Ni cumpleaños ni na, ahora a recuperarme

Mira que tenía ganas de una buena jornada de monte, vamos que me pedía el cuerpo guerra. Por unas u otras razones, últimamente no he tenido continuidad en las salidas al monte. Si a ello unimos que recientemente he cumplido años, anduve toda la semana deseoso de que llegara el sábado y con ganas de demostrarme algo, de darme una palicita vamos.

Llegó, como siempre puntual, la convocatoria el jueves y allí se presentaba la oportunidad. Pasé de fútiles datos de distancia, desnivel o calificación. Únicamente me fijé en que el objetivo era llegar a la Peña la Cabra ¡Ahí va tu! Peña la Cabra, esa emblemática montaña que a pesar de no tener mucha altitud tanto nos atrae cada vez que la divisamos, ya sea en la distancia o cuando marchamos por sus alrededores.

El inconveniente es que para llegar a ella, o sales de La Puebla y entonces te parece un paseíto, o te das una panzada a andar. Y eso me pareció cuando, después de abandonar Berzosa del Lozoya y de ascender a la cuerda de la montaña situada a su espalda, divisé el itinerario propuesto, allí sobre el terreno, sin mapas de por medio, y medí mentalmente lo que nos quedaba por delante para llegar ella: paliza asegurada, pensé.

Animosos con la magnífica mañana, que invitaba de verdad a caminar, y con la gozada que entraña siempre recorrer una cuerda, así, sin darnos cuenta habíamos dejado atrás los altos de Peña Parda, del Águila y de las Rozas, así como los collados de Matalinares y Peñaparda y estábamos ya a sus mismos pies. Unos empezaron, dada la hora, a pensar ya en comer y otros en que pa’lante. Nos separamos, los que decidieron quedarse descendieron un tanto para guarecerse del viento, el resto nos aplicamos en ascender un tanto amoscados por cómo estaría la nieve. Me sorprendió que no hubiera hielo e hicimos una ascensión rápida y bonita.

Qué deleite pisar su cumbre y disfrutar de las magníficas vistas que te ofrece: el valle de La Puebla, la Cuerda de Pineda, los embalses a lo largo del Lozoya, la Cabrera, Peñalara, etc. Aunque no dispusimos de mucho tiempo para disfrutar, pues teníamos que reunirnos con el resto del grupo, mereció la pena asomarse desde allí.

Cuando, después de descender pinar a través y de recorrer la pista de regreso, nos enfrentamos al cortafuegos que nos llevaría a la cuerda inicio del recorrido y separación natural del otro valle, el de Berzosa, la tunda que llevábamos encima era ya considerable, las horas marchando las normales, así que el resto constituía el plus de la marcha, ese toque maestro que hace que una marcha se convierta en verdadera paliza.

De regreso en el pueblo solo me quedaba aliento para cambiarme de calzado, no sin antes masajear los doloridos pies y los acalambrados cuádriceps, y despedirme afectuosamente. No me apetecía celebrar mi cumpleaños con los compas del monte, ni me interesaba si el Madrid recortaba puntos al Barça o si el Estu pasaba a la final de la copa del rey. Estaba saturado de monte y con ganas únicamente de llegar a casa, darme una ducha y aplastarme en el sofá.

Álbum de la marcha

Scores

Itinerario:Berzosa del Lozoya - Peña Portillo - Collado de Matalinares - Pico Albrigaño - Collado de Peñaparda - Peña Parda - Peña Águila - Alto de las Rozas - Peña la Cabra - Pista - Cortafuegos - Collado de Matalinares - Peña Portillo - Berzosa del Lozoya
Distancia:20 Km
Ascensión:1.150 m acumulados
Duración:8,30 horas
Participantes:José Antonio, Juana, Rafa, Rosa, Jose Mari, Gema, Robert, Monique, Cristina y Luis (becarios invitados por José Antonio), José Fernández, Carlos, Magu, María, Menchu, Pedro, Begoña y yo
Observaciones:Ascendimos a Peña la Cabra: Magu, Rosa, Begoña, José Antono, Luis, José, Carlos y yo

Conclusiones
  1. A lo peor si influye lo de cumplir años.
  2. Entrenar más.
  3. No por caras que sean unas botas van a impedir que acabes con los pies hechos polvo.
  4. Hay que mirar con lupa las convocatorias y no creerse demasiado los datos que aportan pues siendo una guía valiosísima a veces pecan un tanto de optimistas.
  5. En caso de duda, contraprogramar tu salida al monte.

Hasta siempre.

La niña de tus ojos

Ayer tuve la oportunidad de ver la peli de Trueba y, una vez más, me encantó. A pesar de sus más de 10 años, continúa pareciéndome divertida, fresca y bien hecha.

Pero si hay una escena que me parece lo más de lo más es cuando Penélope, que esta genial en toda la película, bueno, todos, canta el Piconero en alemán con las huestes del “Güebels” en plan parroquianos de la taberna. ¡Genial!

La canción empieza …

Und aus der kleinen Schenke dort in dem Grünen,
da hörte die Süße Geigen und Mandolinen.
Sie folgte Klängen feurig wird der Bolero.
Und es folgte ihr Beschützer, ihr Caballero.
Escúchala de nuevo y disfruta.



… y el estribillo …

Wenn du mich heute nicht küsst,
tut es dir morgen so leid.
Denn mein Herz hat ab morgen für dich gar keine Zeit.
Und darum rat ich dir, komm lieber jetzt!
Wirst du's morgen um Liebe erst fragen,
wird es dir sagen: Bin schon besetzt!
Wirst du's morgen um Liebe erst fragen,
wird es dir sagen: Bin schon besetzt!
¡Genial! ¿No? Ya lo decía yo.

Las Calderuelas invernales

Pues sí, no había ningún tipo de disculpa. Todo estaba a nuestro favor, tan sólo nosotros mismos podríamos estropearlo un poco, pero no lo hicimos. De esta manera salió una excursión completa, cumpliendo todos nuestros objetivos, fundamentalmente el de alcanzar el puerto de Las Calderuelas, paso muy elevado, 2.000 metros, entre el valle de Lozoya y la Mesta Norte. Ya lo habíamos repetido varias veces, por un lado y por otro, pero nunca en invierno y con tanta nieve.

Salimos a la hora prevista, es decir, después de la acordada, pero todo saldría bien. Partiendo de la pistas de tenis, la nieve se encontraba hacia los 1450 metros. Un respiro. Sin equivocarnos apenas cruzamos, atajando y entre robles primero y pinos después, las carreteras que zigzaguean entre la mancha de árboles y que jamás tomamos por la escasa pendiente que conllevan. Alguien advirtió: mirad para atrás y, de repente, las montañas acharoladas en blanco, Peñalara disfrazándose de Cervino, el verdor del Valle, el lago de Pinilla, todo, todo se encontraba allí, mezclado primorosamente, como suizo, de calendario de mercería.

Casi sin darle importancia pasamos el refugio-granja, llegamos al cruce superior y el cielo azul luminoso, sin ninguna nube, seguía animándonos. La nieve se amontonaba en lo que antes era pista, pero estaba suficientemente helada para seguir marcando una huella clara que, de vez en vez, nos enterraba hasta la rodilla.

Yo pensaba, de aquí ya no pasarán los últimos, pero en el stop de los cacahuetes el ambiente era animado y no se veían reproches ni caras de sufrimiento. Seguimos hasta alcanzar el cortafuego final. Esto será la puntilla, le decía a Fidel, que me acompañaba delante y que, cuando alcanzamos la cota máxima, 2010 metros, nos dedicamos a especular con los que al final coronarían. Allí llegaron todos; Pepe que nos seguía a los talones, Mateo siempre tan seguro, Carlos, Rosa y Carmencita sin una mueca de cansancio, Rafa, Mamen, Juana, Susana, María, Magu y, por fin, Miguel Angel. Que hazaña. Como premio, la capa de nieve invadía todo el collado y la meseta casi horizontal de la cumbre producía sensaciones indescriptibles. Se improvisó un tintirin breve porque había que pensar en la comida. Era muy tarde.

A partir de aquí se censura el relato porque en un día tan maravilloso no encaja desavenencia alguna. Lo retomamos una hora después, cuando ya en bajada, Rafa propuso hacer una caminata con nieve por una parte de la primera pista que nos fijó en nuestra retina el conjunto de vecinos valles que dispondremos para la primavera: Hoyo Cerrado, valle de los Hoyos y la primicia intermedia que algún día nos atreveremos con ella.

De repente surgió Carlos, el Carlos de siempre, empeñado en hacer de la virtud un vicio y nos arrastró a Pepe, Mamen, a mi mismo y a Fidel ladera abajo, bueno mejor, espinos abajo, saltando matas, zarzalones, vallas de espinos y que se yo. Su mejor guía la pura intuición. Como señal para marcar el camino para otra vez, fuimos dejando jirones de piel y pedazos de pantalones Trango de a 80 euros. Ya la final, cuando totalmente orientados nos cruzamos con una pareja con perro a los que les preguntó si un grupo de montañeros había pasado delante. Que alivio, iban detrás, a no se cuantos minutos. Habíamos ganado no se que carrera o apuesta mental. Que satisfacción. El esfuerzo había dado su fruto. Así, todos contentos por lo que habíamos arrebatado de este singular día, nos retiramos sin café en el complicado bar de Rascafría.

Ficha:
  • Distancia: 15 km
  • Desnivel: 850m
  • Asistentes: Rosa y Rafa, Pepe y Carmen, Carlos y Magu, José Antonio y Juana, Susana, Mateo, María, Mamen, Fidel y Miguel Angel
José Antonio

Botas nuevas ¿eh?

¡Hay que joderse! Yo que quería fardar en el dominical aperitivo con los friends, que después de lo del Atazar me imaginaba un jornada sin igual, con nieve, desnivel y demás cosas que hacen de este deporte un estilo de vida envidiado por cuantos te oyen contar las aventuras mientras saboreas una mahou y engulles un montado de txistorra, no hubo forma, el estreno de una botas, reyes de mi cuñado, me lo ha impedido.

Y es que mi cuñado, con eso de que es montañero de pro, que se sube los cincomiles como otros damos un paseo por el Valle del Lozoya, me echó por reyes unas botas de montañero de verdad, de las que para doblarlas necesitas al primo de zumosol, y yo, que tengo unos pies delicados, que por algo nací en el barrio de Salamanca, creo que no me voy a hacer con ellas en mucho tiempo. Claro que mejor, porque con la crisis y con el precio que tienen más vale que me duren y mucho.

Volviendo al tema. La marcha del sábado bien planteada. Quitando que no hicimos caso a que iba a hacer frío y que los próceres no cayeron en que el viento nos iba a azotar de veras, pues eso, bien. Solo que en Garganta de los Montes cuando llegamos hacía un frío del carajo; pero, inasequibles al desaliento, después de tomar café, emprendimos la subida a El Regajo por el camino que un par de veces con anterioridad habíamos empleado para descender de dicho monte.

Después de salir del pueblo, después de pasar por las fincas de las afueras y subir hacia el pinar nos reunimos para valorar si ascendíamos por la empedrada y conocida cuesta o intentábamos otra alternativa. Se impuso continuar por la pista contra la opinión de José Antonio que manifestaba una y otra vez que era neutra que ni subíamos ni bajábamos. Y tenía razón porque ¡vaya peñazo de pista! Con cantidad de nieve, los pies doliéndome como a un penitente y sin saber muy bien cómo iba a acabar aquello porque ni subíamos, ni bajábamos, ni aflojaba el viento, me imaginé una jornada fallida, dando tumbos por el monte, sin poder comer. Así que me alisté en el grupo de los que, como yo o con otros pensamientos, empezaron a olfatear las alubias de algún puchero pueblerino.

Confabulados los que aquello les parecía no tener buen fin, volvimos grupas a la voz de ¡alubias! y emprendimos un vertiginoso descenso, al menos yo, que no veía el momento de quitarme las botas. Se me hizo eterno el regreso. El tramo de pista parecía no acabr nunca y cuando la abandoné, a cada paso que daba, tenía la sensación de que el pueblo se lo llevaban más y más lejos.

Calculo que la marcha fue, para los que la completaron, de unos 14 Km y 600 m de desnivel. Acudimos: Rafa, Rosa, José Antonio, Pepe, Carmen, Jose Mari, Gema, Javier, Mateo, Vicky, Miguel Ángel, Fidel, Luz, Carlos, Mabu y yo. Unos regresaron a casa de inmediato, otros comimos en el único restaurante del pueblo, otros comieron de lo suyo en el pueblo y otros no sé si comieron o no, tal fue la desbandada post marcha.

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En lugar de alubias comimos garbanzos, eso sí con callos, y nos dio la oportunidad de charlar y disfrutar de una buena comida y mejor compañía tras una honrosa caminata. Es otra forma de de redondear un día de monte.

De nuevo en El Atazar

Cuando hoy durante el aperitivo, un amigo que semanalmente se interesa por mis sabatinas salidas al monte me preguntó el consabido ¿dónde fuisteis ayer? No sabía qué contestarle y, después de un escueto a El Atazar, me respondió lo que me suponía ¡Joder, otra vez! ¿Pero qué tiene El Atazar?

Así que te quedas un poco jodido porque mientras Nadal se las ve con Federer a ti te gustaría contar una hombrada de aúpa, de esas que a medida que vas ampliando detalles observas cómo empiezan a mirarte y escucharte, así de reojo y de reoreja, los parroquianos de la cervecería y tú comienzas a adornar la marcha y a encumbrarte que es de lo que se trata ¿o no?.

Pues no, únicamente se te ocurre decir aquello de … pues es espectacular el paisaje cuando sales por el sur hasta la presa de La Parra y … en la ruta que hicimos ayer, pasada ya la presa, las vistas son una preciosidad y …. Pero te quedas pensando, es verdad ¿qué más nos ofrece este pueblo para que huyamos allá cada vez que las condiciones meteorológicas sean un poco adversas?

¿Serán las piedras, que allí son distintas a las de otros lugares? ¿Será la masa de agua del embalse que nos ilusiona con lugares un tanto distantes de este Madrid ya que, pese a lo que se diga, aquí no hay playa? No lo sé.

El caso es que tras el precioso camino hasta la presa, la exigente y bonita subida al poblado de El Atazar, la comida con los compañeros al solito y de frente al mar, con sus islitas y todo, la arriesgada e interesante bajada a la presa por una escalinata de casa del terror, la esperada reprimenda de los seguratas de la presa por haberte metido en sitio tan peligroso y que te haga sentir como cuando eras pequeño y hacías una travesura a sabiendas de la regañina que te caería. Aparte de esto qué.

¿Y no es suficiente? Pensaba yo luego. ¡Es la hostia tú! que diría uno de Bilbao. Todo eso en un día y a cambio de sólo 2 horas de coche y 4 Km y pico de asfalto desde la presa. ¿Qué es eso comparado con lo que hemos vivido, subido, sudado, jadeado, comido, bebido, hablado y reído? Es todo un placer.

Rafa acabó ganando a Roger, que ya son amigos nuestros, y yo me quedé sin mi momento de gloria alpina, pero el domingo que viene se van a enterar.

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Anduvimos en esta ocasión 14 Km mal contados, ascendimos un total de 607 m y todo ello en 6 horas y 20 minutos. Algunos extendieron la marcha, y eso consta en las estadísticas, pero aquí mencionamos al grupo que en esta ocasión estuvo compuesto por: Juana, Belén, Susana, Gema, Rosa, Luz, Mamen, Begoña, José Antonio, Rafa, Fidel, Javier, Rogelio, Pepe, José Luis, Josemari, Miguel Ángel y yo.