Otoñal fin de semana

23 al 25 de octubre de 1009
Lo cierto es que cada estación tiene su encanto; esta vez el otoño nos maravilló en tierras de Palencia, tanto en las Fuentes Carrionas como en Tierra de Campos. La figura que otrora acuñara el grupo en visita riojana, “sinfonía cromática”, aunque es un término que aparece unas cincuenta mil veces en Google, se hizo patente en esta ocasión durante nuestra visita a los hayedos y riberas palentinos. Y la gente; cómo son las gentes de estas tierras: amables, pacientes con el visitante y siempre dispuestos a ayudar a que uno se sienta a gusto, como en casa.

El plan del fin de semana tenía dos objetivos concretos: ruta montañera el sábado y visita cultural el domingo; luego cada uno a su casa. Pero lo que figura entre medias, es decir, el reencuentro el viernes, las comidas en conjunto, el paseo adornado con tapeo por la villa, es lo que realmente te lo hace inolvidable; es lo que te une más al grupo; el resto, se anota en ese histórico interior que todos llevamos: “aquí estuve yo …” o “ya lo conozco …”.

Para la jornada montañera se pensó en andurriar por el valle de Tosande, con visita a su tejeda milenaria y, si se podía, subir a algún pico, en concreto al Peña Redonda. Se planificó así, descartando metas más elevadas como El Curavacas o El Espigüete, para conseguir una convocatoria masiva y a punto estuvimos de ser trece, pero diversas circunstancias de última hora redujeron la asistencia a diez, lo que no está nada mal.

El viernes nos saludó cubierto de nubes, lloviznaba a ratos aunque no molestaba, la temperatura era excelente para caminar. Nos empeñamos en ascender primero al Peña Redonda y dejar para la vuelta la ronda por la tejeda. Hubiera dado lo mismo que lo hiciéramos a la ida o la vuelta, las cumbres estaban emboinadas y no nos dejaron pasar de un collado al que llegamos sin saber si era el camino correcto, nos dejamos llevar por la intuición y tras los pasos de un grupo de jóvenes que nos sobrepasó llegando al final del valle.

Como no era prudente continuar por la cuerda, desorientados en cuanto al camino a seguir, sólo teniendo claro por dónde habíamos subido, decidimos descender al valle y acometer el siguiente objetivo, la tejeda. Antes aprovechamos para comer, sin sol pero al resguardo del viento y en mullido y seco pasto. Dimos cuenta de embutidos y chacinas, y nos abrigamos tres botellas de vino, que no está nada mal para una jornada deportiva; luego siestecita pues se estaba como dios.

Tras el reposo, la anarquía. Deseosos de empresas más arriesgadas que la de visitar un bosque de tejos por camino conocido, nos empeñamos en hacerlo al libre albedrío por sendero ganadero que al paso nos salió. Cuando fuimos conscientes, algunos, de en la que nos habíamos metido no había solución, porque una vez que ganas altura no te agrada bajar cota. así que no nos quedaba más remedio que seguir adelante sin importar los obstáculos en forma de barranquillos y peños que al paso nos salían.

Luego, cuando ingresamos en el hayedo, que en teoría era base de la tejeda, aquello era un caminar sin rumbo o por lo menos sin saber por dónde íbamos, ni cuánto nos quedaba. El resultado fue el fraccionamiento del grupo, éramos uno y nos convertimos en tres. Unos lo consiguieron, al final dieron con la tejera, otros nos contentamos con admirar los ejemplares sueltos y cogimos el camino directo al valle.

Unos llegamos antes al hotel, otros, como es lógico, más tarde, pero nos reunimos todos a cenar recién aseaditos y con ganas de dar cuenta de los manjares que nos tenían preparados en el hotel a base de ensaladas, vacuno a tuti plen y hongos recién recolectados. Luego, paseíto por la villa y a dormir que el día había sido intenso y teníamos que aprovechar la hora extraordinaria que el horario oficial esta vez nos regalaba.

Después de desayunar y apoquinar lo que nos pidió el hotel, excelente relación calidad/precio digamos de paso, nos dirigimos a visitar la Villa Romana de La Olmeda, en las cercanías de Saldaña. Tuvimos que esperar una hora por la aglomeración de visitantes pero aprovechamos para tomar un cafetito y caminar por los alrededores disfrutando de una temperatura excelente y un paisaje solitario y placentero.

La visita, dirigida por una guía muy profesional y simpática, mereció y mucho la pena. Era curioso cómo volteaba una acción devastadora y arruinadora de los habitantes que moraron en la hacienda romana que visitábamos haciéndonos ver su lado positivo, pues nos permitía admirar cosas que de otra forma hubieran pasado inadvertidas a nuestros ojos o a los de los arqueólogos.

Tras la visita a la villa romana nos dirigimos a Frómista con intención de visitar la iglesia de San Martín, joya románica archiconocida pero que aspirábamos a que esta vez nos la enseñaran y nos descubrieran sus secretos, las cosas que pasan desapercibidas para aquellos que, aún admirando su belleza, se quedan sólo con el cascarón. No hubo forma, llegamos diez minutos antes de que cerraran las puertas, así que, después de deambular por su interior y echar un vistazo rápido al exterior, nos dispusimos a comer.

El grupo, luego de comer, se fue a visitar la iglesia de San Juan de Baños, nosotros optamos, teniendo en cuenta que era domingo y los monumentos por lo general no abren, nos despedimos para regresar a Madrid.

Fotos del finde



67 Km de atasco para entrar en Madrid sirvieron de colofón, casi ná pal cuerpo.

Flecos del grupo asaltan la Peñota

Sábado 24 octubre
Unos poquitos (Rafa, Rosa, Vicky, Menchu, Pedro, y yo) salimos con bien de frío desde el Puerto del León, hacia el Alto de la Peñota. De camino hubo niebla, hasta las Rozas. Y después, sol, y nubes moviéndose, y viento, y aire fresco. Un día perfecto. Más aún: como Madrid y media meseta quedaban bajo la niebla, y nuestros ojos sobre ella, las vistas fueron siempre de todo blanco ahí abajo. Pero cuatro torres sobresalían!. Sí, esas, esas.

Casi todo el tiempo anduvimos sobre cuerda, que para tantos de nosotros es lo mejor, y entre pinos, de esos esculturales, bajitos, naranjas, fuertes, doblados…ya quisieran los de los bonsáis, nunca les saldrá algo tan bonito.

No había setas. Había caballos, blancos o negros, y un lugareño que aserraba troncos secos. El recorrido es una ola de subes y bajas, el último “sube”, todo en roca mojada, y deslizante, por ser Norte. Cinco seguimos a pesar de todo, mientras la tal Peñota se iba hacia atrás, se escondía y nos engañaba con otras cumbres que-aún-no-eran. Y en esas, nos quedamos perplejos ante un paso sin paso. Por aquí imposible, por ahí ni locos…un momento!...Rafa “vió” el pasar en chimenea, y así fue, la espalda en roca A y los pies en roca B, deslizando lateral, qué fácil!, qué divertido!, qué lance para-contar. Y aquí estamos, contándolo. Porfa, leedlo. Al llegar, claro, cantamos el Tin-ti-rí-tíii.

A la vuelta, justo anocheciendo, había hambre, cansera, placidez y acuerdo general en que esta marcha…”de 1 nada”.

Susana

Bonita subida a La Tornera

Si no fuera por lo lejos que está qué gozada de marcha, qué maravilla de paisaje, qué pueblo tan hermoso. Claro que si no estuviera tan lejos habría más gente, se formaría atasco en el puerto, tardaríamos hora y media en tomar el café o encontraríamos más kleenex o botes de refresco a los pies mismos de la falla que, según José Antonio, el alcalde va a proteger con una ventana, cuando forren en plan bonito la pared al fondo del pequeño jardín que están creando a la entrada del pueblo.

Aún así iniciamos la marcha una hora más tarde de lo programado porque tuvimos que esperar a que llegaran algunos integrantes del grupo. Y es que Javier, que se ha comprado un eco-coche que según el fabricante consume menos que un mechero, resulta que no le había llevado a repostar desde que lo compró, hace ahora ocho meses, como poco. Nuestras fuentes nos informan que el inconsciente, además de haberse creído a pies juntillas el folleto publicitario, iba empujando el coche por la autopista en busca de gasolinera, así que decidieron intervenir. Al principio pensaron en llamar a la guardia civil pero con el fin de evitarles el bochorno ante la benemérita y el descuento ipso facto de tres puntos, como mínimo, giraron en redondo para auxiliarles.

Una vez reunido el grupo, salvada la chanza de rigor, iniciamos una marcha ambiciosa en su planteamiento que no pudimos culminar, pero que resultó perfecta. De haberla realizado según lo planeado hubiera constituido una paliza de las de aúpa. Resultó cortita en distancia pero exigente por el desnivel y con una bajada a carajo sacao de esas que cuando llegas al final te tiemblan las piernas y las uñas de los pies te duelen hasta el punto que te hace añorar una tortilla de ibuprofenos en lugar de la merecida birra con casera, colofón a todas mis marchas.

Una vez constatamos que no llegábamos a La Centenera ni de coña, siendo las tres de la tarde, hora de comer para los de Burgos, y en la cima de La Tornera, rodeados de luz, naturaleza, paisaje y amigos, nos dispusimos a comer. Comida larga, con vino a tutiplén, sobremesa y siesta. Porque algunos, a pesar de que el resto se empeñó en charlar de lo divino y de lo humano, echamos una cabezadita, con ronquidos incluidos, que nos supo a gloria y nos preparó para la que se nos venía encima, el descenso.

Al principio, descansados, la bajada fue un paseo. Primero por pedrera conocida, luego collado dominante y tras él larga cuerda pero asumible. El problema se nos vino encima cuando nos plantamos encima del pueblo, a kilómetro y medio escaso y trescientos metros de desnivel y no sabes si correr, si bajar despacito, si reír o llorar.

En el pueblo, temblorosas las piernas, nos refrescamos en la fuente y nos dispusimos a regresar a Madrid temiendo el largo trecho y el consabido atasco de la A-I, reiterada pesadilla que hemos de sufrir los madrileños todos los fines de semana que nuestros electos se empeñan en ignorar seguramente demasiado ocupados en manifestaciones bajo palio y en cómo ajustarse la correa.

Las fotos


Datos de la marcha
Fecha:17 de octubre de 2009
Recorrido:Circular
Itinerario:Puebla de la Sierra - GR.88 - Collado de las Palomas - La Tornera - Puebla de la Sierra
Distancia:14 Km
Ascensión:935 m acumulados
Duración:7h 45'
Participantes:Carlos, Fidel, Javier, José Antonio, José Luis, Juana, Mabu, Monique, Rafa, Robert, Susana, Viqui, Begoña y yo

La próxima será en las Fuentes Carrionas, la ilusión me embarga.

Va de retos

Pues sí, en pocas semanas hemos cumplido Begoña y yo con esas metas o pequeños hitos montañeros que los aficionados madrileños al monte han hecho y nosotros aún no habíamos tenido la oportunidad de acometer. Unas por fáciles para el grupo con el que salimos, otras por concurridas, otras porque… yo que sé. El caso es que ahí se van quedando año tras año.

Aprovechando que el grupo, o parte de él, se fue a Gredos nos hicimos los Siete Picos. Luego, con el grupo casi al completo, La Cabrera. El sábado le tocó el turno al Yelmo. Anda que no habremos ido a La Prediza en todo este tiempo. Las veces que habremos recorrido la M-30, tramo del GR.10 así llamado por la afluencia de montañeros, y tomado cualquiera de las opciones que se van abriendo en su recorrido. Incluso hemos hecho Begoña y yo marchas específicas al Yelmo, en concreto dos, y aún no lo habíamos subido. Esta vez sin embargo se consiguió de la mano de Pepe, buen conocedor del terreno.

Nos reunimos pocos el sábado debido al puente del pilar. La convocatoria nos emplazó media hora antes de lo habitual para lograr entrar con el coche hasta Canto Cochino así que pasados unos minutos de las diez nos pusimos en marcha por la mencionada M-30. La temperatura era excelente para caminar.

Cuando el grupo es pequeño anda que se las pela; bueno tampoco hay que exagerar, anda bastante más ligero y por eso en poco más de hora y media pudimos hacer el cacahuete-break en el Collado de la Dehesilla. Allí nos abandonó Miguel Ángel con su lumbaga a cuestas. Nosotros continuamos por una preciosa subida hasta los pies del Yelmo admirando esas formas caprichosas del granito que el tiempo y la erosión nos han regalado.

El día prometía nubes pero llegada esta hora ya estábamos convencidos que subiríamos con sol y algo nos barruntábamos de que íbamos a pasar calor. A las 13 horas nos dispusimos a ascender el Yelmo. Carmen se quedó voluntaria en el campamento base lo que nos permitió dejar a su cuidado mochilas y bastones, estos no ayudan nada en la subida y aquella nos hubiera impedido pasar por los huecos por los que tuvimos que atravesar para llegar a su cima.

El Yelmo es un risco muy conocido por los madrileños ya sea por su afición al monte o porque es bien visible en el centro de la llamada Pedriza anterior desde toda la zona norte de la sierra madrileña. Parece ser que su antiguo nombre era Peña del Diezmo y que es por su forma de yelmo medieval por lo que se la conoce desde su aparición en el “Libro de la Montería” de Alfonso XI en 1350.

Se trata de una enorme placa de granito rosado que se eleva 150 m sobre su base por la cara sur y 95 m por la norte. Es por esta cara, por la norte, por la que se puede subir sin recurrir a técnicas de escalada y acceder a su cima a través de la Gran Grieta, una chimenea en dos tramos. El resto del risco exige escalada con una técnica muy especial llamada de “adherencia”. Vías famosas de escalada a este risco son “Los Higinios” abierta en 1944, “La Vikinga” en 1966 y “La Valkiria” en 1967.

Nosotros, como es obvio, nos dirigimos al encuentro de la chimenea trepando por los riscos que la anteceden hasta llegar a su entrada donde comenzaron las dudas. Ni que decir tiene que José Antonio desapareció enseguida dándole tiempo a aburrirse mientras el resto no veíamos la forma de pasar por aquellos angostos huecos. Nuestros cuerpos ya no están para estos trotes, el volumen adquirido, la flexibilidad perdida e incluso el tamaño de los pinreles son factores que hacen que te plantees varias veces si podrás o no conseguirlo. pero pasamos, lo conseguimos y disfrutamos de lo lindo con ello.

Una hora y diez minutos tardamos en la empresa. Nos reunimos con Carmen en el campamento base donde comimos y descansamos un rato. Tras ello emprendimos el descenso. Nos detuvimos un rato a ver cómo ejercitaban los números escaladores que se dan cita en la cara sur y con un calor de espanto continuamos hasta las Dehesillas donde nos reagrupamos y aplacamos la sed. Luego el último tramo hasta Canto Cochino, otro 40 minutos de bajada acumulando polvo en la garganta y haciendo más deseada la cerveza con casera.

Datos de la marcha
Fecha:10 de octubre de 2009
Recorrido:Circular
Itinerario:La Pedriza: Canto Cochino - Collado de la Dehesilla - Yelmo - Canto Cochino
Distancia:16 Km
Ascensión:730 m acumulados
Duración:6h 30'
Participantes:Carmen, José Antonio, José Luis, Mateo, Miguel Ángel, Pepe, Begoña y yo

Fotos de la jornada


Bonita marcha que deja tiempo para hacer otras cosas el sábado y también bastantes agujetas y no sólo en las piernas.

Desagravio a Mendelssohn

En mi ignorancia de música clásica siempre tuve a Mendelssohn por un menda un punto cursi pues le asociaba a la marcha nupcial, lo único que conocía de él. Por eso ahora que he conocido el Psalm 42 me gustaría dedicarle este pequeño desagravio, este reconocimiento a su valía.

El youtube que pongo es precisamente la primera parte del Psalm 42, que es además la parte que tuve que preparar para el examen de selección del coro. Una obra de gran sensibilidad, una obra perfecta. Empiezan las contraltos, siguen las sopranos, van después los tenores y finalmente los bajos (servidor).



Toda la obra es un lento increscendo hasta llegar al climax que se produce hacia la mitad de la canción, momento en que es probable se escape alguna lágrima a los que tenemos el privilegio de estar en medio de tanta belleza. Y todo con una repetida letra, ese mantra, que te va enganchando y atrapando como te atrapan las letanías.

Dicho queda. Y para los que quisieran asistir este es el programa de mano.

Auditorio Nacional de Música
Jueves 29 de octubre a las 10,30 pm
Orquesta Santa Cecilia y coro
Obras:
  • Zadok the Priest de Handel (la que acompaña el fútbol de la liga de champiñones)
  • Psalm 42 de Mendelsshon
  • Misa Nelsson de Haydn
Las entradas no son baratas y salvo por el "factor Seijas" no sé bien porqué, puede comprarlas aquí.

Javier

La dureza del Almanzor

18 de septiembre

Una reducida representación se personó en “La Mira de Gredos” de Hoyo del Espino en la tarde del 18 de octubre. Sería la dureza anunciada del empeño o cualquier otro motivo, pero nos juntamos para compartir mantel y mesa José Antonio, Juana, Maru, Rafa de Huesca, Rafa de Burgos, Rosa, Mabu y yo, Carlos. Con la vista del Almanzor, con manchas de nieve en el horizonte, nos citamos para desayunar a las 8h.

19 de septiembre

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La reducida comitiva emprende la marcha desde la Plataforma a las 9h. Paseo de unas 2 ½ horas hasta la laguna, que se anuncia en su esplendor desde los Barrerones. Antes de llegar saludamos a las cabras que literalmente saludan a los paseantes. ¡Sorpresa en el refugio! Miguel Ángel, con porte señorial, nos espera sobre una roca, para saludarnos y desearnos suerte a los que tiramos parriba a dar cuenta del tremendo pedregal de 600 m de desnivel hasta la cumbre. Mamen, que había dormido en el refugio, se une al grupo.

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Bastante más allá de la mitad de la subida, Rafa y Rosa lo dejan. Los demás sufriendo llegamos al collado del Crampón, muy cerca de la cumbre. Que si por aquí, que si por allí, que si la niebla o el cansancio o las buenas piedras que teníamos delante, el caso es que no dimos con el paso a cumbre, aunque quedamos a unos 2 metros ¡Vaya! Una sensación un poco agridulce.

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Dura bajada con comida intermedia, a la que se une Ciprià (“Ciprián en español”, nos traduce el francés). Vuelta al refugio donde se unen Monique y Robert, además de Rafa, Rosa y Miguel Ángel.

Paseo más duro que el de la mañana para retornar a la Plataforma, donde llegamos a las 8 pasadas. Total entre 1.200 y 1.300 m de desnivel, 16 km y un montón de horas.

20 de septiembre

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Tormes arriba, desde el puente de la carretera que de Hoyos va hacia la Plataforma. Enormes pinares, campamentos públicos y privados, todos desiertos y el pobre Tormes con muy poca agua. Río adelante llegamos a una zona exhibición de lajas, piscinas, saltos y piedras de todos tipos, colores y formaciones, aunque al parecer de una única era geológica que ya no me acuerdo (lo siento, José Antonio)... Comida con siesta en un gran mantel pétreo, plano y pulido, al lado de una laguna y pequeña cascada. Un sitio para volver.

Después de la comida y siesta, una hora de paseo río abajo, pa’los coches: unos para Madrid, otros para Pamplona y otros para Alcorcón; así son las despedidas.

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Estupendo fin de semana, en compañía de nuestros grandes amigos Maru y Rafa. ¡Lástima que hayamos sido pocos!

El domingo fueron unos 8 km y 155 m de desnivel. Pero ¡que agujetas!

Texto: Carlos | Fotos: José Antonio

Ansias por pisar su cuerda

Habíamos pasado a su vera tropeciantas veces, incluso habíamos andado por su base con agua y con nieve, pero ayer fue la primera vez que nos subimos a ella. Me refiero a la Sierra de la Cabrera. Lugar emblemático de nuestras montañas que hasta ahora creíamos terreno exclusivo de escaladores. Ese lugar que cada sábado que enfilamos la A-I en busca de más lejanas montañas constituye el punto de puesta en marcha, el punto en el que nos abandonan los efectos del despertar y del desayuno a medio tomar. El punto, en fin, que nos sitúa en otro día de monte.

Porque nadie se atreverá a negar que tiene su embrujo. Que cuando, recién pasado el cruce de Venturada, coronas la cuesta y accedes al valle que la antecede nos sorprende siempre. Ya sea porque esté envuelta en niebla, ya porque la nube negra, esa que tememos nos acompañe durante la marcha, corone sus cimas, ya porque esté iluminada por el sol del reciente día, a mi en particular me emociona y me recoloca, me predispone a otro día montero.

El plan la marcha, ad-hoc al interés de Carlos y Mabu de estar en misa y repicando, es decir, ir de monte con nosotros por la mañana y comer con unos amigos luego, se nos ocurrió a José Antonio y a mí mientras cavilábamos dónde ir para darles gusto a estos chicos y plantear algo nuevo al resto. He de confesar que vi enseguida la oportunidad de plantear una marcha que hace tiempo me interesaba pero que no veía la forma ni el momento de hacerla.

El veraniego día y la cercanía del enclave convocó a muchos de nosotros. La primera parte de la jornada fue la más interesante. Tras andar apenas 800 m nos adentramos entre jara y matorral siguiendo un estrecho y ascendente sendero que nos llevó hasta los mismos pies del Pico de la Miel. Unos se quedaron con las mochilas y bastones, el resto ascendió hasta la granítica cima. Qué gozada saltar de piedra en piedra. Qué vista tan preciosa tan solo molestada por el ruido de la cercana autopista.

De regreso con el resto del grupo, emprendimos de inmediato el camino, al principio un poco despistados por no estar muy clara. Se puede considerar que la marcha fue “democrática”. Cada cual la adaptó a sus necesidades. Hubo quien tenía cita con el Orfeón Donostiarra y se dió el piro en cuanto que vio que se le hacía tarde. Los mencionados Mabu y Carlos nos abandonaron en el Collado Alfrecho ya que les esperaban para una barbacoa. Otros hubo que pasaron de subir a los picos, el de la Miel primero y luego al Cancho Gordo.

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La Sierra de la Cabrera, foto tomada desde El Reajo en noviembre
de 2007, sirve para apreciar el itinerario seguido durante la mañana

Recordando aquella marcha de hace no sé cuántos años, con nieve, que tanto disfrutamos, nos aplicamos a subir al Cancho Gordo. Bonita ascensión en la que volvimos a trepar por las peñas, a saltar entre ellas y hasta pasar un poco de vértigo. Luego nos reunimos con el resto del grupo en el PR para comer.

No sé qué nos pasa que para comer siempre hay discrepancias, no tanto en la hora, faltaba Robert, sino en el lugar adecuado a cobijo del sol que pegaba de lo lindo. Los que no tienen sombra van a buscarla e intentan convencer al resto del sitio tan espléndido que han encontrado. Los que la tienen sacan el bocadillo y dicen que no se mueven. En fin…

Tras corta siesta emprendimos el regreso continuando por el PR.13 hasta el cementerio de Valdemanco donde nos avituallamos de agua, radiactiva según José Antonio y que nos impidió saciar la sed hasta que no llegamos al punto de partida a pesar del calor y de la seca garganta que llevábamos todos. Tomamos el polvoriento GR.10 que nos llevó primero al Convento de San Antonio y luego, por pista asfaltada hasta la Cabrera. Largo se nos hizo el tramo final, el que nos obligó a callejear por la población hasta llegar al punto de inicio de la marcha. Luego, reconfortante cerveza patrocinada por Fidel que celebraba su cumpleaños.

Datos de la marcha

Fecha:3 de octubre de 2009
Recorrido:Circular
Itinerario:La Asperilla - Pico de la Miel - PR.13 - Collado Alfrecho - Cancho Gordo PR.13 - GR.10 - Convento de San Antonio - La Cabrera - La Asperilla
Distancia:16 Km
Ascensión:835 m acumulados
Duración:8h
Participantes:Carlos, Carmen, Fidel, Gema, Javier, José Antonio, Jose Mari, Juana, Luz, Mabu, María, Mateo, Miguel Ángel, Pepe, Susana, Viqui, Begoña y yo

Feliz cumpleaños Fidel y hasta pronto a todos.

Los Altos de Los Poyales

Marcha del sábado 12 de septiembre de 2009
Pues sí, desentonaba un poco el nombre que, en todo caso, carecía de importancia. El objetivo era simplemente recorrer quizás, no más de cuatro kilómetros por algún camino que nunca antes habíamos hecho. Eso tan sólo, pero nada fácil.

Salimos de Rascafría, del Poli, como siempre. Éramos, a ver ¿Cuántos? Ya hace días y apenas me acuerdo. A ver, por las anécdotas y las ocurrencias: Rafa y Rosa, claro está. Incombustibles como siempre y guiadores del grupo. Monique y Robert acabados de salir de su baño americano, todavía pensando que estábamos en Minnesota o Yosemite y que todo era igual que allí. Nada de eso. Muchos siglos de historia nos ha hecho indómitos, impredecibles y siempre caóticos. Así vale. Después, Mateo, por supuesto. Mas gracioso que nunca y tratando de recuperarse de la increíble dieta de shusis microscópicos y alfalfas de pescado. Acompañaba a Jose ¿Quién más? Juana desde luego, Fidel no, que estaba con Luz en Canarias, Ah! Javier, sí, Javier, en muy buena forma aunque se empeñe en decir lo contrario. Carlos y Magu que ya entonces imponían su media jornada, hasta donde sus obligaciones le permitiesen, perdiéndose lo mejor de la caminata. No aprenden.

La marcha se inició con algún negro presagio, el referido a la página del Meteorológico, siempre mal agorera y que, sin embargo, casi nunca acierta con nosotros. Subimos rápido el puerto del Reventón que, por cotidiano, casi ni nos enteramos que antaño era toda una meta. Hicimos el atajo en la última parte, la innovación de Carlos, por el cauce, ahora casi seco, hasta llegar a la llanura del monolito. Allí, el cielo nos amenazaba y siguiendo las enseñanzas adquiridas miramos hacia otro lado y seguimos la marcha, no sin antes despedirnos amargamente de Carlos y Magu que nos abandonaron ladera abajo. Al coronar uno de los últimos collados en dirección a Los Neveros (paraje cercano a Peñalara) Rafa nos conminó a comer como último recurso porque la primera gota de lluvia se paseó entre nosotros. La comida apresurada no nos impidió seguir adelante. Yo, con Mateo y Jose, no esperaba que nadie nos siguiera, esa es la verdad, pero al volver la vista atrás, Robert en una excelente forma estaba a nuestro lado y, más allá todo el grupo, menos Rosa y Rafa que esperaban el descanso post-ágape.

Fue toda una bendición. Las tempestades se calmaron, la suave pradera que tapizaba la cumbre y que jamás habíamos hollado se extendía ladera abajo dibujando una alfombra casi sin límites. Una maravilla. Nos costó dejar aquella paz y esperamos a los de Alcorcón que rápidamente se unieron a una improvisada siesta realizada en uno de las numerosas mesetas de hierba que se cerraban contra los pinos.

Con nuestro agudo sentido de la orientación perdimos varias veces el camino llegando al objetivo previsto. El milagro de siempre. Después, ya en la ruta de subida, contentos de la labor realizada, recorrimos los últimos kilómetros entre los rebollos que nos llevan sin remisión a las cercanías de Rascafría.

¡Ah! Me acuerdo, nuestra entrada en el Deportivo se realizó arrastrando multitud de botellas vacías de vodka, ginebra, ron, etc. que Seijas se empeñó en limpiar y que nosotros por una enorme solidaridad no quisimos desmerecerle. Alguien algún día nos lo agradecerá.

José Antonio