. A pesar de ello hubimos de calzarnos la capucha del cortavientos pues las orejas cantaban que se las pelaban. Lo peor fue cuando se acabaron los pinos y subimos al descubierto. El viento a veces te tiraba.

Al llegar a las proximidades del citado collado nos asambleamos para decidir qué camino tomar. Hubo quien a pesar de los pesares quería continuar. Otros nos figurábamos la subida por pista hasta el Cerrón con viento lateral. Además, a la altura que estábamos era patente que la niebla no nos dejaría llegar a la cima o, en caso de llegar, no ver nada que es lo mismo. Al final imperó el sentido común y decidimos descender a El Cardoso de la Sierra para comer a cobijo.

La bajada por pista era aburrida y pasando frío. Algunos calentamos el ambiente abandonando la pista y descendiendo monte a través. Ventajas que vimos: no había barro, pues la pista estaba guapa, que lo empinado del descenso te hacía entrar en calor y que se acorta. Desventajas: los cuádriceps sufren y que te puedes desorientar y salir en el quinto pino.

Ufanos llegamos al pueblo pero enseguida se nos quedó la cara de lelos al contemplar al otro grupo, los que bajaron por pista, allí sentaditos esperándonos. Según ellos hacía veinte minutos. Ya sería menos pero qué carita se nos quedó.

Después de ojear y olisquear en el bar de Doña Gabina y de comprobar que el otro bar existente en el pueblo estaba cerrado, decidimos comer en el atrio de la iglesia, a cubierto pero al aire libre, sin ruidos ni olores que nos perturbaran.

A pesar de todo, después de comer, es tanto el cariño que se le tiene a Doña Gabina que los de Burgos se fueron a darle palique y a tomarse el cafelito. El resto emprendimos pronta marcha por el GR.88 al Hayedo de Montejo distante 3 Km, el café nos lo tomamos en Prádena del Rincón, y tan a gusto.

Que no se me olvide destacar el comprimiso de Javier con el medio ambiente que tras serle premiado por la Federación Madrileña de Montaña renueva cada fín de semana. En esta, el tío se bajó al hombro una batería de coche durante no menos de kilómetro y medio. Todo un ejemplo que no sé si seguiremos porque una bolsa de pañuelos vale pero una batería...


Fotos de la jornada



Datos de la marcha

Fecha:6 de febrero de 2010
Recorrido:Circular
Itinerario:Hayedo de Montejo - Collado del Santuy - El Cardoso de la Sierra - GR.88 - Hayedo de Montejo
Distancia:12 Km
Ascensión:815 m acumulados
Duración:6h 15'
Participantes:Carlos, Carmen, Fidel, Gema, Javier, Jose, José Antonio, Jose Mari, Mabu, María, Marta, Mateo, Pepe, Rafa, Rosa, Begoña y yo
Antecedentes:28/02/09 ver reseña
18/10/08 ver reseña

Ya queda menos para el sábado y para los brotes verdes.   ^ ^

Frío en Horcajuelo

Marcha del sábado 30 de enero de 2010
A las 10 horas, fuimos llegando a Horcajuelo. Nos tomamos un café en el bar de la calleja, al lado de la iglesia, ahora regentado por un ucraniano.

Sobre las 11 menos cuarto salimos por la pista que se coge casi desde el mismo pueblo, en una perpendicular a la carretera principal que le atraviesa. El camino transcurre con cierta monotonía por dicha pista, al principio casi con carácter de camino carretero, hasta que lo anima un poco un arroyo que debemos cruzar y que normalmente discurre bajo el camino, pero que en este caso lo inundaba.
Gracias a la vista, no sé si de Jose o de José Antonio, que se da cuenta que antes, en un vallecillo hay otro puente, podemos pasar dicho arroyo llamado "de la Garita" sin mayores problemas, pues si no nos hubiéramos visto obligados a mojar bota desde el inicio.

La pista avanza y el frío se va haciendo más intenso, y como la pista da vueltas y vueltas, decidimos atajar a través de un bonito bosque de pinos. El paso a su través es anárquico y tras unos doscientos metros de subida, nos situamos de nuevo en la pista, ahora ya con nieve. Falta José Antonio, que había tomado un atajo mas atajo y por ello más pendiente y aparece un poco más arriba. Todos reunidos, seguimos sobre nieve dura y fácil, de andar.

A la derecha de la pista, debe estar el Cerro Cerezo, pero la niebla, o mejor, las nubes bajas lo impiden ver. Entonces toma la cabeza Mateo, que hoy, como muchos días, viene sembrao y da la vuelta un pequeño grupo, que nos dice al resto que nos esperarían para comer en una zona mas acogedora, sin nieve, monte abajo. A la sazón, Javier con Susana nos habían ya abandonado antes, ya que tenía ensayo del Mesías. Les decimos hasta luego y proseguimos comandados por Mateo hasta el Collado del Mosquito, justo antes de la subida final de unos 150 m hasta la cuerda del Corco. Hacía viento y una temperatura de unos 2 o 3 bajo cero. En ese punto, nos dimos la vuelta hasta llegar, entre 3 y 3 y media de la tarde al comedor que nos había preparado Rafa en un claro del bosque, donde de tiempo en tiempo las nubes dejaban pasar un rayo de sol.

Comimos rápido y reemprendimos el descenso. Sobre las 5 y poco estábamos ya en la taberna disfrutando de unas cervezas y tés, festejando el cumple de J.A. Una anécdota curiosa fue un grupo de caballos que se encapricharon de nosotros y no nos dejaban en la bajada. Hubo que tirarles piedras pues si no, bajan con nosotros hasta el pueblo. Tiempo: nuboso y con viento, pero sin nevada, para desencanto de algunos de Burgos.

Fotos


Fotografías por cortesía de Carmen Sousa

Participantes: Jose, José Antonio, Rosa, Rafa, Marta, Mateo, Pepe, Carmen, Belén, Rogelio, Fidel; Susana y Javier.

Un abrazo. Fidel.