Resaca sesenterista

Nos convocaron el sábado a una marcha a resguardo de la anunciada lluvia de estos primeros días de otoño. Para ello, nuestros mentores de guardia diseñaron una marcha que mucho gustó hace tiempo y que el único pero que a priori presentaba era que parte del ascenso se hacía de llegada, a lo que no estamos acostumbrados porque para subir y gastar energías ya está la mañana que después de comer ya se sabe, descenso y como mucho llanear.

La mañana se presentó fea, más invernal que otoñal, con frío, niebla y un viento del NE que pelaba las orejas. El café con leche en Venta Arias nos entonó, pese a ello comenzamos a andar abrigados y calados con el gorro de lana. La primera etapa nos conduciría desde el Pto. de Navacerrada a la Cuerda de las Cabrillas donde por primera vez salió el sol por entre las nubes para saludarnos, aunque no durara mucho sirvió para darnos esperanzas de que aquello en algún momento cambiaría.

Continuamos por la Cuerda hasta las penúltimas curvas cementadas de acceso al Alto de Guarramillas, allí la niebla ya no permitía ver a más de 50 m lo que recomendó el reagrupamiento y el caminar de la mano pues no estaba el monte para avanzadillas o retrasos. Después de dar unas vueltas un tanto desorientados, encontramos el sendero que nos llevaría por la Loma del Noruego hasta el Pto. de Cotos. El sol comenzó a dejarse ver con más frecuencia cuando el camino se adentra en el pinar que cubre la última parte de la Loma y en el Puerto ya estaba casi completamente consolidado, había vencido una vez más a las nubes.

En Cotos nos despedimos de Pepe Bartolomé, daba por concluida la marcha en esta su nueva fase de puesta a punto física. Descendimos por el Camino Viejo del Paular (GR.10-1) con destino a la Pradera de Vaquerizas, lugar elegido para comer. Tras recorrer un trecho, avisté y recogí un par de níscalos. Aquel acto inocente cambió la marcha hasta entonces tranquila, disfrutando del bosque y desató la euforia de algunos de los integrantes que entre voces de ¡setas! ¡hay setas! abandonaron el orden de marcha y se desperdigaron por el bosque como posesos en su busca.

Después de la comida, algunos prefirieron saltarse la siesta y recorrer los alrededores tratando de recolectar para la cena, como se hacía en tiempos pretéritos pues no todo se conseguía en el super. El resultado si no bueno fue al menos alentador, cayó algún que otro boletus aereus, además de macrolepiotas, coprinus comatus y unos pocos níscalos. Comienza la temporada.

El regreso a los coches fue un poco desastroso. La subida al Puerto era muy empinada y equivocamos el rumbo de tal forma que salimos a la carretera de Valsaín, a más de 2 Km de nuestro destino, lo que hizo que el último tramo de la marcha la hiciéramos por asfalto. No quedaba otra así que nos alineamos a la izquierda debido a su estrecho arcén y apretamos el paso espoleados por las pintadas de ánimo que había en el asfalto para Contador, Mosquera, Sastre y demás protagonistas de la Vuelta a España.

Participantes: Rafa, Rosa, Juana, Fidel, Mateo, Marta, Jose Mari, Gema, Pepe Bartolomé, Pepe, Carmen, José Luis, Viqui, Robert, Maxi, Guida, Begoña y yo.

Estadísticas: 18 Km de recorrido, con una ascensión acumulada de 875 m y una duración total de 8 horas.

Hasta pronto.

Sixties walk

La última marcha del verano quiso reservarse para homenajear a aquellos del grupo que este año pasan la barrera de los sesenta años. Nada de homenaje improvisado porque los seis recientes sexagenarios llevaban meses preparando la fiestecita en su honor. Querían celebrarlo por todo lo alto con un festín montero y a tal fin se programó una marcha de circunstancias para que acudieran todos aquellos del grupo que se retraen, dicen, por el nivel que imponemos a nuestras caminatas de los sábados.

La marcha, ya digo, de circunstancias. Fueron 12 Km con un desnivel de 450 m por las pistas y senderos de La Barranca. Algunos hicimos unos pocos más de ambos al bajar a los coches a por las viandas y volver cargados como mulos al lugar escogido para la celebración, junto a una de las fuentes de la pista forestal. ¡Qué barbaridad! ¡Qué pasada! En los coches nos esperaban fuentes, botellas, barras de pan, sandías, etc. para un regimiento, pero, aunque sólo fuimos 25, lo comimos y bebimos todo, bueno casi todo, alguna muestra quedó para repartir.

A quien se le diga, nosotros que tratamos de ir a sitios con no demasiada gente y de que no se note nuestra presencia en el monte, el sábado La Barranca estaba petada y en ella dimos la nota. Ocupamos parte del bosque para desplegar el campamento, tendimos manteles sobre la hierba a modo de buffet, depositamos encima las viandas mientras las botellas y la fruta se ponían a refrescar en el río. En fin, parecíamos un campamento de boy scouts, nosotros con más años que la famosa Tana.

Pero estuvo fantástico, la comida y la sobremesa. Hubo discursos antes de los postres y luego de estos cánticos, que ayer tocamos todos los palos. Después de saciar el apetito con ensaladas, empanada de zamburiñas, bonito con tomate, roastbeef, tortillas de patatas y un largo etcétera de manjares, creímos oportuno, antes de ir a más con el vino, glosar los méritos de cada uno de los homenajeados y así primero Mateo y luego Gema leyeron una divertidas y atinadas palabras que el grupo celebró con repetidos aplausos.

Tras ello, se hizo entrega a los emocionados cumpleañeros de una camiseta conmemorativa con su foto estampada que les hizo mucha ilusión, lo que provocó el descorche del cava, el meter mano a los dulces y acabar cantando la mula de Tafalla, el himno de La Salle, Maruxiña y otros temas del hit parade festero.

Acudimos: Rafa y Rosa; Fidel y Luz; Javier con Menchu y Pedro; Carlos, Magu y María; Vicky; Belén, Juan y José Antonio, Pepe mapas con Blanca y Jaime; Gema y Jose Mari; Mateo y Marta; Monique y Robert; y Begoña y yo.

Echamos de menos, cómo no, a: Yolanda, Antonio, Fermín, Margarita, Pepe, Carmen, Guida, Maxi, Teo, Bustar, Domingo, Teresa, Mamen, Miguel Ángel, … seguro que aquí me olvido de alguno pero el sábado de todos nos acordamos y a todos echamos en falta.

Ver álbum

Nuestro deseo de que Belén, Carlos, Fidel, Javier, Rafa y Vicky cumplan y celebren como se merecen los 61, 62, 63, …, el listón lo han puesto muy alto.

Subida a la Cebollera Nueva

La marcha del pasado sábado nos devolvía a Horcajuelo de la Sierra, visitada por última vez hace menos de un año, en concreto el 6 de octubre de 2007 (ver entrada). En esta ocasión sin embargo la marcha se configuró para llegar al pico de la Cebollera Nueva (1834 m) que en otras ocasiones intentamos y no conseguimos por excesivamente larga.

Después de tomar el preceptivo café en el bar de detrás del Ayuntamiento, nos poníamos en marcha sobre las 10:50 horas, hora por otra parte habitual en nuestras sabatinas salidas al monte. El día era soleado aunque corría un frío viento que espoleaba a andar y permitía contemplar un paisaje brillante y limpio. Al salir del pueblo, atacamos con decisión la suave pendiente que nos conduciría a la cuerda donde se encuentran unas antiguas minas de plata. Continuamos por la cuerda, luego tomamos una pista que nos condujo a los mismos pies de la Cebollera Nueva y allí, con ánimo propio de comienzo de temporada, nos adentramos en el pinar para ascender sin paradas hasta el mismo punto geodésico del pico. Bueno sin paradas algunos, porque hubo quien no dejó la charla ni siquiera en la subida y digo yo que alguna paradiña hizo para tomar aire o aclarar algún punto del discurso.

Cerca de la cumbre, para no perder vistas, buscamos sitio al resguardo del viento para comer. Como suele ocurrir en días como estos, tanto te resguardas que al final con el sol tienes calor por lo que aligeramos un tanto la sobremesa y emprendimos el regreso. Recorrimos un rato la cuerda de la Cebollera y después de mirar por aquí y por allá, valorar alternativas y buscar el cortafuegos de turno, nos decidimos a bajar monte a través hasta la pista superior que encontramos sin dificultad. Allí el grupo se partió en dos, bajando unos por el barranco en busca de la pista inferior y los otros prefiriendo continuar por la pista de arriba hasta encontrarnos, pues las dos pistas acaban uniéndose.

La reunión se celebró al sol, en una preciosa pradera, rodeados de caballos pastando, donde nos tumbamos un rato a charlar, mirar el paisaje, dar pan a los caballos, leer la prensa y consultar el programa de actos de la noche blanca madrileña. Un buen rato después reemprendimos el regreso y llegamos al pueblo tras una hora de marcha. No pudimos tomar café porque no había ningún sitio abierto, así que allí nos despedimos hablando ya de la próxima que promete ser especial.

Acudimos a la cita en esta ocasión: Rosa, Rafa y José Antonio, Gema y Jose Mari, Fidel, Magu y Carlos, Marta y Mateo, y Begoña y yo. Recorrimos 17 Km en unas 8½ horas, con una ascensión acumulada de 800 m.

A Begoña y a mí nos proporcionó la enorme alegría de reencontrarnos con los colegas del monte después de las vacaciones. Ya se sabe, charla sobre dónde y cómo se habían pasado estas, anécdotas, risas, en fin lo habitual en estos casos.

Fotografía esférica

Traigo aquí el enlace a una fotografía que me ha pasado un colega y que os recomiendo que la exploréis porque es sencillamente espectacular, además, a los que acudieron a Pirineos V les resultará conocido, no digo más.

Pulsa aquí
Pinchar en la imagen y dejar que se cargue completamente la página, tarda mucho pero merece la pena, afirmo.

De vacaciones a la República Dominicada

Superado ya el jetlag, y es que la edad no perdona porque yo cuando era joven … Al grano; recuperado de un estado de somnolencia en el que tardaba más en salir de una cabezadita que lo que había durado esta; con cierta preocupación por si además de mosquitos y mimes me había picado alguna tse-tse migrada a tierras caribeñas; volcadas las seiscientas y pico fotos tomadas, seleccionadas, afinadas y subidas a Picasa para general disfrute; toca ya contar algo de nuestro viaje a la República Dominicana pues no quiero que pase el tiempo que luego resulta más difícil.

Acostumbrado a pasar las dos semanas que en verano me reservo como “mis vacaciones” en lugar lo más tranquilo posible dentro de la oferta ibérica, con mis buenos ratos de sol y mar, de lectura, detenerme cuando me da la gana a tomar una foto, pasear por la playa, tomar el aperitivo en el chiringuito de turno, comer, luego siesta, etc., todo a mi alrededor se confabuló esta vez para abandonar costumbres e irnos a visitar fuera de los circuitos turísticos la primera tierra que los españoles pisaron en su búsqueda de las Indias.

El viaje se empezó a urdir allá por febrero, época en la que a Begoña y Luz se les ocurrió que sería buena idea aprovechar uno de los múltiples viajes profesionales de José Antonio a Santo Domingo para hacer una incursión por aquellas tierras. Poco a poco se fueron marcando objetivos, delimitando fechas y cerrando participantes. A finales de abril ya se habían reservado los vuelos, ya teníamos fechas concretas de viaje. En junio, a mediados, nos reunimos para aunar intereses turísticos y económicos y establecer el primer plan de viaje. En julio le dábamos vueltas a la ascensión al pico Duarte, objetivo del viaje desde el principio pero que empezaba a pesar a medida que se iban precisando y madurando las condiciones. En los primeros días de agosto se acordaban hoteles y concretábamos finalmente las etapas de la marcha al pico Duarte.

El viaje, resumido, se desarrolló de la siguiente forma:

19-agoSalida hacia la República Dominicana en dos grupos, uno en vuelo de Iberia y otro en Aireuropa
Primera visita a la zona colonial de Santo Domingo
Alojamiento en el hotel Palacio, Santo Domingo
20-agoAlquiler de coches y salida hacia Samaná
Baño en la playa y comida en Las Galeras
Alojamiento en el aparthotel La Isleta, Las Galeras
21-agoExcursión y marcha para baño y comida en la playa del Frontón
Excursión para baño en la playa del Rincón
Alojamiento en el aparthotel La Isleta, Las Galeras
22-agoExcursión y marcha para baño en el Salto del Limón
Comida en Casa Santi en El Limón
Excursión a Las Terrenas y baño en Playa Bonita
Alojamiento en el aparthotel La Isleta, Las Galeras
23-agoSalida hacia Jarabacoa
Ruta: Las Galeras - Samaná – Sánchez – Nagua – Cabrera –Río San Juan – Gaspar Hernández – Santiago – Jarabacoa
Compra de ámbar en La Cumbre
Comida en Santiago
Alojamiento en el Rancho Olivier, Jarabacoa
24-agoSalida hacia Manabao / La Ciénaga
Ascensión al refugio de La Compartición (18 Km, asc. 1790 m, desc. 485 m, 9:30 hrs)
Noche en el refugio de La Compartición
25-agoAscensión al Pico Duarte (10 Km, asc. 713 m, 6 hrs)
Noche en el refugio de La Compartición
26-agoDescenso a La Ciénaga (18 Km, asc. 460 m, desc. 1775 m, 6:50 hrs)
Regreso y alojamiento en el Rancho Olivier, Jarabacoa
27-agoSalida hacia Baoruco
Ruta: Jarabacoa - La Vega – Bonao – Villa Altagracia –Santo Domingo – Haina – San Cristóbal - Yaguate – Baní – Azúa – Vicente Noble – Barahona – El Arroyo
Baño en la playa y comida en El Arroyo
Visita a Baoruco
Alojamiento en el hotel Pontevedra, El Arroyo
28-agoVisita al lago Enriquillo
Ruta: El Arroyo – Barahona – Tamayo – Neiba – Villa Jaragua – Postrer Río – La Descubierta – Jimaní – Duvergé – Cabral – Barahona – El Arroyo
Travesía en barca por el lago Enriquillo a la isla Cabritos
Visita a la cueva de Las Caritas
Baño y comida en el balneario Las Barías, La Descubierta
Alojamiento en el hotel Pontevedra, El Arroyo
29-agoVisita a la bahía de las Águilas
Ruta: El Arroyo – Paraíso – Enriquillo – Oviedo – Cabo Rojo, y vuelta
Travesía en barca y baño en la bahía de las Águilas
Comida en Cabo Rojo
Alojamiento en el hotel Pontevedra, El Arroyo
30-agoDía del Larimar
Intento frustrado de visitar la mina de larimar en Baoruco
Compra de larimar a Julio y Jairo
Baño y comida en el hotel Casa Bonita, Baoruco
Baño en la playa del Quemaíto
Alojamiento en el hotel Pontevedra, El Arroyo
31-agoSalida hacia Santo Domingo
Ruta: El Arroyo – Barahona – Vicente Noble – Azúa – Baní – Yaguate – San Cristóbal – Haina – Santo Domingo
Devolución de los coches y visita a la zona colonial
Cena con Teresa y Elena en el Malecón
Alojamiento en el hotel Palacio, Santo Domingo
1-sepCompras, visita a la zona colonial y comida
Regreso a España del grupo principal en vuelo de Aireuropa
Compras
Alojamiento en el hotel Palacio, Santo Domingo
2-sepCompras y visita a la zona colonial
Primeras consecuencias del huracán Ike
Regreso a España de Begoña y Ángel en vuelo de Iberia

Un poco más de detalle

El viaje constó de cuatro etapas diferenciadas: Samaná, pico Duarte, Baoruco (o Bahoruco) y Santo Domingo. La idea era ver cuanto más mejor, lo que conllevó un cierto stress, sobre todo al principio, hasta pasar la necesaria aclimatación, en sus sentidos estricto y amplio: al calor, los mosquitos, los compañeros de viaje y a la agenda marcada. El viaje, en este sentido, fue de menos a más.

En Santo Domingo, nada más llegar, y en Samaná pasamos mucho calor. Nos preocupaban los mosquitos así que nos pasábamos el día aplicándonos repelentes, eso evitó mayores incidentes. Lo más grave fue una púa de erizo que se le incrustó en el pie a Fidel, lo que nos dio ocasión para visitar el centro asistencial de Las Galeras y conocer a una guapísima y eficiente médico, Indiana, que le atendió a pesar de que casi se carga la mesa de operaciones al ir a subirse. Os podéis imaginar las risas del resto.

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Preciosas las cuatro playas que visitamos en Samaná: Las Galeras, El Frontón, El Rincón y Playa Bonita. Si bien hay que decir que, salvo esta última, el resto estaban hechas una guarrería, llenas de cristales de botellas y plásticos de todo tipo. Es una pena porque los paisajes son maravillosos. Nos sorprendió la temperatura del agua que en la de Las Galeras estaba próxima a los 30º C.

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Me defraudó un poco la excursión al Salto del Limón porque o lo haces a caballo, como lo ofertan los touroperators de la zona, que hay a mogollón, o marchas por un auténtico establo, tal era el olor y la alfombra que te ves obligado a pisar. Es un sitio muy visitado, todos lo recorren a caballo como digo y no hay una senda alternativa para los que como nosotros nos interesaba hacerlo a pie, pues había que entrenar para lo que se nos avecinaba.

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Agradable fue, sin embargo, el baño bajo la cascada y la comida en casa de Santi, asturiano afincado en aquellas tierras y empresario de éxito y por tanto envidiado en la zona, como pudimos constatar. La comida criolla que nos prepararon fue deliciosa, con un cotorro con salsa de coco que se te saltaban las lágrimas acompañado de arroz con guandules (moro) también muy rico. Amena charla de Santi que habló sin parar y cierre con café y mamajuana.

La segunda etapa nos llevó a la zona montañosa de la isla, la central, la zona de Jarabacoa. En el camino paramos a comprar ámbar en La Cumbre. Jarabacoa nos recibió con niebla y temperatura de 16º C lo que, para mí al menos, me significó un alivio. Nos alojamos en el Rancho Olivier donde Matitza, su propietaria, nos acogió con gran profesionalidad los dos días que estuvimos allí, como paréntesis a la gran marcha.

La madre de todas las marchas

La subida al Duarte comenzó el domingo 24 a las 4:30, después de una noche tremenda de viento y agua porque ya estaba el huracán Hanna zumbando de lo lindo. Llegamos a La Ciénaga, punto de partida, recién amanecido. Allí nos dieron de desayunar, se cargaron los mulos y nos pusimos en marcha iniciando así una jornada de 9:30 horas en las que recorrimos 18 Km y ascendimos un total de 1790 m. Fue brutal la subida ¡Qué paliza!

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En La Compartición ocupamos un refugio subvencionado por Alemania antes de su inauguración oficial, lo que hizo que no pudiéramos disfrutar de las instalaciones de aseo, así que a lavarse al río, los que lo hicimos. A las 19 horas era todo oscuridad, la única fuente de luz y calor era proporcionada por una gran hoguera prendida por los guías en el cobertizo/comedor/sala-de-estar.

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Después de la cena, la tertulia giró entorno a la vida en el país, los problemas de paro, la inmigración haitiana, los bajos salarios, la falta de ayuda a los agricultores, la delincuencia, etc. Todo ello con buen ánimo porque esta gente es animosa, atenta y comunicativa.

Nos hacía sentirnos bastante incómodos, sin embargo, el hecho de que esperaran a servirse la comida hasta que nosotros hubiéramos acabado y no valieron de nada nuestras peticiones para que comieran con nosotros. Ellos nos acompañaban, nos daban conversación, pero no hubo forma de que se sirvieran al mismo tiempo que nosotros.

Tras la tertulia, nos fuimos enseguida al barracón para acabar de acondicionar el dormitorio: colocar el saco, poner a mano lo que pudiéramos necesitar durante la noche, etc. todo ello con ayuda de linternas y frontales.

La noche fue de aúpa. No estoy acostumbrado a dormir en el suelo y no soporto el saco. El viento fuera soplaba de lo lindo y entraba por entre los tablones del refugio. A ratos se abría el cielo y caía agua a mantas. Aunque el cansancio era supino no pude dormir más que a ratos, así que a las 6:00 de la mañana ya estaba en disposición de oír los primeros ruidos del campamento: los guías cortando leña, preparando el desayuno y hablando, porque mira que hablan los dominicanos, les encanta.

El día de la ascensión al pico Duarte amaneció soleado y la subida se hizo sin contratiempos. Costaba mover las piernas por el cansancio del día anterior y por la noche pasada, pero subimos, hicimos los honores al señor Duarte, prócer de la patria, tomamos fotos por doquier y emprendimos la bajada a toda prisa porque amenazaba lluvia. La última parte de la bajada la hicimos con agua. A las 15 horas estábamos de nuevo en el refugio, destemplados y sin ganas esta vez de ir al río a asearnos y menos lloviendo como estaba ¡Viva la mugre!

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Pusimos la ropa a secar, preparamos aún con luz el dormitorio. Dispuestos a no pasar una noche como la anterior, pedimos a los guías que nos encendieran una de las chimeneas del dormitorio y agrupamos las esterillas en torno al fuego. Listo todo, nos acercamos a la hoguera del comedor para entrar en calor, dispuestos a cenar lo más rápido posible y en seguida a la piltra.

Después de la cena, la tertulia transcurrió básicamente sobre los mismos temas, si bien había uno que nos preocupaba a todos y era la previsión meteorológica para el día siguiente porque seguía cayendo agua de lo lindo. Por radio nos informaron que tendríamos un descenso pasado por agua, la cola del Hanna nos atacaba, así que decidimos salir lo más temprano posible y así lo dispusimos todo para salir a las 7 horas.

Debido al cansancio, yo a las 21:15 estaba metido en el saco y perdí el conocimiento hasta aproximadamente la 1:30. A partir de ese momento, como la noche anterior, duermevela oyendo la que se nos venía encima. La lluvia era a ratos del tipo diluvio pero lo que más miedo me daba era el ruido que procedía del valle previamente a que nos jarreara. No se qué era, yo pensaba en la oscuridad del refugio que era viento y que se acercaba, lo cual me hacía estar alerta, tenso. Después del impresionante ruido llegaba la lluvia, sin viento, y aunque caía a mares contribuía a relajarme un tanto.

Amaneció, nos levantamos, preparamos los macutos, desayunamos y a las 7:00 salíamos como habíamos previsto. Al principio no llovía mucho pero a medida que avanzábamos fue incrementando hasta hacernos llegar a La Ciénaga empapados. El camino a ratos era un auténtico río. Descendimos todo lo rápido que pudimos, los descansos eran mínimos, la preocupación de los guías iba en aumento. Se hizo larguísimo el camino de vuelta. La entrada al parque se la iban llevando cada vez más lejos. Tras casi 7 horas llegábamos a La Ciénaga entre muestras de alborozo de todos: marchantes, guías y vecinos que creían íbamos a tener que cobijarnos y suspender el descenso. Para nosotros era solo lluvia pero para ellos, conscientes de lo que significa el paso de un huracán, aunque sea de refilón, era motivo de preocupación y responsabilidad.

En La Ciénaga nos ofrecieron sopa y café caliente, lo que nos entonó. Después cargamos los coches y, luego de despedirnos de los guías, emprendimos camino a Jarabacoa. Desde aquí quiero enviar un gran abrazo a Ramón Colón, guía jefe de la expedición, a su esposa Lidia y su hijo Frankeli, a su equipo, los guías Manolo y César, y al guarda forestal que nos acompañó mientras estuvimos en La Compartición. A todos ellos nuestro agradecimiento, estima y recuerdo por la atención, el ánimo, la charla y la compañía que en todo momento nos dispensaron ¡Hasta siempre! Difícilmente olvidaremos los ratos pasados con vosotros.


De vuelta a Jarabacoa pudimos ver los efectos causados por el huracán, crecida de los ríos, zonas anegadas y desprendimientos de tierra. Al llegar al Rancho Olivier nos informó Maritza que sus empleados no habían acudido al trabajo a causa de ello, por lo que Begoña y yo nos quedamos sin el ansiado masaje contratado y Maritza tuvo que desdoblarse para hacer la cena, servirla y atendernos. Todo salió perfecto, la cena deliciosa, a destacar el jamón de cerdo asado que estaba para chuparse los dedos. También a ti Maritza nuestro agradecimiento por tu gran profesionalidad y exquisito trato.

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Y llegamos a la tercera etapa del viaje. Abandonamos Jarabacoa para dirigirnos a la provincia de Baoruco, al suroeste de la isla. Rechazamos la idea de ir de forma más directa, atravesando la sierra, para evitar problemas de carreteras cortadas y así tuvimos que bajar hasta Santo Domingo para desde allí ir por la costa a lo que sería nuestro alojamiento durante los siguientes tres días, el hotel Pontevedra en El Arroyo.

La primera excursión que realizamos en estas tierras fue al Lago Enriquillo, cuya particularidad es que se encuentra a 40 m por debajo del nivel del mar, en busca de cocodrilos. No pudimos verlos debido a la crecida de las aguas ocasionada por los últimos huracanes que han azotado la isla. Los más de dos metros que han subido las aguas han provocado la desaparición de las playas donde estos acostumbraban a estar y en esas condiciones es muy difícil localizarlos. Eso sí, nos hartamos a ver iguanas y cactus y a pasar calor en la isla Cabritos. Pero en plan bien.

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Lo más interesante de la jornada transcurrió en La Descubierta, población a la que llegamos ávidos por tomar una Presidente fresquita. Allí, unos lugareños nos invitaron a visitar el balneario de Las Barías asegurando que de no hacerlo no podríamos afirmar que habíamos estado de visita por aquellos lugares. Así que allá nos encaminamos. Se trata de un parque con inmensos árboles, entre ellos las barías que dan nombre al balneario, con unas piscinas naturales cuya agua aportan varios torrentes. Aunque las aguas estaban turbias por los aluviones y los indígenas lo aprovechan para su aseo personal, nos dimos un refrescante chapuzón y tras ello nos fuimos al chiringuito a comer. Nada turístico, nos sumergimos de lleno en el ambiente local, toda una experiencia.

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El día siguiente nos dirigimos a la Bahía de las Águilas atravesando el parque de Jaragua. En Cabo Rojo, población troglodita de pescadores, negociamos la comida y el traslado en barca hasta la playa de las Águilas. Disfrutamos del mar en esta hermosa y desierta playa y tras ello nos volvimos a embarcar para dar cuenta de unas suculentas langostas, mientras se ensañaban con nosotros los mosquitos y unos pequeños bichos llamados mimes que acreditaron muy mala leche.

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El último día en Baoruco lo dedicamos al larimar, piedra semipreciosa que únicamente se encuentra en la República Dominica. No pudimos subir a la mina pues a pesar de que llevábamos 4x4 la carretera estaba impracticable, pero aprovechamos el tiempo comprando piedras a Julio y Jairo. Después, baño en la piscina y comida en el hermoso y confortable hotel Casa Bonita.

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En Santo Domingo, los últimos días, los dedicamos a visitar la zona colonial y realizar las últimas compras en el mercado central. Begoña y yo visitamos la tienda de Hideaki Seto, comerciante japonés recomendado por José Antonio, para rematar las compras de larimar y ámbar azul.

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Cuando el día 2 salíamos de Santo Domingo aún tuvimos ocasión de sufrir las consecuencias del nuevo huracán que llegaba a la zona, el Ike. Detenido el avión en cabecera de pista esperando volvieran a abrir el aeropuerto, veíamos con preocupación la tromba de agua que nos caía y cómo las alas del aparato se movían arriba y abajo, hasta tal punto que parecía como si fuéramos a emprender el vuelo sin recurrir a los motores. Finalmente pudimos despegar. Pasamos un rato malo de vaivenes pero cuando tomamos altura y dejamos atrás la cola del huracán pudimos respirar tranquilos. Lo peor quedó allí a juzgar por las noticias que nos llegan de Haití, Cuba y Tejas.

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Álbum 3Álbum 4
Álbum 5Álbum 6

Viaje intenso e interesante. Solo queda reconocer la paciencia y organización de José Antonio y Juana que nos han permitido conocer unas tierras y unas gentes de una forma más auténtica, desde un punto de vista más cercano. Y cómo no, nuestro enorme agradecimiento a Teresa y Elena sin cuyo apoyo y atención este viaje no hubiera salido la mitad de bien. Gracias a todos y nuestro cariño por siempre.

El Puerto de Pasapán

(Marcha del 6 de septiembre 2008)

Hacía más de dos años que no subíamos al Puerto de Pasapán por el GR.88. Esto, unido a que las previsiones meteorológicas anunciaban lluvia, hizo que decidiéramos partir del Área Recreativa, distante tres kilómetros de la Estación de El Espinar. Este es un buen punto de partida para varias opciones.

El lugar, vacío como correspondía a la hora y la reciente lluvia caída, más verde creo yo que otras veces y muy tranquilo. En ese pequeño valle sobramos los visitantes; qué silencio sólo alterado por el arroyo.

Enseguida empezaron los sofocos, pues la subida por el GR es bastante empinada al comienzo. Algunos de los participantes que hacía tiempo no acudían mostraron una buena forma física: sin rechistar ni resoplar en toda la larga cuesta.

En plena ascensión dimos la sorpresa a dos corzos en mitad del camino; otra prueba de la tranquilidad del entorno.

Como las nubes fueron clareando desde que empezamos y no llovió, llegamos al Puerto de Pasapán sobrados de fuerzas y tiempo, así que tocó seguir caminando hasta la hora de comer. En esta pequeña prolongación no planificada hubo dos grupos diferentes irreconciliables, con sus respectivas rutas divergentes. Allí eché en falta una buena garrota, en vez de los deportivos bastones; imaginad para qué tipo de ejercicio.

En la comida todos juntitos de nuevo, sobremesa con charlas de vacaciones y aventuras por Santo Domingo, y regreso cuesta abajo hasta los coches. El aparcamiento, tan vacío como por la mañana. La previsión, no la realidad, hizo que casi nadie se decidiera por comer y disfrutar del área. Eso que se perdieron.

Disfrutamos de esa tranquilidad: Carmen y Pepe, Marta y Mateo, Gema y José Mari, Fidel, Javier, Robert, José Fernández, Rosa y yo. Fueron 16 Km, 600 m de desnivel y 6 horas.

Rafa

Una olvidada: Siete Picos

(Marcha del 30 de agosto de 2008)

Puse en la convocatoria más de cinco años que no subíamos por allí, pero creo que me quedé corto; no recordé la mayor parte de camino de la mañana, por la cuerda de los citados picos. Y como yo muchos de los asistentes, por lo que prácticamente estrenamos nuevo itinerario.

El comienzo se presentó muy negro en los dos sentidos, figurado y real: unas nubes amenazadoras de lluvia y un viento considerable hicieron una vez más de filtro de otros excursionistas que siempre abundan por la zona .Ese mismo viento se ocupó más tarde de limpiarnos de nubes los picos más altos para disfrutar de las preciosas vistas que hay de toda la Sierra de Guadarrama.

El Collado Ventoso no hizo honor al topónimo: el viento había disminuido considerablemente, por lo que los calores propios de la estación aparecieron, al igual que otros grupos de excursionistas. Allí se despidieron Bustar y Teo, que consideraron suficiente actividad para este retorno por todos celebrado.

El resto continuamos hasta el Puerto de la Fuenfría continuando por el Camino Schmid (no sabíamos que iba por allí, hasta la Carretera de la República) admirando al paso el valle desde el Mirador de la Reina. Curiosa esta denominación monárquica de tan bella vista.

Tras del paso por la Fuenfría, comida y tertulia en sombra de pinos y regreso por el camino de umbría que creíamos era el Schmid. Enlazamos con éste dos kilómetros detrás y llegamos a media tarde al Puerto de Navacerrada.

En total fueron 16 Km y unos 500 m acumulados de desnivel que caminamos Bustar y Teo, Magu y Carlos, María, Vicki, Mateo, Carmen y Pepe, Rosa y yo.

Rafa

En familia

(Marcha casi clandestina del 23 de agosto de 2008)

Previendo la poca presencia de caminantes, tenté a los indecisos presentes con una marcha corta y fácil, y funcionó; hasta mi hija María se apuntó. Al final fuimos seis: Vicki, Javier Seijas, José Fernández, María, Rosa y yo.

La Barranca nos recibió con la bonanza meteorológica de otras veces, y aparentemente con más personal concurrente del que era de desear. Luego comprobamos lo de siempre: a los pocos centenares de metros de camino desaparece la mayoría.

Hicimos el itinerario habitual por la Senda Ortiz, que daba gusto toda verde alfombrada de gayubas en un buen trecho, los dos miradores al exterior e interior y, caminito arriba caminito abajo, nos presentamos en la Fuente de la Campanilla a comer. Allí tuvimos la suerte de poder ocupar una de las dos mesas junto al agua fresca, como confirmación de la poca presencia de gente por la zona.

La comida, y sobre todo la sobremesa, fantásticas: dignas de domingueros consolidados, excepto que faltó la siesta. Javier se volvió antes de los demás, si bien se entretuvo ayudando a unas chicas muy concienciadas con el entorno de la fuente para desatascar de piedras y piñas su sumidero. No lo lograron del todo, pero quedó mucho mejor la salida del agua. Por algo le dieron el primer premio de la Federación de Montaña.

De vuelta al Hotel de la Barranca, refrescos y cafés en su terraza muy concurrida y todos a casa. Hicimos unos 12 Km y 300 m de desnivel.

Rafa