La última de la temporada, o no

Con los popes del grupo de vacaciones y habiendo faltado las dos últimas marchas me convirtieron en organizador de la que posiblemente sea la última marcha de la temporada. Andaba yo remiso pues no tenía claro ni los que pudieran participar ni sus intereses y así llegó la mañana del jueves y no recibíamos el e-mail anunciador. Accedí a la memoria virtual, repasé las marchas tiempo ha realizadas y lancé la convocatoria creyendo contentar al personal.

Con los calores que estábamos padeciendo y después de la paliza pirenaica, presumí que lo mejor era plantear, más que una marcha, un paseo por el monte, es decir, poco desnivel y ajustada distancia. Para salvar el calor lo mejor era acudir a la parte segoviana de la sierra y recordé una marcha que hace ya dos años, cómo pasa el tiempo, nos dejó muy buen sabor de boca, eso sí acortándola pues no creía apropiado llegar hasta la Pinareja, pues suponía yo que no aguantarían las fuerzas ni nos dejaría el calor.

Nos presentamos a la cita en Revenga, como siempre a las 10: Carlos y Magu, Robert, Javier Seijas y nuestro reciente fichaje Christopher, Fidel, Luz, Begoña y yo. Según íbamos por la carretera de A Coruña se divisaba congregación de nubes en la vertiente segoviana, lo que pudimos comprobar nada más atravesar el túnel de Guadarrama pues el día allí amaneció nublado y fresquito. Aún no me acostumbro a esa sensación placentera que te ofrece la divisoria serrana que te hace pasar del calor sofocante al frescor vivificante del otro lado. Eso si, enseguida te asalta la duda de si no te habrás equivocado al venir en pantalón corto y sandalias, como corresponde a finales de julio, y si llevarás en el macuto lo necesario para guarecerte de lo que pueda devenir.

Nos tranquilaron en la tahona de Otero de Herreros. Íbamos con tiempo y nos paramos allí, a pesar de que hay que dejar la carretera y atravesar todo el pueblo, pero es que nos encanta el pan que hacen y los bollitos que venden. Como digo, nos animaron los lugareños que vaticinaban un pronto levantar de las nubes haciendo vencedor al sol una vez más. Así que nos fuimos a Revenga con renovada ilusión. Begoña, por si acaso, se alargó las perneras y se puso una camisa por encima de la camiseta de tirante. Yo, chicarrón del norte, mantuve mi terno de pantalón corto, manga corta y sandalias.

Después de tomar café y reunirnos los participantes, cogimos los coches para llegar hasta la cola del embalse de Revenga-Riofrío que, aunque algunos carteles prohíben el paso, te ahorran al menos 6 Km y además dejas los coches en sitio preparado al efecto, sin que estorben ni afeen las cunetas. Nos cambiamos de calzado, nos dimos crema que los UVA atizaban de lo lindo y comenzamos a caminar con nubes y claros.

La ascensión al Collado de Río Peces se desarrolló como siempre, es decir, que nos perdimos. Mira que está claro el mapa pero, entre las nuevas cercas que han colocado, nuestro ansia de tirar p’arriba y la certeza de que acabaremos en la pista asfaltada que corta a media altura el monte hasta Valsaín, el caso es que siempre nos cuesta coger el camino correcto. Lo mismo nos ocurre una vez abandonamos la pista, que si es mejor por aquí, que si hay que tirar recto, al final nos chupamos una subida de no te menees pinar a través hasta que damos con la pista que finalmente nos lleva al collado.

Mi idea inicial era hacer una paradita, continuar hasta el Cerro de la Muela para gozar de las magníficas vistas que desde allí se disfrutan y volver a comer al collado y echar la siestecita. Pero el pueblo manda, o lo que es lo mismo, hace lo que le da la gana. Los que iban en cabeza pasaron de las vistas que nos ofrecía el cerro y continuaron hasta el pico antesala de la Pinareja (2149 m). Allí me plantearon continuar hasta la citada y yo, líder responsable, dije que no, que esperábamos al grupo pues había convocado a una marcha con un desnivel de 600 m y llevábamos 940. Así que me quedé a esperar al resto de la tropa con un cabreo de aupa pues yo no podía continuar, fiel a lo planteado, los unos seguían marcha y los otros subían jurando en hebreo con aquello de joer con los 600 de desnivel.

Los que continuaron la marcha fueron Carlos y Magu, que con eso de que se van un mes a la playa querían echar el resto; Christopher, que como viene a conocer España se apunta a un bombardeo; y Fidel, que se olvidó por un rato de Luz y del mecanismo de feria que imita el canto del jilguero con el que nos estuvo mosqueando durante toda la subida. El resto, como digo, nos reagrupamos en el pico sin nombre.

Allí fue la segunda de mosqueo. Mi pretensión de comer al frescor del collado se vio boicoteada por Robert con la monserga de la hora apropiada para comer en Europa y Javier empeñado en no perder altura para seguir disfrutando de las vistas. No valieron de nada las insinuaciones de que como saliera el sol nos íbamos a achicharrar, ni las incomodidades de los peñascos, ni el viento que a rachas azotaba el picacho. Combatían estos argumentos con lo tapa la nube, mira que piedra más plana o bajamos un poco para que no nos de el viento.

No hubo manera, nos quedamos a comer, se incorporaron los de la Pinareja, agotamos vituallas, se fueron las nubes, recogimos aprisa y bajamos al collado con una solana de espanto y a carajo sacao. En el collado, frescor entre los pinos, mullida la pradera, nos tumbamos y silencio, el personal durmiendo, descansando, que rato más agradable. Hasta un caballo nos vino a visitar al trote, tal era la paz que reinaba.

Luego que nos desperezamos, emprendimos el descenso por la zigzagueante pista que conduce a la asfaltada y cuando llegamos al lugar que el mapa marca como fuente y que nunca encontramos, enviamos en avanzadilla a Fidel y Javier en su busca. Para qué quieres más. En qué hora se nos ocurrió mencionar la fuente. Esperamos, chillamos su nombre, hicimos sonar los silbatos. Perdimos al Seijas. Qué preocupación. Qué responsabilidad. Esto se iba a saber en todos los foros de montaña. No volvería a organizar una marcha más pues se me perdían los partícipes. La’ostia tú.

En el arroyo de la Acebeda hicimos un alto para esperarle. Mientras, aprovechamos para descalzarnos y meter los pies en la corriente. Alguno se lavó como las palomas pues la poca profundidad no daba para más. Conscientes de que Javier no vendría por el mismo camino que habíamos traído, supusimos que se habría tirado monte abajo y así fue, nos lo encontramos de frente, por el camino paralelo al arroyo que ahora llevábamos nosotros, venía a nuestro encuentro después de haber llegado a los coches y constatar que aún estábamos de camino. Vaya carita que traía, que sofoco portaba. Ya más tranquilo, se quedó admirando un rato la obra de los romanos para llevar agua hasta el acueducto de Segovia.

Tras 9¼ horas de marcha, 16 Km de recorrido y 980 m de desnivel (algunos hicieron más, claro) nos acercamos al pueblo para reponernos del susto, saborear los matices de la jornada y rehidratarnos con abundante cerveza. Así dimos por terminada, en la práctica, la temporada montera.

Fotos de la marcha

Hasta pronto, habrá más que contar, digo yo.

You are so beautiful

Nos recomienda Fidel este vídeo que ha localizado en la internés en el que Joe Cocker y Patti LaBelle interpretan You are so beautiful acompañados al piano por Billy Preston.

Me gusta la canción pero como vídeo no se, hay algo que me desestabiliza. Como podréis ver, parece que nuestro Joe no pega en la fiesta, que pasaba por allí el hombre y le animaron a intervenir. No lo digo solo por la indumentaria, en contraste con la del resto, sino porque parece que no se ha traído ni la voz, pues desde que sale al escenario la está buscando. Luego, cuando aparece la Patti la órdiga tú, que voz, qué movimiento. No hace más que animar al pobre Joe para que también se mueva un poco, pero este es como es y no se lo acaba de creer pues a él le habían dicho que era una cosa tranquilita. Para colmo, cuando cree que ya han acabado y se besa con la morena, va el presentador e intenta ahogar al pianista u obligarle a cantar, que no está claro. Qué desmadre.
Por lo menos no invitaron a Chiquetete, el mal gusto nos ha invadido o acaso siempre lo tuvimos.

Subida a Cueva Valiente

Cita : Pueblo serrano de San Rafael, “última localidad segoviana (y con ello castellana) que linda con la Comunidad de Madrid (Puerto de los Leones)”, según Wikipedia. “Población de 2441 habitantes que casi se triplica en verano. Con origen que se remonta a 1784, en que se construyó una casa de postas por orden de Carlos III” (sic).

Subida a Cueva Valiente. Mañana calurosa de un mes de julio, ¡como tiene que ser!. La mitad de las huestes, como es habitual en vacaciones. En total, 9 caminantes intrépidos se prepararon para ascender los 700 m de altitud en 15 km de recorrido más o menos, que Rafa nos ponía en su invitación-convocatoria.

¡Menos mal, en el inicio, fuente con agua bastante fría justo en los límites del pueblo (junto a las piscinas, que a la vuelta nos invitaban a darnos un chapuzón)!. Muchos rellenamos nuestras cantimploras. Subida por un caminillo bordeado de pinos que nos daban su sombra (el tal caminillo resultó ser el GR88, que recorre la Sierra Norte de Madrid), con un arroyo cercano. Y subiendo, subiendo, nos hicimos casi sin enterarnos los 500 m que nos llevaban al collado del Hornillo, donde charlamos sobre mapas con unos ciclo-montañeros. Después, subiendo, subiendo, llegamos al punto más alto, desde donde descenderíamos y trataríamos de encontrar la afamada Cueva Valiente. La tal cueva se nos resistió y no quiso mostrarse a nuestro paso, así que ¡otra vez será!. Arriba, toda la sierra a nuestros pies, y un airecillo fresco que nos hacía desear quedarnos allí todo el tiempo posible. Pero Rafa llamaba a toque de fagina en un lugar adecuado y empezamos el descenso.

Las huestes hambrientas no querían caminar más, y en el primer trozo de sombra en que cabíamos todos, allá nos asentamos. Comida y siesta, con lecciones de entomología entre tanto (¿es una cigarra?, ¿qué bicho es?, ¡quítale de mi chaqueta!). Y vuelta a reemprender el camino, ahora de bajada, muy pendiente y a pleno sol, con el agua escasa y ya caliente, y con ganas de tomarnos una cerveza gigante al llegar. Conatos de pérdida (¿es este el camino o es aquel otro?) que el mapa no ayudaba mucho a resolver. Pero al final la pericia de Rafa, ayudado por Jose, eligió el camino correcto.

Y a las 18 horas en San Rafael, en la terraza de un bar que nos salió al camino; cerveza, refrescos, aceitunas y patatas fritas. Y vuelta a Madrid, después de unos escarceos ideológicos sobre la bondad de lo público y lo privado, arreglando un poco España y el mundo. Y hasta la próxima convocatoria...

Los que acudieron a la cita en esta ocasión fueron Begoña, Luz, Jose, Carlos, Javier, Fidel, Viqui, Rosa y Rafa.

Luz y Fidel.

Post Pirineos

Con resaca en los ojos, causada por los paisajes de Pirineos V, una reducida tropa se presentó en Rascafria, con ánimo de perdonarle la vida a nuestra querida y aparentemente menor Sierra.

¡El Reventón! Puaf, donde estén los Pirineos. Si, Si….

Los nueve empezamos la marcha con calores, robles y sombras, a través del delicioso camino histórico Rascafría- La Granja.

Ya sobre la pista, superada la primera parte de camino, empezamos a ver las nubes y aguaceros al otro lado del valle. ¡Qué suerte! Nos decíamos.

¡Qué frío! Pasamos a decir al coronar el puerto. Y que niebla, y que viento. Tanto es así que a pesar de lo favorable del horario, se decide anular la subida al pico Flecha, recortar la marcha e iniciar el descenso, en busca de la guarida para comer que ya Rafa había fichado en la subida.

Con los primeros postres las primeras gotas. Zafarrancho de recogida y puesta en marcha. Poco después, tremenda granizada, lluvia, viento y algún relámpago a lo lejos.
No son los Pirineos pero ¡vaya carácter el de nuestra Sierra!

Un americano se nos cruza en el camino y pide consejo sobre rutas. Además, pide que le acojamos para alguna marcha futura. Se acepta después de recepcionar su tarjeta de de “Vagabond pet setting”, que es algo así como recogida de perros vagabundos, cosa que emociona a Vicky, y a los demás nos parece muy bien. Se llama Cristobal/Cristopher.

Cerca ya a Rascafría escampa. Pequeña parada, y pa’l pueblo.

Como era temprano intentamos una visita cultural a la iglesia del Paular, que al parecer tiene un gran retablo, pero cuando llegamos estaba el cura cerrando la iglesia.

Después de una cerveza, algunos nos dirigimos al V gran festival folk de la Sierra Norte, organizado por el PAMAM (¿te acuerdas Gema?). Aguantamos 4 piezas de folk heavy de la coral de Torrelavega y no pudimos ver a la gaitera gallega Cristina Pato.
La coral y el frío pudieron con nosotros.

Asistentes: José Antonio, Juana, Jose, Vicky, Rafa, Rosa, Javier, Mabu, Carlos.
Scores: 900m, 19 km, 7 horas.

El gafe (A mi amigo Ángel)

(partido de tenis Nadal-Federer; Final de Wimbledon julio 2008;
escenario, un pequeño bar en Plan - viaje de Pirineos V)


Que soy un gafe de marca
me dice Ángel mi amigo,
pues cuando la tele miro
nuestro gran Nadal se atranca.

¡Vaya humor lleva consigo
este chulín de retranca,
hasta con la mano manca
sabe acertar el ombligo!

No será, oh Ángel divino
que tú, al preguntarme, fueras
un supergafe supino?

Ahí quedan estas estrofas
con la duda en el camino
que tú, sobre el gafe, lanzas.

Pirineos V

Una vez más, hemos cumplido nuestra anual cita con los Pirineos de la mano de Rafa Bayona y sus ayudantes César y Maru. Y nunca mejor dicho lo de la mano porque la organización de este evento ha rozado la perfección: magistral la elección de los lugares a visitar, impecable la logística, ajustado el timing, … ¿Qué más se puede pedir?

El viernes, la tropa fue acudiendo al hotel de concentración en San Juan de Plan, cada uno a su hora, que hubo quien salió antes o que estaba más cerca. Pero a la cena todos estábamos como clavos, alborozados por el encuentro y expectantes por lo que había de depararnos la presente edición pirenaica.

Ascensión al Comodoto

Una tardía y grande nevada imposibilitó la prevista subida al Balcón de Pineta y al lago de Marboré. Pero profesionales como son, Rafa y César visitaron la zona la semana anterior para cerciorarse in-situ de lo que les anunció un e-mail mío, cuya fuente no voy a desvelar pero que ha demostrado ser solvente, variaron la trazada de la primera marcha proponiéndonos la subida a este pico de extraño y oriental nombre, el Comodoto (2361 m).

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Después de desayunar, nos dirigimos al valle de Pineta, desde donde partía la marcha. El día era soleado con nubes. No obstante, había riesgo de tormentas por la tarde, por lo que nos aprestamos a portar el equipo adecuado, por si acaso, y emprendimos la marcha una vez nos hubimos sobrepuesto al espectáculo que ante nuestros ojos se mostraba, qué maravillo paisaje, y departiéramos sobre si podríamos haber hecho la marcha planeada o no.

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La marcha transcurre por el GR.11 que tomamos por detrás del parador y que asciende decidido hasta el refugio de la Larri, lugar de la primera parada de concentración de huestes e hidratación.

A medida que íbamos ganando altura, en cada plataforma alcanzada, se imponía una paradita para solaz visual, invitaba a ello la grandiosidad del paisaje, las verdes praderas, las flores y las escurridizas marmotas que a nuestro paso corrían en busca de madriguera.

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Precioso el camino por la Plana es Corders y luego por la Plana Fonda, así hasta divisar el Comodoto al que a medida que nos íbamos acercando nos preguntábamos si sería realmente necesario ascender, dado el cansancio acumulado y la pendiente que aún nos restaba por cumplir.

Plantados en la Collata las Coronetas, pareció lugar adecuado para comer, por lo que Rafa (Castro) nos dijo: hala, subir que aquí os espero. Dicho y hecho, aprovechando tan solícito vigilante dejamos los macutos a su cuidado y nos aplicamos en coronar el pico, que para eso habíamos venido.

Ascensión durilla, pero qué gozada una vez estás en su cima. Dominando el paisaje circundante, sintiendo el fresco viento, el personal se alboroza, ya no siente cansancio sino ganas de admirar, descubrir y cantar el tintirinti que la tradición manda entonar cuando se superan los dos mil metros de altitud.

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Descendimos al refectorio escogido a dar cuenta del almuerzo y tras breve reposo emprendimos el regreso por donde habíamos venido. En el refugio de la Larri hubo sesión de estiramientos, yoga y masajes o simplemente tirarse sobre la hierba, que la marcha había sido exigente y aún quedaba un buen tramo hasta los coches.

La última parte del recorrido la hicimos por la pista de la Larri que, entre hayas y cascadas que a nuestro paso nos refrescaban, tal era la fuerza con la que caía el agua, nos llevó hasta el aparcamiento. Tiempo justo para tomar una cerveza y enseguida coger los coches con destino al hotel para darnos una ducha, cenar comentando los avatares de la jornada y prestos a dormir pues al día siguiente nos esperaban más sensaciones.

En total, la marcha fue de aproximadamente 20 Km, una ascensión acumulada de 1160 m y 10 horas y ½ de duración.

Al Ibón de Plan o Basa de la Mora

Domingo, con nubes y claros. Las previsiones eran que nos llovería, que tendríamos tormenta, así que otra vez a pasear el gore y los pantalones de agua.

La marcha planteada exigía operativo de coches pues saldríamos de Plan y llegaríamos a Saravillo, pueblo distante unos 9 Km; así que después de dejar al grupo en Plan cambiándose de calzado y aprovisionando pan, nos dirigimos los conductores a dejar los coches necesarios para el regreso.

A las 9:13 iniciamos la marcha por la carretera que baja al río y a las piscinas municipales, pasadas las cuales giramos a la derecha por una pista paralela al río. Al principio, el camino es casi llano, fácil, para ir calentando. Después de vadear enormes charcos dejados por la tormenta de la noche anterior, nos sumergimos en un hayedo siguiendo las marcas de un PR que nos hizo ascender ya de forma continua.

En aquella umbría, con rampas considerables y humedad constante, el sudor fluía fácilmente. Atravesamos pedreras y por dos veces el torrente que desagua en el embalse de Plan d’Escún, donde aprovechamos para hacer paradas de refresco y avituallamiento.

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Tras 3 horas y ½ de ascensión accedimos al camino que sube desde Saravillo al Ibón y que luego recorreríamos en nuestro regreso. Desde este punto la pendiente se suaviza y convierte en un agradable paseo por pradera entre pino negro y rododendros hasta llegar a la Pleta, enorme y verde pradera con vistas a las cumbres de Espouy. Qué maravilla de paisaje, qué descanso para la vista.

Pero lo impactante estaba por llegar. Cuando después de atravesar la pradera, rodeado de pinos y vacas pastando, descubres el Ibón, no das crédito a lo que ven tus ojos. Es sin duda uno de los paisajes más bellos del Pirineo, que es como decir de España entera. No extraña la fama que este lugar tiene, a la que ha contribuido el hecho de que se puede ascender en todo terreno hasta bien cerca, hasta el refugio de Lavasar, lo cual yo prohibiría si no queremos que se convierta en una romería.

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Cuenta la leyenda que si subes al Ibón en la noche de San Juan y te lavas la cara en sus aguas heladas y azules antes de la salida del sol, verás que el agua se empieza a mover. Al principio despacio y, poco a poco, más aprisa, formando un remolino vertiginoso. Y en el mismo instante en que aparece el primer rayo de sol por Armeña se levanta lentamente del centro una forma brillante. Y cuando el sol se ha extendido por todo el azul de la Basa, esa forma brillante se transforma en una hermosa mujer. Al momento comienza una danza mágica, armoniosa, que embelesa. Se desliza tan ligera como el aire. Dicen que es el alma de una Princesa Mora que se perdió entre las montañas del Valle huyendo de una guerra. Pero sólo los que tienen unos ojos y un corazón puros pueden ver a la Princesa Mora de las cumbres, sólo quienes tienen la mirada limpia pueden llegar a ver toda la belleza que el ibón esconde.

Como ni era San Juan ni llegamos al amanecer, por más que lleváramos puro el corazón e hiciéramos nuestras abluciones no pudimos ver a la princesa, pero si quedamos fascinados con la belleza del paisaje y como era la hora del almuerzo, nos prestamos a ello con deleite que no siempre se te brinda la oportunidad de comer en lugar tan maravilloso.

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Algunos estaban aún comiendo, otros ya descansando al sol sobre la tupida hierba que circunda el ibón cuando las vacas se adueñaron del lugar expulsándonos de allí como auténticas dueñas del terreno. Conocedoras de los rastros que dejamos los visitantes, por más que nos empeñemos en no dejarlos y sus polémicas hay en el grupo sobre si se puede o no tirar mondas y migajas, allá acudieron en tropel con novillos y algún buey a olisquear y comerse cuanto a su paso encontraron. Y claro nos levantaron, pues no estamos acostumbrados a relacionarnos con estos bichos. Hubo quien trató de disuadirles blandiendo bastones o dejándose olisquear los pies, que después de la subida el olor que desprenden puede anestesiar a cualquier humano pero que se demostró inútil con las vacas pirenaicas, qué raza, oye. Lo que no sabemos es qué efectos secundarios tendrá sobre los que consuman sus ricos chuletones.

Forzados por el ganado no tuvimos más remedio que emprender con desgana el camino de regreso, tan bien se estaba allí. Desandamos el tramo hasta la bifurcación antes comentada y enfilamos en dirección al refugio de Lavasar para, desde allí, tomar el GR.15 que nos conduciría a Saravillo. Largo descenso entre pinos negros y albares y también algún roble pelón. Tiempo tuvimos para hacer una paradita junto a un abrevadero y hacer los estiramientos y relajaciones al uso y refrescarnos poco después en el torrente Gallinés. Así llegamos, estirado el grupo, a Saravillo donde cogimos los coches de regreso a Plan.

Fueron 16 Km de recorrido que nos ocupó 9 horas, descansos incluidos, con una ascensión acumulada de 935 m y 1015 m de descenso.

En Plan nos tomamos una bien merecida cerveza para reponer líquidos mientras Federer apretaba a Nadal después de que este fuera ganando los dos primeros sets. Para mí que tuvo la culpa Fidel, no la lluvia ni el orgullo herido del helvético, pues cada vez que entraba al bar para ver cómo iban, el pobre Nadal lo notaba y perdía el punto. Qué gafe, tío.

Visita turística

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Como es ya tradicional, el día de regreso lo aprovechamos para visitar alguno de los muchos sitios de interés que hay en las inmediaciones. Esta vez nos tocó visitar la medieval y bonita villa de Alquézar, en plena sierra de Guara. Allí, una guía nos explicó sus orígenes y el renacimiento económico que está teniendo lugar gracias al turismo, cómo se están rehabilitando sus edificaciones y las oportunidades de turismo activo que tiene la zona, como senderismo, escalada, barranquismo, etc.

Tras visitar la Colegiata nos dirigimos a comer a Bierge. En la comida se hizo el oportuno balance del viaje, se alabó la organización, se renovaron votos para volver el próximo año y se vertieron algunas sugerencias para Pirineos VI. Tras ello, las despedidas, cada cual a su vehículo y emprender el regreso a casa.

Participantes

A esta edición acudimos: Rafa Bayona, Maru, César y Trini; Juana y Belén; Rafa y Rosa; Fidel y Luz; Robert y Monique; Carlos, Mabu, María y Mateo; y Begoña y yo.

Ver álbum

No queda más que agradecer nuevamente a los organizadores de estas montañeras visitas su dedicación y buen oficio, y desearles que la fuerza les acompañe para que la próxima edición salga como esta, o como la anterior, o como la anterior a la anterior. No podemos pedir más porque más no se puede ofrecer.