De buena nos libramos

A toro pasado, dado el temporal de nieve habido en la cornisa cantábrica, hicimos bien en dejar para mejor ocasión nuestra visita a Cerulleda. Si además cuentas con la pronta iniciativa de Luz para cambiar de rumbo y enfilar a tierras extremeñas se puede decir que nos lo pusieron como a Fernando VII.

El lunes de pasión nos entró el miedo a unos y otros y temerosos de quedarnos, en el mejor de los casos, jugando a la brisca los cuatro días en el albergue, intercambiamos llamadas de urgencia para cancelar el viaje previsto. Fue cuando la indómita Luz, rebelándose a la idea de pasar la semana santa en Madrid nos propuso invadir su casa en Malpartida de Plasencia y desde allí visitar zonas que en estas fechas lucen sus mejores galas. Estábamos todos ya hechos a la idea de abandonar esta urbe durante los días festivos, así que allá nos dirigimos con renovada ilusión, tratando de cambiar el switch de la posición ruda montaña a la de dehesa con suaves desniveles.

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Después de reunirnos el jueves en Malpartida, nos encaminamos a visitar el P.N. de Monfragüe. Allí dimos un grato paseo hasta el castillo desde el que se contemplan unas magníficas vistas de la reunión de los ríos Tiétar y Tajo y de las dehesas circundantes. Tras ello, nos detuvimos un buen rato para observar la desmedida cantidad de buitres que anidan en los riscos cercanos al castillo y que hace preguntarte si no nos estaremos pasando con el excesivo proteccionismo de estas aves, pues no parece muy normal tal cantidad. Gracias al catalejo portado por Fidel pudimos contemplar de cerca a estas aves y fisgonear en un nido de cigüeña negra donde una madre alimentaba a su cría, enternecedor y raro avistamiento para nosotros.

El viernes nos dirigimos a Guijo de Santa Bárbara para realizar una marcha por la garganta del Jaranda. La intención inicial era subir hasta la portilla del mismo nombre, desde la que se nos prometía divisar el valle del Tiétar y la sierra del Barco, pero un desvío del PR nos dirigió, para alivio de algunos, a la Ermita de Ntra. Sra. de las Nieves, donde comimos y echamos una agradable siestecita al sol. En esta ocasión pudimos ver cabras monteses pastando en los alrededores y oír asombrados la especie de silbido que emite el macho cuando se apercibe de peligro.

La marcha en sí no fue dura, apenas 14 Km de recorrido con un desnivel acumulado de 721 m que realizamos en 7 horas. Tras regresar al pueblo, tantas ganas de jarana tenía el grupo que inmediatamente cogimos los coches y nos fuimos de visita a Garganta la Olla, precioso pueblo en las cercanías de Yuste que estaba, como era de imaginar, hasta la bandera de personal.

Lo animado vino después, cuando volvimos a casa para ducharnos y preparar la cena, ya que ducharse 9 y pelearse más de 5 en los fogones fue faena sobresaliente de improvisación organizada. El caso es que salió todo fenomenal, como esas orquestas sin director o director malo que se saben la partitura y que la interpretan a pesar de ello de forma sublime, consiguiendo que el público no eche de menos la ausente batuta. A la mesa se llevaron ensaladas, quesos, vinos, dulces y como plato principal un redondo de carne patrocinado por Seijas -Javier desde ahora, pues reivindica la utilización de su nombre de pila ahora que no viene al monte homónimo o tocayo suyo- acompañado por puré de patatas preparado con maestría por Robert que nos sentó a todos de maravilla.

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Dedicamos la mañana del sábado al shopping en Malpartida. Nos llevó Luz a visitar a sus vecinos y amigos de la Panadería Serrano Tejada, donde cargamos con pestiños, rosas, rizos, etc., dulces típicos de la zona, y aprendimos algo del oficio gracias a sus amables y pacientes explicaciones. Visitamos una tienda de artículos de piel que también invadimos y donde tocamos todos los objetos menos tres, pedimos precio de todos y adquirimos algunos. Despedimos a los que se volvían a Madrid esa mañana y el resto nos dirigimos, en contra de lo que aconsejaba la evolución del tiempo, a Casas del Castañar, en el valle del Jerte, a contemplar sus florados cerezos. La lluvia y la hora nos persuadieron de abandonar la marcha prevista e irnos a pasear a Plasencia, donde nos cayó la mundial y tal era la gente vagando por sus calles e inundando los bares y restaurantes que decidimos comer, recoger los enseres y regresar a los madriles.

Fotos del viaje

En resumen, experiencia convivencial muy interesante, paisajes bellísimos, de andar lo justo y ya veremos cómo nos quitamos el exceso de peso por pestiños y demás dulces traídos, así que el sábado habrá que esforzarse a tope.

El Valle de los Hoyos, maravilloso paisaje

No acaba de sorprendernos esta sierra nuestra. El sábado pisamos uno de esos lugares cuya belleza te maravilla, te sobrecoge. Esos sitios donde no llega gente, ni ruido, donde te encuentras con la naturaleza moldeada por el paso del tiempo y donde no requieres a tu lado un experto que te lo muestre pues ya por sí misma te encandila, si además llevas al versado en la materia la marcha se convierte en gozada total.

El sábado intentamos de nuevo hacer el recorrido programado el pasado 9 de febrero y que no pudimos realizar por motivos comentados en crónica anterior. Tampoco lo conseguimos esta vez. No vale de nada diseñar mediante mapa+GPS+GoogleMaps nuevas marchas. Cuando buscas nuevos itinerarios, abrir rutas, hay que patear la sierra, equivocarse, arañarse, tropezar, regresar de noche, ...


La ruta parte de la Ermita de Santa Marta (1040 m), a orilla de la M-604, y sube por pista hasta un mirador desde el que se divisa el valle alto del Lozoya. Disponemos ya de los datos suficientes para acortar la marcha evitando las zetas de la pista y ganar tiempo, que no vendrá mal cuando intentemos realizar la marcha completa. A partir del mirador, se continúa la pista hasta la siguiente curva, se toma un ramal que sale a la izquierda hasta agotarlo y se adentra uno por senda que asciende paralela al Arroyo de los Hoyos. Entre robles, ahora desojados pero que en junio estarán ya decorados, escobas y zarzas, malditas ellas, la ascensión es relativamente fácil, vas ganando altura casi sin darte cuenta y cuando sales de la maraña, aunque el sendero desaparece, ya empiezas a darte cuenta de que te encuentras en un lugar como hay pocos.

Llegamos hasta los 1950 m de altitud, la hora y el viento nos desanimaron a continuar, así que, después de hacer votos para volver, de proponer para el futuro cómo alargarla y si regresar por aquí o por allá, descendimos un trecho y nos cobijamos para comer.

El regreso era tranquilo hasta que de pronto Mamen se alarmó y nos alarmó a todos pues había perdido en el descenso el forro polar con llaves, dinero y demás enseres. Se organizó una partida de rescate del forro perdido. Bueno lo de organizar es un eufemismo porque por más empeño que puso Rafa en disponer una batida al más puro estilo CSI, cada uno desanduvo la ruta seguida como le vino en gana, eso sí muy animosos todos los que nos pusimos a ello. Tan animosos que superamos el punto donde habíamos comido, lugar donde según la apenada Mamen aún lo conservaba, hasta que, temiendo se nos echara la niebla encima y dada la hora, decidimos emprender el regreso.

Bajábamos con total desánimo cuando nos avisaron que habían encontrado la prenda buscada en el fondo de la mochila de la interfecta que entre lloros de alegría y bochorno por el numerito montado no sabía donde meterse.

Lo que tocaba ahora era arrear para procurar llegar a los coches antes de que se nos echara la noche encima, lo que ocurrió. Gracias a que la luna iluminaba la pista y con alguna ayuda de linternas y frontales llegamos en varios grupos a los coches. Aún hubo que organizar el salvamento motorizado de Ana, invitada de José Antonio, pero eso es otra historia.

Fotos de la marcha
por José Antonio Espí

Los que hicimos la marcha completa, incluido extra en busca del forro perdido, anduvimos unos 18 Km, con una ascensión acumulada de 1285 m y empleamos 9 horas y 40 minutos. Los participantes: José Antonio, Juana, Ana, Rafa, Pepe, Miguel Ángel, Mamen, Jose Mari, Gema, Belén, Carlos, Mateo, Viqui, Begoña y yo.

En cuanto que los días sean más largos, programemos mejor las paradas técnicas y los tiempos, conseguiremos hacer esta marcha completa, que no quepa duda.

Strauss en el Monumental

Ayer tuvimos la ocasión de escuchar música de Richard Strauss en el Teatro Monumental de Madrid que programó las Cuatro últimas canciones y la Sinfonía alpina y tengo que reconocer que, contrariamente a lo que me esperaba, me gustó más la primera que la segunda parte. Debería decir que me cautivó más la primera porque gustarme me gustó todo el concierto, pero es que los lieder iniciales y sobre todo el segundo tema –September- son de un gran lirismo.

A veces, a un concierto que de antemano sabes que va a ser animado, me refiero a muchos intérpretes, mucho viento y mucha percusión, acudes con ganas de quitarte la neura, de expulsar la tensión del día por vía del sonido producido por otros que te rodea, te abruma, te aplasta contra la butaca por temor a que se caiga el techo, … y quedas como nuevo.

Esta vez, aunque la convocatoria de Fidel se centraba en la Sinfonía alpina, como reclamo a Losdelmonte, conecté más con la primera parte, más relajada e íntima. Incluyo a continuación un ejemplo de lo que oímos, se trata del lieder mencionado arriba, para disfrute general.


La letra de Hermann Hesse dice:
September Der Garten trauert, kühl sinkt in die Blumen der Regen. Der Sommer schauert still seinem Ende entgegen. Golden tropft Blatt um Blatt nieder vom hohen Akazienbaum. Sommer lächelt erstaunt und matt in den sterbenden Gartentraum. Lange noch bei den Rosen bleibt er stehen, sehnt sich nach Ruh. Langsam tut er die großen müdgewordnen Augen zu.
Septiembre El jardín está triste, fría cae en las flores la lluvia. El verano se estremece, callado, en presencia de su fin. Áureo gotea de hoja en hoja desde las altas acacias. El verano sonríe extrañado y cansado en el moribundo sueño del jardín. Largamente aún, en las rosas, permanece y anhela el descanso. Lentamente cierra los grandes ojos, rendidos de cansancio.

Acudimos en esta ocasión Luz, Gema, Jose Mari, Fidel y yo. Después, agradable tertulia sobre lo divino y lo humano mientras tomábamos unas birras.

A carajo sacao

El sábado pasado nos acercamos a Paredes de Buitrago (988 m) para desde allí subir a la cuerda que paralela a la A-1 conduce al Puerto de La Puebla y al Porrejón. No tiene mucha elevación pero desde ella se admiran unas preciosas vistas del valle bajo del Lozoya y de la sierra oeste madrileña, todavía coronada de nieve, así como de la atractiva Peña la Cabra.

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El inicio de la marcha trascurrió por llano, en día soleado aunque frío por el viento que del norte nos llegaba, hasta topar con un cortafuegos que nos condujo a la cuerda en las proximidades de Peña Parda. Hubo quienes acortaron la marcha por pedrera, a lo bruto, ansiosos de llegar y dominar las alturas cuanto antes. El resto marchamos por senda estrecha entre jara e incluso alargamos un poco la subida para evitar el mal estado del cortafuegos por recientes podas.

En la cuerda, paseo agradable al sol, ahora a ratos protegidos del viento, hasta las cercanías de Peña Águila (1655 m) donde repusimos fuerzas. Continuamos por la cuerda, algunos por cómoda senda mientras otros hacían el cabra por los riscos. José Antonio vio una gran piedra con restos de Trilobites, in situ improvisó clase al resto, pipiolos en la materia, y desistió de echársela a la mochila, tal era su volumen, pero señalizó el lugar para futuras clases.

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A kilómetro y medio escaso del Puerto de La Puebla nos detuvimos a comer en un claro entre pinos, donde se estaba tan a gusto que se alargó la sobremesa y los que a ello se pusieron echaron una cabezadita. Luego, a buscar la bajada a la pista que a carajo sacao nos dejó en una cómoda pista e iniciar así el regreso a Paredes de Buitrago donde llegamos pasadas las 6 y ½ de la tarde.

Los participantes: Rafa, Rosa, José Antonio, Juana, Pepe, Robert, Fidel, Luz, Mateo, Viqui, Begoña y yo. En total empleamos 8 horas y 10 minutos en recorrer 16 Km con una ascensión acumulada de 800 m.

Fotos de la marcha

Hasta la próxima, que probablemente nos lleve a Lozoya del Valle para intentar completar la marcha del pasado 9 de febrero.

Puesta a punto espiritual

En estos tiempos en los que nuestras ocupaciones y anhelos vitales se ven abordados desde distintos flancos por reproches, balances, promesas, votos útiles, etc. no viene mal asirse a cualquier instrumento que nos permita, aunque sea por un momento, tomar distancia, plegarnos en nosotros mismos, alcanzar una cierta serenidad y reflexionar sobre lo que cada cual considera de verdad trascendente.

Entre estos asideros está la música, al menos a mí me funciona y espero que a ti también te sirva. Escucha la obra que se incluye y déjate llevar. Es un corto recorrido, pero al final encontrarás tanta satisfacción como después de una buena marcha en el monte.


Se trata del “Miserere mei, Deus”, motete para 9 voces a capella que fue compuesto hacia 1630 por Gregorio Allegri. Desde entonces se interpreta cada Semana Santa en la Capilla Sixtina. En un principio el Vaticano prohibió bajo pena de excomunión su copia e interpretación fuera de su recinto, a pesar de ello circularon algunas copias por Italia e incluso fuera de ella. Mozart en 1770, a los 14 años, durante un viaje con su padre a Italia, fue capaz de transcribirlo en la posada donde se albergaban después de una sola audición, fue condecorado por ello por el papa Clemente XIV. Tras la publicación en Londres de esta copia, el Vaticano no tuvo más remedio que levantar la prohibición.
Más información en:

El sábado en La Pedriza

Con gran acierto esta vez sí los organizadores, Pepe y Rafa, nos convocaron a La Pedriza. Día perfecto, seco, soleado, como digo idóneo para transitar por los peños que separan los collados de la Ventana y de La Dehesilla que exigieron al grupo ejercitar músculos inhabituales en nuestras sabatinas marchas y luego ya se sabe, agujetas.

Como los servicios meteorológicos anunciaron un día primaveral, vino a congregarse en Canto Cochino todo el Madrid montañero y excursionista, así a las 10 en punto de la mañana, cumplido ya el numerus clausus establecido por las normas del parque natural, cerraron su acceso y algunos de nosotros, poco previsores, se quedaron a las puertas por lo que hubo que ir a rescatarles.

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El parking de Canto Cochino (1037 m) era un hervidero. Entre los que durmieron allí y los que llegamos por la mañana, más parecía la feria de San Froilán que lugar donde buscar un placentero día de monte. En las terrazas de los chiringuitos allí ubicados se congregaba una parroquia ansiosa de tomar un cafelito antes de emprender marcha o escalada, o desperezándose aún de una noche pasada en la furgoneta, bueno de una noche o más, tal era el aspecto de entumecimiento que alguno lucía.

Entre el rescate de los interceptados a la entrada del parque y la pachorra del encargado de barra del chiringuito no pudimos comenzar a caminar hasta pasadas las 10,30. Pepe ya estaba de los nervios pues veía esas moles graníticas iluminadas por el matutino sol y los pies se le hacían huéspedes. Además estaba el hombre un poco amoscado con un desconsiderado pernoctador que se empeñó en poner a punto la furgoneta mientras él se ataba las botas, lo que le llenó los pulmones de eso de lo que vamos huyendo cuando nos acercamos a la sierra y que se llevaba en dosis masivas.

De la primera parte de la marcha poco hay que contar, fue muy agradable alejarse del aparcamiento, internarse en el bosque, subir por la M-30 paralela al arroyo de la Majadilla y dejar atrás al personal que casi por encanto desaparece en cuanto pones kilómetros de por medio. Así llegamos al punto donde se unen dos arroyos y se separan los caminos que llevan uno al Collado de la Dehesilla y el que continuamos que va en dirección al Collado del Miradero. Después de un kilómetro, cruzamos el arroyo de los Poyos para enfrentarnos de forma decidida con la constante que no dura en exceso ascensión al Collado de la Ventana (1784 m).

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Ya en el collado, después de reagruparnos el grupo principal y reponer energías, esperamos durante bastante rato a los rezagados Miguel Ángel y Domingo, que había decido acompañarle en la subida. Tanto esperamos que, creyendo habían desistido ambos en su esfuerzo, decidimos acometer la segunda etapa de la jornada y hete aquí que desde un alto nos dio por mirar atrás y vimos sorprendidos cómo Miguel Ángel atravesaba el Collado de la Ventana y se dirigía hacia nosotros. Alegría por un lado y preocupación por otro pues ¿qué era de Domingo?

Domingo no viene mucho al monte con nosotros pero luce siempre que viene una forma excelente, así que no podíamos creer que se hubiera dado la vuelta. En esas estábamos cuando le vimos aparecer tras Miguel Ángel pero bastante tras pues surgió por detrás de las rocas que separan los collados de la U y de la Ventana. El tío se marcó un plus de collados, le parecieron pocos lo que íbamos a visitar y se hizo uno más, estos de Guadalajara son como son y nada que apelar.

El tramo que emprendíamos es el típico de La Pedriza, el que los montañeros buscan cuando se acercan a estos parajes. Te sumerges en un paisaje asombroso, esas rocas que adquieren formas y texturas inverosímiles y que acostumbras a admirar a lo lejos ahora te rodean, se interponen en tu camino, te obligan a subir, a bajar culo a piedra, a reptar bajo ellas y cuando llegas a cualquier claro te dejan con la boca abierta de sofoco y admiración, tal es el espectáculo.

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Comimos en uno de estos parajes que invitan al descanso y la contemplación y alargamos la sobremesa pues el día lo merecía y habíamos perdido de nuevo a Miguel Ángel y los famosos pimientos caramelizados que Mamen había preparado y portado para la ocasión.

De nuevo descenso entre roquedo camino ya del segundo hito de la jornada, el Collado de la Dehesilla (1453 m). Alcanzamos a los retrasados, que nos habían sobrepasado mientras comíamos, y de nuevo todos juntos alcanzamos el collado y tras él nos dejamos ir por el GR a los coches, donde llegamos de anochecida. De nuevo en uno de los chiringuitos dimos cuenta de unas cervezas con gaseosa y de los estupendos pimientos caramelizados de Mamen cuya receta daremos en próxima crónica.

En total empleamos 9 horas en recorrer 17 Km (no 12 como había yo previsto), con una ascensión acumulada de 865 m. Los participantes en esta marcha fuimos: Pepe, Carmen, Rafa, Juana, Miguel Ángel, Mamen, Fidel, Luz, Carlos, Domingo, Viqui, Begoña y yo.

Fotos de la marcha

Excelente organización, quedó patente lo mucho que conoce Pepe La Pedriza y el grupo deseoso de acometer la tan temida integral cuando los días sean más largos.