Efectivamente, los menos osados (Rafa, Seijas, Monique, Juana, Tatiana, Maxi, Guida, Mabu y Carlos), vista la climatología y con el buen recuerdo del lugar del cafe matutino, decidimos que era un buen momento de iniciar el descenso. Fácil en su tramo alto y complicado por la niebla en las proximidades de La Acebeda.
Capitaneados por Rafa, con múltiples aportaciones del resto de la tropa, sin GPS ni plano ni brújula, guiados sólo por el olfato, conseguimos llegar al bar donde doña Paca y su hija nos ofrecieron unos mágnificos huevos fritos con patatas para complementar nuestras no tan modestas viandas: chorizos gallegos, bonito de Seijas, caldos, y de postre la tarta, con sorpresa, de Monique (la sorpresa le tocó a Rafa, quién, al parecer esta emplazado a custodiarla para aportarla a la tarta que tendrá que hacer en Reyes de 2009). Larga y ancha sobremesa a la espera de los osados (José Antonio, Pepe, Ángel, Begoña, Roberto y Mamen) que afortunadamente se presentaron cuando estábamos deseándonos unos buenos Reyes, que todos teníamos bien merecidos.
Gracias, doña Paca y familia, por su amabilidad y buen trato.
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