Una crónica sin pretensiones

Me he decidido a formalizar una humilde crónica en correspondencia y solidaridad hacia aquel que, sábado tras sábado, sin preguntarle nada a nadie, nos deleita con sus imágenes y comentarios e incluso estadísticas sobre lo que aconteció en nuestra salida a la montaña.


La cuestión es que resulta una complicadísima tarea, ya que, el hecho más significativo del sábado que ya pasó, ha sido la no asistencia a la clase programada. La descripción del acontecimiento con detalles, comienza con la excusa del organizador, Angel, que, a nosotros, ya en carretera, nos anunció llegando a Buitrago. Bueno, el pobre está pasando la gripe que todos hemos cogido ya y, que más da, montañeros siempre sobran, le decía a Juana, y además, el sábado pasado juraron y perjuraron la asistencia cinco, que yo recuerde.

Pues llegamos a Braojos y, a esas horas de la mañana, se encontraba con las calles llenas de hielo y más solitario que un western en el duelo final. Buscando bar en condiciones, me topé con José Luis, el “cuñadísimo”, que, milagrosamente, como rápidamente comenzaba a comprender, se encontraba con ganas de aprovechar uno de los días de pronóstico más severo del invierno. Ya perdida la esperanza, esperamos a que el único bar disponible del pueblo abriera y, a la vez, se produjera el tiempo necesario para que los rezagados fueran llegando. Nada. Entraban los primeros clientes lugareños de la localidad, despertaba Braojos de su respetada osera y nos dispusimos a partir, eligiendo como primera meta el refugio de Santui.

La nieve era en polvo y escasa, el piso totalmente helado hasta salir del pueblo. Un lugareño de gran labia y sentido, nos recondujo de la salida equivocada y declinó acompañarnos porque él, decía, no estaba para hacer el camino de los ciervos. Sin embargo, nos aseguró que de nieve nada, que él lo sabía sin mirar a Internet y que no tuviésemos cuidado. Con la tranquilidad adquirida hicimos, con viento de espalda, los kilómetros de llano que nos aproximan a la barrera entre los pinos. Antes, nos habíamos parado para contemplar, en ese día ceniciento de invierno, el bien dibujado pueblo sobresaliendo de entre los montes nevados y, como no, el insólito prodigio de el agua ascendente.

Jose Luis lo desconocía y se quedó prendado tan pronto como lo comprendió. Es muy fácil. Una acequia toma con suavidad agua del arroyo del valle y, sin esfuerzo alguno, emprende una subida a través de centenares de metros, conduciendo el agua hacia no sabemos dónde. Maravilloso, mejor, paranormal, fuera de razón. Es uno de nuestros secretos y, aunque tratamos de difundirlo todavía no hay peregrinaciones, santuarios o, lo último, un restaurante con una taquilla de entradas.

Bueno, una vez ejercida la labor didáctica, ya en los pinos y pisando una crujiente nieve, recorrimos todos los itinerarios posibles para llegar al nada ansiado refugio de Santui. Allí estaba, silencioso en esa mañana nevada de diciembre, bien aseado y con los butacones de palo viejo esperando a despistados caminantes. Descansamos, observamos la naturaleza y decidimos ir a comer a Braojos, por aquello de hacer algo raras veces posible. Por esa razón elegimos como alternativa bajar por el cortafuegos que, de manera casi insólita y agradable, nos deja en la mismísima barrera de partida.

Total, todo corría a nuestro favor, el tiempo no empeoraba y la hora que, merced al acortamiento producido nos dejaba a las tres y media en Braojos. Allí, claro está, como siempre, encontramos que el bar estaba ocupado y nos dirigieron hacia la cercana villa de La Serna. Después de recorrer el pueblo y casi sin esperanza, un alma de caridad nos comunico que allá, en la salida, hacia arriba, existía un pequeño restaurante en dónde, quizás nos diera de comer. Allí estuvimos y hacia las cuatro dimos cuenta de tres raciones de huevos fritos con chorizo en un ambiente muy acogedor. Con eso conservamos la tradición de los huevos de Braojos y, aunque el precio se acercó a los famosos huevos de oro de otro acontecimiento de años atrás, los pagamos con mucho deleite.

Bueno, esta experiencia no pasará a los anales del grupo de los del monte. El día no daba para más, el objetivo era harto modesto y, para colmo, no existieron sucesos singulares, pero nos marchamos con una conciencia de haber sido capaces de no cortar esa línea de visitas a nuestros montes que prácticamente nunca se han suspendido.

José Antonio

Bonito día en La Hiruela

Bonito día el pasado sábado para subir al monte. Soleado y luminoso, era de agradecer después de la pasada borrasca que cubrió de blanco la sierra y media España. Nada que ver con el sábado anterior. Las carreteras estaban expeditas y aunque fuimos hasta La Hiruela, la duración del viaje tanto a la ida como a la vuelta fue la de otras ocasiones.

Tantas ganas teníamos de andar que, después de que las últimas salidas se vieran reducidas por unas u otras razones, nuestros próceres programaron una marcha realizada en abril pasado. El paisaje maravilloso porque a nada que caen unos copos qué bonita se pone la sierra. La ruta, preciosa en un principio, fue haciéndose larga y pesada. Más que pesada agotadora por la cantidad de nieve acumulada en las pistas que recorrimos.

Interminable me pareció la pista que tomamos para acceder al Collado de las Palomas antes de comer, el que fuera abriendo pista, creo que fue Rafa, debió de quedar agotado. Comida en el mencionado collado al solito, mas no hubo tiempo para descansar pues restaba poco de luz diurna y aún nos quedaba un buen trecho que recorrer de regreso a La Hiruela.

Y es que como comenzamos a andar casi a las 11 de la mañana, entre que el precioso día invitaba a andar y que vamos un tanto “sobraos” pues nos pasamos de valle alargando un tanto la marcha. Como aquel de Bilbao que decía que él en lugar de cuenta-kilómetros llevaba en el coche cuenta-pueblos, igual nosotros losdelmonte.

El caso es que, tras la comida, iniciamos enseguida el camino en dirección al Collado Salinero por la pista. Pero cómo estaba la pista. Qué cantidad de nieve. El único rastro el dejado por unas raquetas lo que hacía que tuviéramos que seguir en fila india la huella en esta ocasión iniciada por José y por José Antonio, por José Antonio y por José que en este caso tanto montaron.

Nos costó de lo lindo llegar al collado y además lo hicimos a toda pastilla. Reagrupado el grupo, se evacuaron consultas sobre cómo volver, si por el Puerto de la Hiruela, si por el GR.88. Se sopesaron tiempos, distancias, cansancios, etc. Al final se optó por pasar por el puerto porque en el caso de que se nos hiciera tarde podríamos continuar por la carretera.

Así pasó. Llegamos al puerto y decidimos hacer la última parte por asfalto ya que el cielo se iba sonrosando y dando un color mágico a las montañas circundantes aunque para admirar el paisaje estábamos. Pusimos el piloto automático y ¡hala! a chupar asfalto.

He de confesar que el trayecto fue bastante más corto y menos abrasador de lo que en el puerto me temía. Llegamos a los coches en penumbra, con frontales o linternas en ristre para no dar un mal paso pero llegamos sanos y salvos.

Recorrido total de 19 Km con una ascensión acumulada de 665 m y duración de 7h 35m. Participantes: Begoña, Carlos, Fidel, Gema, José Antonio, José Fernández, Jose Mari, Juana, Magu, María, Mateo, Menchu, Monique, Pedro, Peter, Rafa, Robert, Susana, Viqui y el que suscribe ¡ah! y Lucas joven y enorme perro que nos acompañó durante toda la marcha.

Fotos de la marcha

Excepto Begoña y yo, que salimos escopetados hacia Madrid, el resto se quedó un rato para celebrar el cumpleaños de Rafa y este correspondió invitando a un chocolate. Felicidades desde aquí Rafa y felices fiestas para todos porque ya es Navidad.

Vadim Repin en el Auditorio Nacional

El joven y ya célebre violinista siberiano Vadim Repin interpretará este fin de semana el concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky acompañado por la ONE bajo la dirección de Josep Pons, su director titular.

Es una suerte poder asistir a un concierto de este intérprete del que se afirma logra conjuntar la más fiera pasión con una técnica impecable, poesía y sensibilidad. "Simplemente el mejor, el violinista más perfecto que haya escuchado nunca" exclamó Yehudi Menuhin. Y tan sólo el año pasado el Tagesspiegel de Berlin lo proclamó "el más grande violinista vivo".

Como aperitivo de lo que podemos esperar los que asistamos a uno de sus conciertos en Madrid traigo una interpretación suya de la Polonesa op. 4 de Henryk Wieniawski.


Estoy deseando que llegue el domingo.

Marejadilla en el Cantábrico

Mientras regresábamos ayer a Lozoya de nuestra marcha por el monte, mientras la nieve caía, recordé una anécdota o chiste que circulaba en los gloriosos tiempos en los que Mariano Medina daba el parte meteorológico en televisión. Se decía de un marinero que irrumpió en los estudios en harapos con los restos del mástil en las manos e increpaba al insigne don Mariano “Con que marejadilla en el Cantábrico ¿eh?”.

Y es que el sentimiento ayer era similar pues no podíamos imaginar, o no quisimos hacer caso de la previsión meteorológica, convirtiendo un divertido día de monte casi en una pesadilla.

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La marcha, como últimamente, era de circunstancias huyendo de altas cumbres y buscando lugares de fácil acceso. Salimos de Lozoya, después de tomar el café, ya nevando y emprendimos camino a Navarredonda en tono animado, pisando nieve con placer.

A falta de dos kilómetros para Navarredonda decidimos alterar el itinerario y subir al pico La Cruz y desde allí regresar a Lozoya porque aquello lejos de mejorar sin duda empeoraría. Aún así ascendimos hasta que la niebla y la ventisca nos hizo pensar que continuar era ridículo y que lo mejor era ocuparnos de la vuelta a Madrid.

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Así que nos dedicamos a recorrer el camino de regreso a toda pastilla un tanto inquietos por cómo se encontraría la carretera con la nieve caída durante toda la jornada y figuraos qué carita se nos quedó cuando vimos el asfalto de la M-604 con un palmo de nieve y escasísima circulación.

Agrupados todos en torno a los coches decidimos que no había tiempo que perder, ni comida, ni café, había que prepararlos para volver. Los que llevábamos cadenas nos dedicamos a ponerlas con distinta fortuna pues es lo más complicado que hay cuando no se está acostumbrado ni se ha esforzado uno en aprender. Ni croquis ni indicaciones, cuando uno es un manazas hay que resignarse, eso sí, profiriendo los mil y un cagamentos.

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Aprovechando el paso de un quitanieves salimos en desbandada. Había que aprovechar su estela para tratar de ganar la autopista. A la voz de ¡ar! Nos pusimos en marcha en improvisada caravana de forma que los que íbamos sin cadenas aprovecháramos la huella de los que circulaban con ellas. Había que llegar como fuera a la A-1 en la creencia que estuviera más limpia al ser una vía principal.

Craso error el nuestro porque allí confluyeron todos los elementos necesarios para convertir la nevada en el caos. Los servicios de la Comunidad absolutamente inoperantes. No es que se hubieran ido a Navacerrada, donde parece ser se montó la de dios. No, por allí circulaban los quitanieves pero sin ton ni son, tres en la parte izquierda, otro por este lado pero que se sale en el primer desvío. Cero zapatero señora Aguirre. Mucho despliegue de lucecitas amarillas haciendo pensar a los viajeros que tranquilos que aquí estamos nosotros por si acaso y cuando se produce el acaso el despiporre. No hay esperanza.

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Luego, los automovilistas que somos la hostia tú. Los hay que ven el atasco y se meten por el arcén, claro como la nieve no deja ver bien las líneas pues al mogollón, hala a contribuir más al parón. Otros, a pesar del panel indicador que avisa de que reservemos el carril izquierdo a los quitanieves, pues a circular por él que los que están en la derecha son gilipollas. Por último los prudentes, aquellos que cuando se enfrentan a una cuesta arriba disminuyen la velocidad no se con qué propósito porque no hace falta ser Nuvolari para darse cuenta que perdiendo inercia has de exigir más al coche aumentando el riesgo de pérdida de adherencia. Así se montó la que se montó en la cuesta de La Cabrera. No tiene nombre y nos hace pensar en cómo reaccionaremos en episodios de más entidad.

Finalmente, tras dos horas y media llegamos a casa para tomar una ducha caliente, preparar la cena y ver perder al Madrid. Menos mal que perdió por la mitad de lo que se esperaba. Es un consuelo, en este caso las previsiones fallaron.

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Recorrimos unos 18 Km, medidos sobre plano, en 4 horas y media y debimos subir 550 m. Los participantes: José Antonio, Juana, Belén, Rafa, Pepe, Vicki, Carlos, Magu, Fidel, Luz, Begoña y yo.

Mi agradecimiento a los solidarios compañeros de monte por el ánimo, la ayuda y la compañía que nos ofrecieron mientras trajinábamos con las dichosas cadenas. A aquellos que nos ofrecieron caldo calentito, los que se ufanaron en liberar las tozudas cadenas de la rueda, los que dieron vueltas a la manivela del gato, a los que apretaron tuercas, a los que nos prestaron una pala para quitar la nieve, etc.

Gracias incluso a los que comían mientras los demás veíamos la forma de regresar a casa y a aquellos que salieron pitando en cuanto vieron la oportunidad.

Con la música a otra parte

Pocas cosas hay que contar del monte así que para escapar un tanto de la sobredosis de noticias económicas que a diario nos agobian traigo aquí un pasaje musical recordado al ver el otro día la película “El Padrino, 3ª parte”.

Se trata del intermezzo de la ópera de Pietro MascagniCavalleria Rusticana”. Ejemplo de lo que se ha dado en llamar verismo, pone música a un drama de amor y celos y al inexorable destino en un pueblo siciliano a finales del XIX.

La música tiene ese poder, nos habla de tragedia y también nos ayuda a olvidar, aunque sea por unos pocos minutos, los cotidianos batacazos de la bolsa, la crisis ya consolidada y admitida, el pavor a unas nuevas fiestas navideñas, la inseguridad de la cuesta de enero, etc.
Disfrutad y ánimo que la primavera llegará y todo lo veremos de distinto color.

Debut en la nieve

El último sábado de noviembre tuvimos ocasión de pisar nieve por primera vez esta temporada. Bueno, pisarla de verdad porque ya en el Valle de los Hoyos pisamos restos de nevadas de días anteriores. Pero esta vez no, esta vez las nevadas caídas en los últimos días en la sierra madrileña nos permitieron caminar sobre un manto de varios centímetros.

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Cautos nuestros líderes, a la hora de convocar buscaron una marcha de no mucha cota, que no exigiera poner cadenas en el coche y al resguardo de la que se prometía caer sobre todo el territorio visitable por nosotros.

Llegamos a El Atazar con retraso. Aún así, el pueblo comenzaba la jornada. El propietario del bar frente a la iglesia, después de poner en marcha la cafetera se aplicaba en retirar la nieve helada por el frío de la madrugada de los escalones de acceso al mismo.

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El viento azotaba como parece es costumbre, pues se alza sobre una colina y le entra por cualquier esquina. Y el viento de aquella mañana era frío de verdad, así que nos apeamos del coche y nos dirigimos deprisa a buscar cobijo al bar y mientras nos tomábamos el café con leche calentito aprovechamos para cambiarnos el calzado y enfundarnos las polainas.

La marcha fue de circunstancias pues era tal el viento y la sensación de frío que nos aconsejó dejar los experimentos para otra ocasión y afrontar la marcha de forma profesional buscando la seguridad de la pista que asciende al Collado de las Palomas.

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Mientras caminábamos al abrigo de los montes hollar la nieve en polvo era un auténtico deleite. Otra cosa fue cuando accedimos a la parte superior de la pista y perdimos la defensa del pico Torrejón pues ahí el viento azotaba de lo lindo.

Desistimos de subir al Cabeza Antón por miedo al viento y continuamos hacia el pico Somosierra. Al llegar al Collado de las Palomas, Javier y Rogelio, amigo de Fidel, decidieron dar por terminada la jornada aún renqueantes de recientes lesiones y regresaron para comer en el pueblo. Antes había abandonado Susana por falta de avituallamiento así que terciada la marcha habíamos perdido a tres de los expedicionarios.

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El resto continuamos por la pista con cada vez más frío que incrementó al alcanzar la cuerda. Hasta tal punto que Rafa, previendo haríamos la espantada después de comer, también giró en redondo y se volvió al pueblo a comer tranquilito y al abrigo de las inclemencias.

Los que quedábamos continuamos por la cuerda abrigándonos cada vez más y cubriéndonos la cara pues de vez en cuando nos la azotaba copos de nieve helada a modo de balines. Y así llegamos al Somosierra y como allí no había quien parara, después de contemplar la bella vista que desde este sitio se divisa, temerosos por el aspecto que el cielo tomaba por la tormenta que parecía avecinarse, decidimos bajar rápidamente. Y cómo íbamos a bajar, pues a lo bestia, por en medio de jara, piedras y nieve. Para qué lo vamos a hacer fácil.

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Las vicisitudes del descenso hicieron que el grupo se rompiera, así que a medida que se iba ganando la pista, dado el frío que hacía y que ya echábamos de menos echar algo al estómago, cada uno fue deshaciendo el camino andado a su ritmo en busca del pueblo y un sitio calentito donde dar cuenta del bocata.

Unos nos cambiamos, otros no esperaron a tal y todos nos metimos en el bar donde comenzó la marcha para acabarla allí mismo. Antes fue café con leche, ahora tocaba bocadillo, patatas fritas, ensalada y vino. El caso era calentar el cuerpo pues estábamos ateridos y hambrientos y necesitábamos estar y hablar con el grupo, cosa que no habíamos podido hacer en toda la jornada.

Hicimos en total 16 Km en 4 horas y ¾, con un desnivel de 550 m. Los participantes: Vicky, Carlos, Rafa, Rosa, José Antonio, Guida, Maxi, Luz, Fidel, Rogelio, Javier, Susana, Pepe, Begoña y yo.

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Hasta pronto.

El tilo de la Cabrera

Hacía muchos, muchos años que había visto un precioso tilo en La Cabrera. Era verano y el tilo estaba esplendoroso en ropajes de hojas y flores, formando entre su tronco y las ramas, que llegaban al suelo, un hermoso salón multiuso. Sin embargo, el pasado 22 de noviembre, cuando losdelmonte lo visitamos, guiados por Rosa (de La Cabrera), sólo pudimos contemplar un tronco y unas ramas desnudas, debido al fuerte viento de los días anteriores. La imaginación, ayudada por la descripción de Rosa, hizo posible que cada cual contemplara en su interior el tilo prometido.

El resto del día transcurrió con la subida al collado de paso hacia el valle de Valdemanco, la renuncia a la ascensión a Cancho Gordo, el inicio del descenso hacia el puerto del Medio Celemín, las pérdidas de: Miguel Ángel, primero, y Mateo y Fidel después, las discusiones sobre donde comer y por donde regresar, los acuerdos sobre donde comer y sobre el camino de regreso (por el lado Norte de La Cabrera y no por el GR 10), y la feliz llegada a La Cabrera, donde en el bar de los camioneros (Cancho del Águila) tomamos unas cervezas y cafés.

Es de resaltar que tanto Miguel Ángel primero, como Fidel y Mateo después, fueron encontrados e integrados en el redil. También es de apuntar que a lo largo del camino se hicieron diversas escaramuzas en búsqueda de setas, destacando las cosechas de Pepe, Jose o Pepe (el amigo de Mateo) y Fidel. Por último agradecer a Rosa de La Cabrera, su magnifico trabajo guiándonos hacia el tilo y otras curiosidades, a lo largo de una ruta , desconocida por nosotros, por la parte alta de La Cabrera.

Escores: 18,300 km, tiempo en movimiento 5 horas más 2,5 de paradas para ver el tilo, picotear, discutir, comer, sestear y "setear" y unos 600 m de desnivel (datos del GPS de Miguel Ángel).

Asistentes: Carmen, Mabu, María, Gema, Luz, Menchu, Juana, Rosa, Rosa de La Cabrera, Susana, Rafa, Pepe, Jose, José Mari, Mateo, Pedro, Fidel, Peter, Carlos, Miguel Ángel, José Antonio.

Carlos

Otra visita al Valle de los Hoyos

Tres veces habíamos andado por estos parajes, esta es la cuarta y no deja de maravillarnos la belleza de este recóndito valle de la sierra madrileña que cada vez hemos intentado por distinto itinerario y que como digo no defrauda.


La historia de esta nueva ascensión se inicia en una visita de José Antonio a la Tienda Verde donde contacta con el que se andurria los montes y levanta mapas que le habla de un sendero marcado por él que asciende desde la pista que sale de la misma Ermita de Santa Marta hasta La Risca y que desde allí hace más fácil el acceso al glaciar.

“Esto hay que probarlo” nos dijo José Antonio a Carlos y a mí en Hervás. Y dicho y hecho, a la primera oportunidad nos convocan los líderes a la cuarta, y no será la última a juzgar por el éxito que ha tenido, visita al Valle de los Hoyos.

Eso si, la marcha un poco desmadrada, comentaré por qué. En primer lugar se avisa en la convocatoria de un itinerario duro con 1000 m de ascensión si lo completábamos y, como hace buen tiempo, allí se presenta to’dios. Veintiún senderistas, que se dice pronto. No dábamos crédito al continuo entrar en la cafetería de Lozoya pidiendo café y dando los buenos días. Rafa me comentaba, esto es la monda convocas a una marcha dura y es cuando viene más gente, así somos losdelmonte.

Desmadre porque la convocatoria hablaba de subir a Peñacabra, lugar que desde hace mucho no pateamos, y de pisar nieve, lo que a algunos les mola mogollón, y ya en la subida oímos a José Antonio comentar con el líder de otro grupo que seguía parecido itinerario que nos dirigíamos al Nevero, lo que nos dejó perplejos.

Se habrá equivocado, pensé yo, pero no porque efectivamente no ascendimos al Peñacabra y si que algunos, los que tenían ganas de marcha, se subieron al Nevero. El resto, nos encontrábamos tan a gusto admirando el paisaje y disfrutando del sol en el valle que solo accedimos a subir un poco en dirección a La Serra para emplazarnos para comer y descansar como las lagartijas, al sol, un buen rato.

Luego de comer, subimos a la cuerda de La Serra, descendimos a un hermoso bosque de abetos de Douglas o pinos de Oregón, continuamos marcha por un cortafuegos que nos llevó hasta la Cerrada del Zarzal y desde allí, bosque a través y recortando zetas de la pista, llegarnos a la Ermita de Santa Marta donde habíamos dejado los coches y nos esperaba Miguel Ángel que acortó la marcha.

Realizamos la marcha: Rafa y Rosa; José Antonio, Juana y Belén; Carlos, Magu y María; Luz y Fidel; Mateo, Miguel Ángel y José; Susana y Peter; Carmen y Pepe; Menchu y Pedro; Begoña y yo. El recorrido de 14 Km, lo hicimos en 7 horas y ¼ y ascendimos un total de 853 m.

Lo repetiremos, seguro pues merece la pena.

Expediente J (beam me up)

Nos remite en esta ocasión Pepe Bartolomé un vídeo dirigido por Jaime, su hijo, y publicado en YouTube el 19 de septiembre pasado.

El cortometraje fue rodado dentro del Curso Básico de Guión 2007-08 de Escuela de Escritores. Son sus actores Carlos B. Rodríguez y Andrés Navarro, el guión es de Hector García Moreno y la dirección de Jaime Bartolomé.

Bravo Jaime.

Fin de semana en el Valle del Ambroz

Qué gozada. Qué agradable y qué bien sientan estas salidas de fin de semana que hacemos en otoño, si además disfrutas de tan excelente tiempo como el que tuvimos el pasado fin de semana pues es la bomba.

Por no disponer de puentes este otoño, ya vendrán, en esta ocasión organizamos una salida cercana, que no implicara mucho tiempo de carretera, optando por el Valle del Ambroz y estableciendo base en el hermoso pueblo de Hervás.

El Valle del Ambroz es una bonita comarca enclavada en el norte de la provincia de Cáceres, en las últimas estribaciones de la Sierra de Gredos. Situado en el corazón de las sierras del norte de Extremadura, flanqueado por el Valle del Jerte al este, Las Hurdes y Granadilla al oeste, Plasencia al sur y la Sierra de Béjar al norte. Lo cruza el Río Ambroz y la Vía de la Plata de norte a sur.

El viernes fuimos arribando al hotel cada uno por su lado y, una vez dejamos los bártulos y reconocimos el alojamiento, nos reunimos para cenar en el mismo hotel pues había que optimizar el tiempo y no era cosa de salir a pasear con la que nos había caído mientras veníamos desde Madrid. Pronto tocó retirada que al día siguiente nos esperaba faena y tan solo unos pocos nos fuimos a dar una vuelta nocturna por el pueblo, para estirar las piernas.

El sábado amaneció soleado, un excelente día de marcha. Así que después de desayunar nos pusimos en camino hacia Gargantilla, pueblo situado a unos 10 Km de Hervás. La ruta elegida era una variación de una que habíamos visto en una guía pero que desestimamos por exigir un operativo un tanto desmedido. La variación consistía en subir desde Gargantilla al Puerto de Honduras, punto que comunica por carretera los valles del Jerte y del Ambroz, y bajar por donde habíamos subido.

Pero no, cómo íbamos a bajar por el mismo camino. Teníamos que florear la marcha, subir y caminar un poco más, así que a José Antonio se le ocurrió que podíamos subir al Canchal Negro, seguir la valla divisoria de no se qué municipios, enlazar con un camino que figuraba en el mapa y luego desembocar en la Pista Heidi. A mi me daba miedo porque como se suele decir el papel todo lo resiste y solo pensar que podíamos caer en medio de la Heidi que su circuito completo tiene 30 Km me hacía especular con la idea que 15 nos chupábamos.

Nos despedimos de Miguel Ángel que había subido al puerto con macuto y lumbaga y que manifestó tener ya suficiente subida. Cómo nos conoce. Nosotros subimos al Canchal Negro, bajamos al collado siguiente y ante la perspectiva de tener que bajar por el barranco, a las bravas, me empecé a mosquear y José Antonio a no verlo claro.

Hete aquí que surgieron nuevos líderes y fueron Magu y Carlos los que, viéndolo clarísimo, arrastraron al resto a bajar a calzón quitado por el barranco de Andrés lo que conllevó más de una hora de hierbajos y piedros resbaladizos y la risa incontenible de un pastor que desde abajo vio toda la maniobra. No solo se rió el pastor, se carcajearon igualmente perros y cabras que le acompañaban, a juzgar por los sonidos que emitían según pasábamos ante ellos.

Al fin salimos al camino y tras él a la ruta de alpino y televisivo nombre, la Heidi. No sé si hicimos 15 Km de pista pero aquello se me hizo eterno. Salimos de Gargantilla a las 10 menos 10 de la mañana y llegábamos a Hervás faltando 20 minutos para las 7 de la tarde o de la noche, según se mire porque ver no se veía apenas. Para más INRI aún teníamos que ir a por los coches a Gargantilla.

Paliza de las buenas. En las estadísticas he reseñado 20 Km, que creo fueron más pero no pude contrastar pues el GPS de José Antonio se quedó sin baterías, y una ascensión acumulada de 1045 m, casi ná. Eso sí, tuvimos el privilegio de caminar por un castañar otoñado e iluminado crepuscularmente que hizo que al menos la última parte del recorrido disfrutáramos de una espectacular visión.

Tras la sesión de aseo individual, dosis de ibuprofeno y ligeras siestecillas, dejamos al Madrid sufriendo con el Málaga, cómo está este Madrid, y nos fuimos a cenar al restaurante El Almirez donde recuperamos fuerzas a base de boletus, cesáreas y otras exquisiteces de la zona. Luego paseíto por la judería de Hervás a la luz de la luna y a descansar.

El domingo pasamos de marcha si bien algún paseo dimos. Tras realizar algunas compras en Hervás, nos pusimos en camino a la búsqueda de árboles singulares. Nos dejamos atrás, en Hervás, un tejo y un haya que dicen en el pueblo que son una maravilla y nos fuimos al cercano Aldeanueva del Camino para contemplar el Alcornoque de la Cerca de la Fresneda, ejemplar de 500 años de edad y 20 m de altura que a todos nos dejó impresionados. La mañana soleada y la tranquilidad que se disfrutaba en la dehesa en torno a este hermoso árbol nos dio la oportunidad de acompasar en lo posible nuestro ritmo vital al suyo pero no hubo forma, enseguida a los coches que teníamos que ver más.

En Segura de Toro ascendimos durante media hora hasta un castañar donde hay censados cinco ejemplares que sobrepasan los 500 años de edad. Bajo todos ellos nos cobijamos, a todos tocamos el tronco para absorber su energía y de todos recogimos sus frutos para asar o cocer, al gusto. El Hondonero con 700 años, el Bronco con 600, el Menuero, el Retorcido, magníficos ejemplares de 500 años nos dejaron pasar bajo ellos un rato agradable contemplando su hermoso porte y el ambiente mágico que trasmiten.

Nos despedimos del Valle del Ambroz y nos fuimos a comer a Casas del Puerto, junto al de Villatoro, para después ir a Bonilla de la Sierra con su desmesurada iglesia que visitamos y dar una vuelta por el pueblo al atardecer que se estaba muy bien. Café en Villatoro, carretera y manta para Madrid.

Envamos desde aquí un cariñoso abrazo a Piedad y Santiago, amigos de José Antonio y Juana, que tanto nos ayudaron a preparar el viaje con la documentación que nos remitieron y con sus consejos de aplazar nuestra visita unas semanas, gracias a ello pudimos contemplar el valle vestido de otoño que es lo que perseguíamos. Gracias por dedicarnos vuestro tiempo y vuestra amistad que esperamos tener la oportunidad de corresponder.

Valle del Ambroz

Bonito fin de semana, hay que repetirlo y desde luego hay que volver a este valle precioso el del Ambroz que tan buen sabor de boca nos ha dejado.

Cambio de sistema operativo

Traigo de nuevo un video que me han pasado, por simpático y representativo de las tribulaciones de un usuario ante un cambio de sistema informático. Espero que os guste.

Seguiremos buscando.

Subida a la Peñota

Para los que no viajamos a Hervás y quedábamos disponibles y dispuestos en Madrid, se organizó una marcha cercana y fácil para tentar a algún indeciso: subida a la Peñota desde el Alto del León.

El tiempo nos favoreció porque las nieblas se desplazaban según subíamos permitiéndonos contemplar los dos paisajes de ambos lados de la cuerda; una gozada para la vista, tanto en la Peña del Cuervo como en la Peñota. No tan agradable, por lo que representa, es ver todas las atalayas y restos de puestos de observación de la pasada Guerra Civil, que ahí permanecen como testigos de la locura humana. Aquí sí vale como nunca el “nunca más”.

Como era de esperar la marcha transcurrió sin incidencias ni desviaciones; sólo la nieve en la cumbre nos impidió coronar el extremo del pico de la Peñota: nos quedamos a pocos metros del tintiríntin.

Comida en un abrigado y de vuelta todos menos Monique y Robert, que regresaron antes por compromiso de cena-celebración.

Acudieron a la cita: Luz, Guida y Maxi, Monique y Robert, Rosa y este cronista. Hicimos unos 16 km de recorrido, 500 m de desnivel y empleamos unas 6 horas.

Rafa

Por Colmenar de la Sierra

Ese amor que algunos del grupo profesa a la llamada sierra pobre nos llevó el pasado sábado hasta el recóndito pueblo de Colmenar de la Sierra, obligándonos con ello a pasar por tercera vez este otoño por El Cardoso de la Sierra. No está nada mal para llevar mes y medio escaso. Menos mal que una vez más nos acogió Doña Gabina y nos sirvió un reconfortante café preparándonos para otro día de monte.

Cuando la tarde anterior llamé a Doña Gabina para anunciarle nuestra visita me dijo “¡Ah! ¿si? Con la que está cayendo”. Así que nos fuimos para allá con todo el equipo de agua esperando volver calados hasta las orejas. Pero no, el tiempo, caprichoso siempre en otoño, hizo que tuviéramos un día nublado y frío pero de agua nada.

A la entrada de Colmenar pudimos ver a bastantes recolectores de setas pululando por los pinares circundantes, lo que provocó cierto nerviosismo entre el personal que aún rememoraba aquel día de 2006 en que podían cogerse níscalos a paladas. Ya a la salida del pueblo, recién iniciada la marcha íbamos como sabuesos olisqueando cualquier matorral, desperdigados todos entre la jara. Nos agrupamos para recorrer el sendero que corre paralelo al arroyo pero en cuanto que desembocamos de nuevo en la pista muchos de nosotros se tiraron al pinar en busca de tan caprichoso fruto.

Tan tarde comenzamos a andar y tan lento el progresar por la pista que no hubo tiempo de atacar el pico de Cabeza del Viejo, así que alargamos un poco la marcha por pistas y más pistas hasta que fuimos conscientes de que corríamos serio peligro de llegar de noche y, aunque apretamos el paso, llegamos al pueblo con un déficit serio de visibilidad, lo que debe ser normal porque las dos veces que he ido a Colmenar de la Sierra he regresado al pueblo de anochecida.

Realizamos la marcha en esta ocasión: José Antonio, Juana, Belén, Rafa, Rosa, Vicky, Javier, Fidel, Carlos, Magu, Maxi, Guida, Robert, Begoña y yo. Recorrimos 15 Km en 7 horas y ½ con un desnivel de 580 m.

Setas cogimos, pero no tantas como aquel día. Qué se le va a hacer.

Planet earth forever

Maru nos invita a disfrutar unos minutos con este espectacular montaje de vídeo que ha encontrado en la red.



Bonito ¿eh?

Sol y níscalos, quién lo diría

Llueve en Madrid. En plena borrasca, con los primeros fríos de verdad, con nieve a partir de los mil seiscientos metros y agua en cantidades industriales, rememoro el soleado y cálido día que disfrutamos el pasado sábado y que nos permitió redondear una marcha nueva para mí aunque parcialmente recorrida por el resto allá por el 24 de mayo.

Se nos citó en un punto intermedio entre Soto del Real y Miraflores de la Sierra. Ahí, en una pista que nace frente a la gasolinera. Lugar poco común para nosotros que nos gusta comenzar la jornada con un cafelito pero que no nos extrañó porque el convocante, Pepe “Monte”, no entra en un bar si no es para echar un mus. Gracias a que su chica, atenta y ejerciendo de líder consorte, vino provista con termo de humeante café y sobaos pasiegos que nos entonó en una mañana soleada pero aún fría.

Percatados que allí no aparecía nadie más, que estábamos todos los que éramos, avanzamos motorizados por la pista unos 4 Km, hasta la Ermita de San Blas, según el mapa porque no divisé ermita alguna y sí casonas espectaculares en pleno monte. Allí aparcamos, nos cambiamos de calzado, preparamos las mochilas y hala a caminar.

La primera parte del recorrido discurrió por pista de suave ascenso y tras unos pocos kilómetros accedimos a uno de los extremos de la Hoya de San Blas a los pies de la Cuerda Larga y de frente a la Pedriza, nuestro destino. Recorrimos la pista baja que circunda el valle hasta dar con el sendero que nos llevaría a la pista superior que recorrimos en busca del sendero que ya de forma decidida nos hizo ascender hasta el mismo Collado de la Ventana.

El ascenso fue lento, más que por el recorrido en sí, por la búsqueda de níscalos a la que nos aplicamos después de que Pepe cortara los primeros. Desde ese momento nos desperdigamos por el pinar y gracias a que alguno estuvo más pendiente de los hitos que de las setas, a que otros pastorearon al personal advirtiéndoles de que no se fueran tan a la derecha o de que no se quedaran retrasados, logramos llegar al collado.

Al sol, con unas vistas espectaculares de las moles graníticas de la Pedriza y con ocasionales visitas de cabras monteses, primero los machos, detrás las hembras, dimos cuenta del bocadillo y de un par de botellas de vino que nos sentaron como dios. Luego el descenso.

Otra vez níscalos, no te vayas a la izquierda, dónde está fulano, daros prisa que se nos echa la noche, … llegamos de nuevo a la pista superior de la Hoya de San Blas. En este punto, Pepe dispuso no volver por el mismo camino e improvisó un paseíto por la mencionada pista de forma que no nos quedó más remedio que avanzar hasta el fondo del valle. No encontramos el sendero buscado, que prometía hacernos más corto el regreso, lo que nos hizo bajar monte a través no se en qué dirección, el caso es que acabamos en la pista inferior a pocos metros de donde hubiéramos caído de haber bajado por el sendero de la mañana. Cosas que pasan.

Nos quedaba aún bastante trecho para llegar a los coches, así que a darle zapatilla que la tarde caía. Se me hizo eterno el regreso pero al fin llegamos. Fueron 19 Km, con una ascensión acumulada de 855 m y que completamos en 8h y 35m. Los asistentes: Pepe, Carmen, Jose Mari, Gema, Carlos, Maxi, Guida, Robert, Monique, Begoña y yo.

De nuevo en El Cardoso de la Sierra

Vaya semanita esta que termina, no me ha dejado un rato libre para relatar aunque sea sucintamente cómo se desarrolló la marcha del sábado pasado. Vamos a ello.

El Cardoso nos recibió con sol y esto nos llamó la atención pues todo el camino el cielo estuvo cubierto presagiando lluvia. El sol acariciando el valle y los bosques desprendiéndose de la matinal bruma hizo que nos detuviéramos un momento en una curva de la carretera para tomar las primeras fotos de la jornada.

Después de tomar café en el bar de Doña Gabina, convenientemente avisada de nuestra llegada el día anterior, emprendimos camino en pos del Santuy. El sol nos hizo comenzar a andar muy animados si bien, a medida que íbamos ascendiendo por la pista, se fue poniendo cada vez más gris y feo. Del agua no nos salvaba ni la caridad. Primero bruma chupona que fue convenciendo a unos y otros, sin orden establecido, de que había llegado ya el momento de enfundarse el chubasquero, que aquello poco a poco iba calando. Luego, conforme pasábamos a los pies del Santuy, lluvia y más lluvia. Convencidos de que aquello iba en serio nos dispusimos a calzarnos los pantalones de agua y a enarbolar los paraguas.

Lloviendo pasamos por el Collado del Agua Fría y lloviendo ascendimos al Collado de Ortigosa. El suelo era un auténtico charco incapaz la tierra de absorber la que se le venía encima. Llegó el momento de reunirnos y parlamentar, desplegamos el mapa, comimos aprisa unos frutos secos y desistiendo de subir al Cerrón, objetivo no confesado de la marcha, dimos media vuelta de regreso pues aquello no tenía pinta de cesar.

Cosas del otoño, llegando de nuevo a la base del Santuy, en el cruce con el camino de Bocígano, dejó inopinadamente de llover e incluso salió tímidamente el sol. Robert aprovechó el momento para pasar al ataque con su conocido mensaje sobre la hora de comer y todos estuvimos de acuerdo en aprovechar aquella tregua que el cielo nos daba para dar cuenta del bocadillo, cómodamente sentados y al abrigo en unas peñas.

Tras el almuerzo y para no tentar a la suerte, emprendimos rápidamente el regreso que, envalentonados por el refrigerio y ante la persistencia de la pausa en caer agua, decidimos intentar por camino ignoto para nosotros, cosa rara pues por estos lugares los conocemos casi todos. Así que nos aplicamos en descender hacia el valle del río del Ermito, desde allí empalmar con pista ya conocida por nosotros en la margen derecha del río y tras unos kilómetros ir a caer al GR.88 que nos llevó hasta El Cardoso.

Qué acierto. Qué preciosidad de camino. Indultados por la lluvia, acompañados incluso por el sol que a ratos picaba, hicimos el camino de regreso disfrutando de la marcha, el paisaje y la charla. Del paisaje que voy a contar pues a todos los que conozcan la zona que describo se habrán percatado que caminábamos entre robles amarillentos y en la ladera opuesta el rojo incipiente de las hayas de Montejo contrastando con el verde de los pinos de repoblación.

Como una imagen vale más que mil palabras y estas cuestan un montón plasmarlas aquí tras una dura semana, ahí van unas cuantas de aquellas.

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Esta vez fueron 16,7 Km de recorrido, con una ascensión acumulada de 809 m y una duración de 7 horas incluidos descansos. Acudimos a la cita: Begoña, Juana, Monique, Vicky, Javier, José Antonio, José Fernández, Robert y yo.

¡Disfrutad el otoño!

Invitados

Cuando actualizo las estadísticas de las marchas me encuentro con el dilema de a quién calificar como componente del grupo y a quién como invitado o invitada.

El interés inicial es acumular datos, estadísticos se entiende, de las marchas a las que acuden losdelmonte, los kilómetros, los desniveles, etc. con el fin de repasar periódicamente estos datos y hacer un balance de su compartimiento montero.

Para no hacer muy extensa la lista, para desbrozar y atender a los integrantes del grupo me veo forzado a etiquetar a aquellos otros que semanalmente nos acompañan como invitados/as. Pero ¿quién soy yo para decidir si alguien es invitado o integrante del grupo si soy de los últimos en unirme a él?

¿Cómo resolver el dilema?

En primer lugar me planteé el identificar a los del grupo. Esto parece fácil pero no lo es. Al principio me dije al grupo pertenecen los que vienen asiduamente. Pero ¿qué hacemos con Marta o Pepe Bartolomé que vienen de vez en cuando? ¿Ha dejarlo de serlo Miguel Ángel durante estos dos últimos años? ¿Y Javier Borderas … ? ¿Es Javier del grupo, que no he hecho una marcha nunca con él?

Los del grupo son los antiguos, me dije. Son los que van al cocido de Mateo. Pero aquí también encontraba asimilados, así que ¿qué hago?

¡Ya está, joer! Al grupo pertenecen los antiguos, aquellos de los que habla la tradición oral y, naturalmente, sus chico/as, o cónyuges, o como quiera que se llame a la relación que mantengan, pues es un derecho adquirido ¿o no?

¿Y los invitados? Pues son eso, invitados. Ya qué fácil. ¿Cómo identificar a los invitados? Porque es muy fácil definir como invitada a Isabel, la sobrina de Rafa, o a Menchu y a Pedro, primos de Javier, pero ¿lo son Mamen o María?

Tracé una raya, un antes y un después de mi integración en el grupo. No de mi ingreso sino desde el momento en que me sentí integrado. Y no porque pusiera trabas el grupo, al contrario, se trata de ese momento en el que tú mismo te ves inmerso en el grupo, que sientes que se cuenta contigo y que tú cuentas con el resto. A eso me refiero.

A un lado de la raya situé a los que semanalmente veía y a aquellos de los que semanalmente oía hablar, a Antonio y Yolanda, a Paco Ayala, a Domingo, y a tantos otros. Del otro lado coloqué a aquellos que esporádicamente nos acompañaban y para identificarles de forma rápida establecí que un invitado dejaría de serlo por la acumulación de puntos que conseguirían en base a los méritos siguientes:
  1. Acude con asiduidad
  2. Lleva mapas o cualquier artilugio que sirva a la navegación y al comentario
  3. Pone estos instrumentos a disposición de los jefes y no se amosca si se le mojan, doblan o presentan pequeños rasguños
  4. No se queja aunque nos enrisquemos
  5. No trata de influir en el sitio o la hora de la comida
  6. Invita regularmente al café previo a la marcha, aunque seamos veinte
  7. Propone marchas en tiempo útil
  8. No se enfada si no las hacemos
  9. Lleva vino, chorizo de león o dulces exóticos a la marcha
  10. Algún mérito más que se nos ocurra en el futuro (cláusula imprescindible para endurecer el acceso a tan selecto grupo)
Según estos parámetros, la relación de invitados a las marchas desde hace un año que empecé a mantener las estadísticas es:

Invitado/aInvitado/a deMarchas
José FernándezMateo12
DianaMagu5
MenchuJavier5
PedroJavier5
Maru BandrésJuana4
Trini BandrésJuana4
IsabelRafa3
José LuisCarmen3
María CastroRafa3
AntonioBegoña2
César BayonaJuana2
ChusBegoña2
Rafa BayonaJuana2
RicardoMateo2
TatianaJosé Antonio2
AlejandroDomingo1
ÁlvaroJavier1
AnaJosé Antonio1
BlancaJavier1
CosmeJosé Antonio1
Charo AchuteguiJosé Antonio1
ChristopherJavier1
DarioDomingo1
EricaDomingo1
FranciscoPepe1
GuillermoDomingo1
JaimePepe Bartolomé1
JaviJavier1
JavierJavier1
José Antonio BotínJosé Antonio1
JuanViqui1
KasumiDomingo1
MartaJavier1
MiguelDomingo1
MiguelMamen1
RogelioFidel1
SaraCarlos1

Nótese que al lado del nombre del invitado ponemos el del invitante pues en caso contrario es difícil identificar a aquel.

Ahora, si vemos los datos al revés nos haremos una idea de aquellos del grupo que más invitados aporta y de los que menos.

Montañero/aInvitadosMarchas
Javier816
Domingo66
José Antonio56
Juana412
Mateo214
Rafa26
Begoña24
Magu15
Carmen13
Carlos11
Fidel11
Mamen11
Pepe11
Pepe Bartolomé11
Viqui11

A ver cómo reacciona el personal, si está de acuerdo o si por el contrario nos da razones para cambiar la clasificación. El debate está servido.

¡Cómo está el otoño!

Marcha del sábado 11 de octubre de 2008

Lamenté no haberme llevado la cámara, el día no se presentaba para fotos dada la previsión de precipitaciones, pero me equivoqué porque aunque alguna gota nos calló el paisaje aún nublado hubiera merecido disparar muchas, pero que muchas, fotos.

Esta vez la asistencia a la convocatoria fue escasa, no sé dónde anda el personal, porque no creo que las lluvias otoñales retrajeran a un grupo experimentado como el nuestro. El caso es que tan solo nos presentamos José Antonio, Fidel, Miguel Ángel, Begoña y yo. Nos reunimos en Montejo de la Sierra para tomar café y, una vez comprobamos que no acudía nadie más, nos dirigimos a El Cardoso de la Sierra (1278 m).

A las 11 de la mañana iniciamos la marcha. Nos encaminamos a La Hiruela (1257 m) por ese precioso camino tan conocido por nosotros. Una vez atravesamos el pueblo Miguel Ángel partió en dirección al puerto del mimo nombre con el fin de acortar la marcha y esperarnos allí para comer. El resto iniciamos el ascenso al Cerro Salinero y de allí al Collado homónimo. En el collado anterior al Cerro Salinero consumimos algún tiempo en buscar el GR.88 pues la jara y los helechos han desfigurado completamente el sendero y andábamos un tanto despistados. Después de buscarlo por uno y otro lado, cuando las jaras nos impedían continuar dada su altura y acumulación consultamos el plano y nos dimos cuenta que el sendero trascurría por la cuerda, así de fácil, así que desandamos lo andado y en su busca fuimos. Una vez encontrado todo fue como se esperaba.

Recién llegados al Collado Salinero, cuando nos preparábamos a atacar el ascenso al Porrejón, recibimos la llamada de Miguel Ángel para saber por dónde andábamos. Como quiera que aún nos faltaba subir y descender al Porrejón y luego llegar hasta el Pto. de la Hiruela, quedamos en que él seguía camino al Pto. del Cardoso, donde había dejado el coche en previsión de posibles cambios de ruta.

Continuamos camino al Porrejón (1827 m) donde hicimos cumbre a la 14:30. Era mi primera vez que lo ascendía por ese lado. Tan novedoso me pareció que ni siquiera recordé las veces que lo había subido en la tradicional circular de La Puebla, lugar obligado de paso. La vista desde allí era maravillosa y aterradora pues nubes procedentes de Toledo, que son las malas según Pepe Monte, empujadas por el viento se nos arrimaban amenazantes así que, después de engullir a toda prisa unos pistachos patrocinados por Fidel, nos aplicamos en el descenso que tuvimos que interrumpir para calzarnos los pantalones de agua, desenfundar paraguas y demás preparativos porque nos cayó de lo lindo hasta que prácticamente llegamos a su base. Nos expulsó literalmente la montaña.

Antes de llegar al Pto. de la Hiruela (1477 m), aprovechando la tímida salida del sol, nos cobijamos del viento tras unas peñas y dimos cuenta del almuerzo. A esa hora, Miguel Ángel llegaba a El Cardoso en su coche y después de sopesar recorridos y tiempos decidió tomarse una cervecita a nuestra salud y salir pitando para casa. A nosotros nos tocaba regresar y decidimos no llegar hasta el Pto. del Cadoso como estaba previsto sino descender desde el Pto. de la Hiruela hasta el pueblo y de allí a El Cardoso donde teníamos los coches.

Aún así hicimos 16,1 Km de recorrido, con 901 m de ascensión acumulada y una duración total, incluidos descansos, de 7:20 horas.
En el camino de regreso a El Cardoso nos encontramos a Susana que después de noche de ópera, no teniendo ganas de madrugar, se tiró al monte con su chico a horas más acordes con las salidas nocturnas y que decidió hacer el recorrido en sentido inverso para encontrarse con nosotros. Las que conocen el monte, como Susana, se pueden permitir estas alegrías. Y alegría fue encontrárnoslos allí en medio del robledal y de forma inesperada.

El paisaje, que era a lo que iba al principio, una maravilla. El otoño está en su pleno esplendor, al menos en estos parajes. Se puede observar perfectamente la diferencia de colores en extensiones verdes de los pinos al lado de otras pardo-amarillento de los robles y diseminados aquí y allá conjuntos de amarillos aportados por árboles de ribera y rojos de los cerezos que en estos lugares abundan. Gracias a este cambio de color, de que se les ha subido el rojo, nos hemos dado cuenta de que hay gran cantidad de cerezos en La Hiruela, bien valía la pena llegarnos hasta aquí y caminar por senderos muchas veces recorridos pero que ayer nos parecieron de estreno.

¡Ah! de setas na’de’na, pero ya saldrán ya.

Los acebos y doña Paca

Después de una atípica consulta previa sobre preferencias de lugar para la marcha, en Robregordo nos presentamos listos para contemplar los acebos en flor, argumento fundamental de la mayoría proponente.

Las alegres conversaciones en torno a la alta calidad del semen gallego (nº 1 en el ranking ibérico, según sesudos estudios de prestigiosos científicos), noticia que aparece en la prensa del día, anima nuestros pasos hasta avistar los primeros acebos luciendo sus mejores galas.

Pista arriba, llegamos a otra pista y a otra más. Luego de convencer a Rafa de que aceptara un ligero cambio sobre sus planes iniciales, tarea nada fácil, tomamos una senda en torno a un arroyo, que nos situó sobre la cuerda, en las proximidades del pico Colgadizos (1.833 m).

Se aproximaba la hora del almuerzo, y con ella los primeros nervios sobre el cuándo y el dónde. Es en ese preciso instante cuando Rafa, gran timonel, toma raudo la delantera y se precipita cortafuegos abajo, para situarse sobre el lugar justo a la hora exacta. Muy lejos de sus oídos las protestas sobre el cortafuegos, la hora, la enorme pendiente y otras lindezas. De la calidad del lugar da prueba la larga sobremesa que todos nos regalamos.

Un ligero esfuerzo de descenso adicional nos sitúa a la mayoría en La Acebeda, donde, para nuestra sorpresa nos encontramos en el bar de doña Paca, la misma que el pasado 10 de enero nos sirvió unos magníficos huevos con patatas en un día de perros. Esta vez el regalo de cervezas y cafés fue de Fidel, el quinto sixty de 2008. Sólo queda uno.

Gracias a que Maxi, Jose y Pepe tomaron otra vía de descenso directo a Robregordo, nos ahorramos el tramo por carretera La Acebeda- Robregordo de unos 4 km , después de organizar un ligero operativo, cosa que ya vamos haciendo bastante bien.

Participantes: María, Miguel Ángel, Fidel, Maxi, Rafa, Gema, Guida, Luz, Rosa, Susana, Pepe Monte, Carmen, Jose (o Pepe), Susana, Mabu, Carlos.

Escores: 16 km, 6 ½ h (comida y siesta incluidas), 600 m de desnivel.

Varios:
1. Miguel Ángel como en sus mejores tiempos. ¡Bravo!
2. Rosa; que reclama, y obtiene, una mención especial por el esfuerzo extra del sábado anterior en el que tuvo que recorrer 2 km por zonas muy duras fuera de la carretera de subida a Navacerrada. Todo ello para acompañar a Lola (la de Vicky), que no podía transitar por el asfalto.

Un año ¿ya?

Si. Parece mentira pero nuestro blog cumple hoy un año de su primera entrada. Cómo corre el tiempo. Pero ¿ha servido para el propósito que se creó?

En su origen, el blog debía servir para recopilar las marchas que realizamos semanalmente, como recordatorio. Un sitio donde acudir a consultar los itinerarios, participantes, invitados y otros datos estadísticos. Esos datos que, como decía un amigo mío refiriéndose al ordenador de a bordo de los coches, no sirven para nada pero da de qué hablar. Y poner todo ello a disposición de la comunidad virtual, en principio los del grupo pero también de todos los que nos rodean, amigos, familiares y curiosos que en su navegar por Google y la Internet se acercasen a visitarnos.

A medida que lo íbamos utilizando fuimos descubriendo que el medio nos ofrecía la posibilidad de incluir comentarios (posts) sobre lo que nos gusta, preocupa o simplemente queremos compartir con los demás y así fueron incluyéndose vídeos, crónicas de salidas a conciertos, sobre eventos, viajes, etc. Fueron incorporándose colaboradores como Carlos y Fidel y, de forma delegada, Rafa y José Antonio, que cuando han querido divulgar algo me lo han enviado para su publicación. También Gema y Mateo han contribuido enviando textos preparados para alguno de los eventos celebrados desde entonces, el último fresco aún en el recuerdo.

A continuación se incluye una lista con las entradas del blog ordenadas por fecha de publicación.

01/10/2007Intento fallido a La Maliciosa (Ángel) »
03/10/2007Marchas de septiembre de 2007 (Carlos) »
04/10/2007Presentación del libro de Domingo e hijo (Ángel) »
07/10/2007A la segunda va la vencida (Ángel) »
10/10/2007Berlanga de Duero 28, 29 y 30 de septiembre de 200... (Carlos) »
14/10/2007Por los alrededores de Horcajuelo de la Sierra (Ángel) »
21/10/2007Quién dijo miedo (Ángel) »
26/10/2007Jueves musical (Ángel) »
28/10/2007Tarifa abusiva (Ángel) »
28/10/2007Marcha joven / ruta Dylan (Ángel) »
04/11/2007La 9ª de Beethoven (Ángel) »
07/11/2007Pradoluengo 2007 (Ángel) »
11/11/2007La Pedriza, Manzanares arriba (Ángel) »
18/11/2007Subida al Mondalindo (Ángel) »
20/11/2007Apoyo a los Agentes Forestales de la Comunidad de ... (Ángel) »
27/11/2007Cambio de planes (Ángel) »
02/12/2007Las cosas no salen siempre como se planean (Ángel) »
09/12/2007Crónica de José Antonio sobre la marcha de Braojos... (José Antonio) »
09/12/2007Subida a Peña Quemada desde Braojos (Ángel) »
17/12/2007Paliza plena, vive Dios (Ángel) »
23/12/2007Canencia, pisando nieve (Ángel) »
25/12/2007Felicidades Yoyo (Ángel) »
30/12/2007Acabar el año con buen sabor de boca (Ángel) »
31/12/2007Siendo realmente muy bonita, la marcha a la Peña e... (Fidel) »
06/01/2008La primera de mosqueo (Ángel) »
07/01/2008Algo diver para empezar el año (Ángel) »
10/01/2008... O los huevos fritos de doña Paca (Carlos) »
11/01/2008Adiós a Sir Edmun Hillary (Ángel) »
14/01/2008Subida a Lomo Gordo desde San Mamés (Ángel) »
18/01/2008A ritmo de bolero (Ángel) »
20/01/2008Marcha rara, pero que muy rara (Ángel) »
28/01/2008Yo me la llevé al río ... (Ángel) »
03/02/2008En atención a Seijas … (Ángel) »
05/02/2008Capacidad de imitar (Ángel) »
10/02/2008Defender la alegría (Ángel) »
11/02/20083 cazadores, 1 jabalí y un montón de gatos (Ángel) »
16/02/2008Record de visitas (Ángel) »
17/02/2008Subida al Pico Tres Provincias (Ángel) »
20/02/2008Cocido de Mateo, clasificación oficial (Ángel) »
24/02/2008Subida al Perdiguera, pero ¿dónde está eso? (Ángel) »
26/02/2008Cocido de Mateo 2008 (Ángel) »
03/03/2008El sábado en La Pedriza (Ángel) »
04/03/2008Puesta a punto espiritual (Ángel) »
10/03/2008A carajo sacao (Ángel) »
14/03/2008Strauss en el Monumental (Ángel) »
17/03/2008El Valle de los Hoyos, maravilloso paisaje (Ángel) »
27/03/2008De buena nos libramos (Ángel) »
01/04/2008Faena de aliño (Ángel) »
06/04/2008¿A dónde vamos el sábado? (Ángel) »
08/04/2008La Talibana (Carlos) »
09/04/2008La Centenera (Fidel) »
14/04/2008... Y salió redondo (Ángel) »
19/04/2008Cuando no puede ser … (Ángel) »
20/04/2008Cuando no puede ser ... (epílogo) (Fidel) »
28/04/2008La Cuerda Larga (Ángel) »
08/05/2008El Montón de Trigo, por fin (Ángel) »
10/05/2008Otra vez a remojo (Ángel) »
13/05/2008Catástrofe en Birmania (Ángel) »
23/05/2008El puente de San Isidro por tierras de León (Ángel) »
26/05/2008La siempre agradecida Pedriza (Rafa) »
27/05/2008Sorprendente descubrimiento del Hueco de San Blas (Rafa) »
01/06/2008Primavera plena (Ángel) »
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06/06/2008Canción a la Luna (Ángel) »
13/06/2008La cuerda de Peñalba (Ángel) »
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18/06/2008Ranking de marchas (Ángel) »
25/06/2008Recuerdo de Peñalba (Ángel) »
30/06/2008La preparatoria de Pirineos (Carlos) »
12/07/2008Pirineos V (Ángel) »
14/07/2008EL GAFE (A mi amigo Ángel) (Fidel) »
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20/07/2008Subida a Cueva Valiente (Fidel) »
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17/08/2008Balance de la temporada (Ángel) »
04/09/2008Una olvidada: Siete Picos (Rafa) »
07/09/2008En familia (Rafa) »
12/09/2008El Puerto de Pasapán (Rafa) »
14/09/2008De vacaciones a la República Dominicana (Ángel) »
15/09/2008Fotografía esférica (Ángel) »
17/09/2008Subida a la Cebollera Nueva (Ángel) »
22/09/2008Sixties walk (Ángel) »
30/09/2008Resaca sesenterista (Ángel) »

Hasta aquí lo hecho pero ¿qué esperamos a partir de ahora? Bueno pues nos toca crecer, no nos vamos a quedar bajitos y balbuciendo toda la vida. Tenemos que conseguir incorporar a más colaboradores y sobre todo dar más vidilla al blog abriendo el abanico de temas a tratar, eso que los técnicos llaman “crear comunidad”. A ver si lo conseguimos.