Braojos o el misterio

Tensión entre geólogos junto al Ciguiñuela

El oir a la organización que vamos a ir a Braojos me produce un nerviosismo similar a cuando en Burgos mis padres nos decían que iríamos a Fuentes Blancas a merendar, junto al mágico tobogán de piedra. Y es que Braojos es cada vez más la magia del Ciguiñuela. El “portento”, “prodigio” “ilusión óptica”, o el “polo magnético de Rosa” (ella lo descubrió, de Burgos), así y otros más son los nombres con los que se conoce la pirueta de este arroyuelo desafiando hasta la mismísima ley de la gravedad.

El starting point en la plaza de Braojos, que ha quedado pelín acementada, con pocos árboles. El monte delante tras cruzar la iglesia (por cierto que debiéramos procurar ver las iglesias de los pueblos de esta sierra, aunque la mayoría han sido muy castigadas por los napoleones y los guerracivilistas algunas siguen teniendo interés, esta en concreto he leído que tiene una escultura de Gregorio Hernández, cuya mujer debió ser braojeña).

La marcha en general no fue dura, salvo un tramo cerca de la cuerda en que rompiendo el protocolo (nuestro protocolo implica romper el protocolo) nos salimos de los caminos para zamparnos unas cuantas curvas de nivel. En la parada técnica José Antonio nos ofreció unos higos dulzones que había traído de Perú el día anterior (¡y sin jetlag!), y Robert nos habló del gran bolígrafo de 3 metros que tiene que hacer para su próxima obra de teatro. Guida me contó su viaje a Gambia y la inocencia de los lugareños.

Más o menos por ahí creo que nos dejaron Begoña y Angel, que tenían cita en el Auditorio para La Pasión según Mateo. Llega la Semana Santa.

La marcha transcurrió mucho entre pinares, hasta más o menos Peña Quemada (1.833 m), en la divisoria de Madrid con Segovia. Es siempre bonita la vista desde esta vertiente segoviana, esta Castilla tan grande y con tantos pueblos hasta hace poco despoblados, hoy recuperados por los nietos. Yo recuerdo que en 1963 cuando tendría 13 años gané 25 pesetas en un concurso de Radio Popular de Burgos por acertar que Burgos tenía 500 y pico municipios, un montón, la segunda provincia de España detrás de no sé cual.

Tras varias marchas con mucho frío para comer agradecimos un lugar estupendo. Y con posibilidades de elección, así los pobres se pusieron al sol con su bocata de tortilla y su bota y los ricos a la sombra con nuestro tuper, que siempre ha habido clases que decía mi madre. Curiosos los pinos que nos rodeaban, al estar casi en la cuerda todos retorcidos o caídos por el viento y por el peso de la nieve, debe ser duro nacer árbol ahí.

Y tras una hermosa siestecilla y una drea de piñazos (que empezaría Maxi imagino), tomamos la vuelta. Topándonos con un curioso dilema moral. Veamos, una procesionaria de unos 10 gusanos iba andando por el camino. Las procesionarias ya sabemos que luego suben a los pinos y se los meriendan. Mateo y Maxi hicieron un intento de disolver el grupo, en tanto Gema discrepaba. Personalmente me inclino por el interés del pino (que es el interés del hombre), pero ¿quién defiende el interés de esos gusanos, su derecho a existir? ¡Tremendo oye!

Descansamos un rato en el refugio de Santui (al que han puesto una pequeña estación meteorológica) y después en un refugio nuevo de vigilancia antiincendios de la Comunidad de Madrid. Y abordamos el tramo final, el regreso a Braojos siempre me ha parecido muy bonito, especialmente en otoño, pues durante buena parte del recorrido se tiene el pueblo a la vista, recoleto y sencillo en medio del monte alrededor de su iglesia, como Dios manda.


Pero faltaba lo mejor del día. El Ciguiñuela a la altura del molino, un par de kilómetros antes de llegar al pueblo. Yo debo decir que en la anterior ocasión en que estuve (crónica de diciembre 2007) no pude ver el arroyo de cerca por lo que no pude verificar la dirección de la corriente, en realidad yo creía que me estaban tomando el pelo los veteranos. Pero quiá, que me acerqué hasta él, e incluso toqué su agua como Santo Tomás, y comprobé su dirección. Y, oh prodigio, el agua va de derecha a izquierda en la foto. Y ¡qué ilusión óptica ni pollas en vinagre! , el agua sube por la ladera de una cuesta, asciende por lo menos 5 metros a lo largo de los más o menos 100 metros que vemos. Como me llamo Javier.

Un par de vecinos que vivían ahí cerca (uno de ellos algo enfadado con el Ayuntamiento de Braojos por haber cedido ese arroyo a Villavieja hace 30 años “por un plato de lentejas” por lo que ahora a no puede tomar agua de él, lo saca de un pozo), unos vecinos digo nos contaron que efectivamente había algo extraño en ese arroyo, y eso alimentó la discusión. Belén y José Antonio se enzarzaron en una tensa polémica mientras yo caía de bruces y me convertía.

Y aprovecho para completar la crónica de Carlos, Teatro en el Reventón, con la película original:

Resumen
  • Fecha 4 abril 2009
  • Desnivel 700 metros, 17 kilómetros
  • Asistentes: Gema, Jose Mari, Belén, Mateo, José Antonio, Juana, Robert, Guida, Maxi, Javier, Begoña y Angel (la mitad o así)
  • Algunos ausentes con justificante (así a vuelapluma): Monique en Bretaña a ver a su madre, Mabu y Carlos en París, Fidel a recoger a su madre a Pradoluengo, Luz lesionada rodilla derecha …
Javier Seijas

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