Siendo realmente muy bonita, la marcha a la Peña el Águila tuvo un encanto añadido: pisar la nieve, cuando en Madrid hace tanto tiempo que no cae ni gota. Además de los picos que cita Ángel y que plasma en sus inigualables fotografías, tambien se veía la sierra del Zapatero y la Serrota.

La única pena que me quedó en el alma es que no se veía ... ¿a que no sabeis qué?
El Ocejón Azul, grises sus sienes,
!meditando en la cumbre!
Cuando en la primavera se desnuda
el pico mudo, de su veste helada,
un pájaro errante cantará la nieve
bajando al campo con sus alas blancas...
(poeta: Suárez de Puga)
Pero bueno, está visto que no hay nada perfecto en esta vida.

Tambien os deseo un Feliz 2008 de vida, marchas y fotos.

Acabar el año con buen sabor de boca

Con ella cerrábamos el año, no contábamos en Madrid con nuestros próceres que semanalmente programan y nos convocan a las sabatinas marchas e ignorábamos si alguien tendría ganas de darse un garbeo por el monte con el año a punto de finalizar. Sin embargo me decidí a organizar la última salida al monte de 2007 harto de una semana de comilonas navideñas, reuniones familiares, pedreas y temores a que cada vez que se acerca un conocido te abraza y te felicite las pascuas.

Intenté hablar con Fidel para, en un alarde de concordia navideña, acordar una salida por la sierra pobre de Madrid que según el a mi no me gusta, pero como no lo conseguí decidí rebuscar en mis archivos una marcha apropiada para estas fechas que apeteciera a los pocos que preveía estarían en Madrid y que fuera capaz de conocer y controlar hasta el punto de encontrar alternativas si las fuerzas, el horario o la meteorología lo aconsejasen ¡qué responsabilidad!

Entonces acudió en mi ayuda Begoña, que aparte de otras funciones configura parte importante de mi archivo, la memoria, que si no es volátil es parte fundamental de todo sistema que se precie, y me propuso una marcha que el año pasado intentamos realizar y no pudimos finalizar debido a la nieve y nieblas existentes pero que yo, en solitario, no recuerdo la fecha, había completado en primavera y había comprobado que era un itinerario con no demasiado desnivel pero exigente y con una distancia apropiada para realizar en este tiempo en que los días son tan cortos, así que me decidí a convocarla.

Ampliar


No se si el personal estaba tan abrumado como yo por las festividades pasadas o, como dije en el eMail convocante, preparándose para la tanda que se avecinaba, el caso es que enseguida me llegaron correos, sms y llamadas anunciando participación de los de siempre y algún extra que ciertamente nos alegró volver a ver.

El itinerario seguido es circular, parte de la estación de ferrocarril de Cercedilla (1180 m), punto de encuentro de la jornada, recorre la calzada romana por la margen derecha del Río de la Venta ganando altura paulatinamente hasta pasados unos 2 Km del Hospital de la Fuenfría donde abandonamos el PR-M 30 para, tras exigentes rampas, alcanzar el Collado de Marichiva (1753 m), lugar elegido para la parada técnica después de 2 horas de caminar, parada que no demoramos mucho pues iniciamos la marcha tarde y no quería yo sorpresas con el tiempo.

A esa altura hacía rato ya que pisábamos nieve y el día era espléndido, brillaba el sol y la atmósfera era clara en la montaña, no así la vista de Madrid tocada para la ocasión con boina sucia de polución. Con esa luz y buena temperatura, repuestas las fuerzas y retomado el resuello nos aplicamos en ascender a Peña del Águila (2009 m). Son 2 Km de ascensión, con tres o cuatro rampas durillas y de esas que no ves nunca la cima, que cuando estás llegando a lo que crees es el final descubres que no, que te queda otra más. Agrupados junto al hito nos hicimos fotos, no entonamos el tintiriti, son ya tantos los dosmiles subidos que a veces se nos olvida, y admiramos las fantásticas vistas que se nos ofrecían: Peñalara – Siete Picos – Guarramillas – La Maliciosa al nor-nordeste, la Mujer Muerta al noroeste y Abantos y hasta Gredos al oeste, tras lo cual emprendimos el descenso buscando el lugar idóneo para comer que ya era hora.

Ampliar


La comida fue rápida, empezaban a tapar el sol tenues nubes procedentes del oeste y había un cierto miedo a que nos faltase la luz en el descenso así que, recién tomado el café y la riquísima tarta de Mamen, portada por Seijas, nos pusimos en marcha hacia el Collado de Cerromalejo (1774 m), a los pies mismos del Alto de la Peñota que no siendo más alto que Peña el Águila impone bastante más. Desde allí por sendero nevado y pendiente suave descendimos a la pista denominada “Calle Alta” por el que recorrimos aproximadamente 1 Km y desembocamos en un sendero que pasando por la Fuente de la Mina nos dejó en el Puente del Molino y los andenes de la estación de Cercedilla.

En total fueron 15 Km, con un desnivel acumulado de 907 m que realizamos en 6½ horas, incluidos descansos, y participamos Rafa, Mamen, Seijas, Fidel, Luz, Monique, Viqui, José Luis, Diana, Begoña y yo.

La marcha preciosa, hasta el punto de obligar a Fidel a reconocerlo no sin antes darnos a Begoña y a mí un buen repaso de lo bonita que es la sierra norte, pero había disfrutado tanto que quiso celebrarlo invitándonos al café post-marcha que tomamos en la misma estación. Después los adioses, los felices entradas y salidas de año de rigor mientras planeábamos ya la próxima salida, la primera del 2008.

Fotos de la marcha

Con esta despedimos un 2007 que denominaré de transición en lo personal, por no entrar en detalles, pero que nos ha permitido afianzar los lazos con este maravilloso grupo “Los del monte” y en el que hemos iniciado esta aventura tecnológica del blog que espero sirva con el tiempo de memoria histórica de nuestras andanzas.

Feliz año a todos/as sus componentes e invitados/as. Que 2008 sea un gran año de monte, gepeeses, fatigosas subidas, espeluznantes bajadas, pérdidas, encuentros, vistas esplédidas, nieblas y vientos, amenas charlas y a veces coñazos sobre pelis, libros, piedras, plantas y lo que sea … pero todos juntos.

Felicidades Yoyo

El pasado sábado celebramos, conjuntamente con el grupo de teatro Bululú 2120, una fiesta con motivo del septuagésimo cumpleaños de Yolanda Monreal Carton. Se preparó durante semanas con total desconocimiento de la homenajeada y lo conseguimos. Esperábamos todos a oscuras, cuando entraron Yolanda y Antonio se encendieron las luces y Yolanda al principio perpleja, luego emocionadísima según se iba percatando del motivo de la convocatoria y de los que allí nos habíamos congregado.

El acto comenzó con unas palabras de sus hijas Maya y Berta, tras lo cual Gema y Jose Mari presentaron una dedicatoria elaborada por ellos mismos en representación del grupo Los del monte. Tanto Yolanda como Antonio estaban muy emocionados. Luego, para reconducir el ambiente y darle un tono más festivo, Fidel y Seijas cantaron unas canciones que arrancaron numerosos bravos desde los bancos del público. Y para finalizar, Robert nos deleitó con unos trucos de magia adornándose con poses muy cómicas y divertidas.

Texto íntegro de la carta de Gema en honor de Yolanda:

Querida Yolanda:

Tus amigos del Monte no podíamos faltar a esta fiesta sorpresa organizada por tus hijas y por Malonda para celebrar tu cumpleaños. Hemos conspirado con ellos durante varias semanas en la OPERACIÓN ALTO SECRETO, y aquí nos tienes a una buena representación de esforzados montañeros.

¡Setenta tacos! ¡Setenta espléndidos años! ¡Nuestra Yolanda! ¡Parece mentira!

Nadie te puede negar el honor de ser una de las veteranas de nuestro grupo y de pertenecer al selecto club de los socios fundadores. Sólo por eso te merecerías el agradecimiento y el cariño de todos los que hoy seguimos disfrutando del privilegio de formar parte de un grupo tan valioso y excepcional.

Pero como nunca has sido talibana, ni has tenido la pretensión de hacer grandes proezas físicas, tu presencia entre nosotros siempre ha tenido muchos matices muy diferentes al deportivo. Muchos sospechamos que, en realidad, a ti, como a tantos otros de los del monte, siempre te han importado más la buena compañía y la conversación inteligente, que batir récords o culminar dos miles.

Todos te recordamos en nuestras excursiones de los sábados, durante años, pletórica, llena de vitalidad, con tu pelo rojo zanahoria al viento, hablando de libros, de lo divino, pero sobre todo de lo humano, soltando de vez en cuando parrafadas en francés y algún que otro taco, y cagándote en dios y en los curas, cuando la pendiente era excesiva o la caminata muy larga, o te dolían esos pies tan delicados que tienes. O, sencillamente, cuando ellos, dios y los curas, se te ponían a tiro.

Te recordamos preocupada por Antonio, cuando lo de su infarto, y adaptándote a sus ritmos de marcha, “por prescripción facultativa”.

Y no podemos olvidar cómo la maldita enfermedad que te atacó abiertamente hace dos años, pero que llevaba escondida y al acecho en tu interior, la cabrona, desde algunos meses antes, te apartó casi definitivamente de nuestras marchas.

No sabemos cómo lo has hecho. Cómo lo habéis conseguido entre los dos. Porque lo curioso es que Yolanda y Antonio, Antonio y Yolanda, habéis logrado en los últimos tiempos estar en el núcleo central de la familia del monte, ocupar un lugar de honor en nuestra alegre cofradía, sin aparecer nunca por el monte.

La verdad Yolanda, es que sí que lo sabemos. Sabemos que con tu generosidad, con tu exhuberancia y vitalidad, con el cariño que repartes y derrochas a manos llenas, te has ganado un hueco en nuestro corazón que ya no tiene nada que ver ni con la montaña, ni con las marchas, ni con la fuerza de las piernas.

¡Y anda que no nos quedan cosas por compartir! ¡Y anda que no nos quedan caminos por recorrer! ¡Y anda que Yolanda y Antonio, Antonio y Yolanda no os apuntáis a un bombardeo!

Cocidos, comidas, meriendas, cenas, fiestas. ¿Qué serían sin vuestra sempiterna y riquísima empanada?

Pero también, talleres literarios, viajes, salidas de fin de semana, partidas de cartas, salidas al cine y al teatro (Por cierto, Yolanda, no sé si te lo hemos dicho alguna vez: qué lujazo ir contigo y con Antonio al teatro y hablar de la función, luego, ante una buena cena. ¿Cuándo quedamos?)

Conseguiste, hace unos años, poniendo a nuestra disposición todo tu buen hacer profesional y mucha paciencia y cariño, convertirnos a las mujeres del Monte en unas brujas impertinentes y libertarias. Conseguiste que los hombres, con Malonda a la cabeza, se picaran y se disfrazaran de frailes mojigatos y gruñones para darnos la réplica. Y entre los dos habéis logrado convertir la fiesta de San Juan, en Morata, en uno de los hitos más brillante de nuestra agenda anual. Y de paso, meternos a un grupillo de los del monte el gusanillo del teatro en el cuerpo, ¡y hasta hacernos alumnos de Bululú!

Muchas gracias Yolanda, por tu amistad, por tu cariño, por todo lo que nos aportas.

COMPAÑERA YOLANDA, AMIGA DEL ALMA, MONTAÑERA HONORARIA, DISFRUTA DE TU FIESTA Y MUCHAS FELICIDADES.

Tus amigos del monte
Desde aquí un fuerte abrazo para Yolanda. Hasta siempre compañera.

Canencia, pisando nieve

De nuevo nos encontramos con la nieve ¡Qué maravilla! Ganas teníamos de pisarla de nuevo, hacía ya diez meses que disfrutamos en el monte de este elemento que todo lo embellece, lo cambia, que oculta senderos y hace practicables terrenos por los que nunca transitaríamos.

La marcha del sábado fue corta porque debíamos estar todos los del grupo en el homenaje a Yolanda por su septuagésimo cumpleaños, pero no pudimos resistir la tentación de dar un garbeo por el monte, de tomar un café en una Canencia a esas horas todavía dormida y de encontrarnos con los amigos de siempre pero que cada sábado saludamos como si hiciera tiempo no veíamos.

Al final y pese a anunciar una marcha corta y poco desnivel solo nos presentamos José Antonio, Juana, Mateo, Diana, Begoña y yo. Como ya he dicho, marcha breve y cómoda, solo enturbiada parcialmente por los designios del GPS que se empeñó en presentar como pista lo que era una magnífica y extensa valla de piedra que nos hizo saltar, esquivar y enzarzarnos recordando otras aventuras vividas.

Salimos de las cercanías de Canencia y enfilamos al Portachuelo de Canencia no sin antes confundirnos de camino, retroceder, recuperarlo monte a través, etc., la nieve todo lo cambia. En la cuerda de Hontanares, con magníficas vistas del valle de Lozoya, marchamos hasta las inmediaciones del Espartal y de allí a los coches que se nos echaba la hora encima.

Recorrido de 11 Km y ascensión de 530 m que realizamos en 5,40 horas pero que nos dejó un buen sabor de boca, probamos esta temporada el Goretex de nuestras botas e hizo mella en músculos redescubiertos tras marchar por la nieve durante horas.

Paliza plena, vive Dios

¡Qué bonita marcha la del sábado! ¡Qué brutal y caótica! Ni cacahuetes-break, ni subida tranquila por pista, ni volver todos juntos, ni zarandajas, cada uno por donde le dio la gana. A veces hay que hacer marchas como esta, aunque a algunos, entre los que me incluyo, les vaya más el rollo de la armonía, el grupo, lo programado, en fin un cierto orden. Pero a veces, qué leñe, hay que ponerse el monte por montera y que salga lo que Dios, los astros, el destino, o lo que sea nos depare.

El caso es que, después de mucho tiempo de andurriar por la Sierra de Guadarrama, nos convocaron esta vez a una marcha por los alrededores de Riaza, qué bonito pueblo, y de subir a la cuerda de la Buitrera hace tiempo visitada. Marcha de diseño, de las de José Antonio y el GPS que, al contrario de los cheffs de la nouvelle cuisine que nos procuran platos muy vistosos y poca enjundia, nos prepara marchas de mil cagamentos pero con retromarcha plena, vaciadora, que no te deja en el cuerpo mas que ansias por tomar una ducha y meterte en la cama, como debe ser coño, que para eso nos decimos montañeros recios.

No encontramos casi ni un alma, ni en la ruta seguida ni siquiera en el pueblo. Curioso lugar este de Martín Muñoz de Ayllón (1250 m), en vez de ciudad-dormitorio es colonia-retiro-meditación por los pocos habitantes y sin embargo poblado de buenas casas de fin de semana para descanso y contemplación.

Ampliar
La salida del villorrio nos obligó a perder altura bruscamente en busca del río y una vez traspasado nos deparó una subida, la de los mil cagamentos, que nos llevó directamente a la cuerda de la Buitrera. 650 m de ascenso en escasos 4 Km, que se dice pronto pero que nos dio a algunos ganas de patear el GPS, el satélite y a la madre tecnológica que los inventó.

Una vez arriba y tomado el aliento necesario, te reencuentras con tu alter ego, ese que ha salido de ti maldiciendo y resoplando, y viene lo de qué bonito es esto, qué vistas, cómo merece la pena, pero las piernas aún no las sientes y no sabes si conservas los pulmones o sigues respirando por inercia. Tanto alivio encontramos en el paisaje y en el sendero que nos conducía en llano a media ladera que ni nos dimos cuenta de que nos pasábamos de largo el pico de Buitrera, objetivo ascensional de la jornada, y que atacábamos sin saberlo el Alto de Parrejón (2011 m). Entre medias, echando de menos la parada técnica, flaqueando las fuerzas y cercana ya la hora de comer, fuimos parando desperdigados, donde le dió el apretón a cada cual, como se ve organización que no falte.

Comimos casi en la cima, al resguardo del frío viento, pero entramos en calor enseguida con las vituallas portadas hasta allí que solitarias en el macuto de cada cual son poca cosa pero que compartidas constituyen un auténtico banquete: caldo caliente, chacinas, bonito con tomate de Guadalupe (no de Chelo como reseñé en crónica anterior), vino, café, dulces y hasta cava que portó Rafa por su cumpleaños. Felicidades Rafa, que cumplas muchos más y que el resto te acompañemos a tomar una copa de cava cimera y fresquita.

Ampliar
Y llegó el caos. Entre el frío que hacía, más después de comer, que Mateo tenía prisa porque tenía cena, y que el jefe de día dijo que el regreso era por el mismo camino, la dispersión, unos por el camino de venida, otros dudando si volver por la cuerda, los de atrás chillando a los de delante, en fin que volvimos como he dicho antes como nos dio la gana que para eso somos mayores de edad y libres.

Mientras Mateo encabezaba la expedición a toda marcha y los demás le seguían, Seijas, que no sabemos lo que se había tomado para la ocasión, se encaminó a la cuerda y le seguimos el anárquico Pepe, que si hay que subir se sube aunque le fastidie bajar, cosa natural por lo demás porque lo que se sube se baja, y yo que andaba como pastor preocupado por las descarriadas ovejas y con el resquemor de no haber pisado la Buitrera. Poco después se nos unió Begoña, para ello tuvo que hacer un extra de ascensión pero consideró que merecía la pena, además su chico, o sea yo, llevaba el agua, así que a la cuerda, visto lo cual, José Antonio en un arranque de envidia montaraz se nos unió arrastrando tras de sí a los animosos Fidel y Luz, que tratándose de monte y música clásica se apuntan a un bombardeo, y a la cándida Tatiana, invitada de José Antonio, que como es peruana pensábamos que eso de las alturas le venía como anillo al dedo pero que a la postre resultó la más perjudicada.

Apiñados en torno al geodésico de Buitrera (2048 m), de espaldas al Ocejón, nos hicimos la foto de rigor y entonamos el segundo tintirinti de la jornada tras lo cual nos enfrentamos a las duras rampas, esta vez de bajada. Machacando cuadriceps y atormentado los dedos de los pies llegamos al pueblo tres cuartos de hora después que el resto, ya de anochecida, aún así nos entretuvimos en coger unas ricas manzanas en finca vecina al camino.

A la marcha nos presentamos esta vez José Antonio, Juana, Rafa, Tatiana, Pepe, Jose Mari, Gema, Mateo, Viqui, Carlos, Mabu, Fidel, Luz, Seijas, Begoña y yo. El grupo que subió a la Buitrera empleó 7 horas y ½ en recorrer 16 Km con una ascensión total de 1087 m.

Bueno montañeros, recuperaros que habrá más como esta que como decía al inicio para eso nos denominamos montañeros recios.

Crónica de José Antonio sobre la marcha de Braojos

Hoy ha sido una marcha normal, como las de antes, dije yo. Incluso parte de ella discurría por senderos muchos años antes visitados. Pero todos, espero, nos encontrábamos muy satisfechos. Viky, me contaba, se sentía encantada de una visita así, a la naturaleza, sin agobios ni horribles caminatas. Hasta Lola estuvo, como siempre, muy pesada en la comida, entre pinos, pero en un prado, con frío y algo de viento. Nos dio un poco de apuro hacernos la foto en Peña Quemada, tan solo un mil setecientos, ¡Quién lo diría! El tintirinti desafinado y muy breve; no merecía la pena. Pero el día de invierno lo justificaba. El aire estaba muy puro y, el cielo, al bajar de la montaña, nos deleitaba con los juegos que tan bien sabe hacer en los atardeceres de los últimos del año. Rafa, como es habitual, nos sacaba de nuestra tradicional indolencia para que tomáramos conciencia de las sensaciones que estábamos viviendo. Disfrutábamos pensando en las gracias que haríamos con Seijas y la aberración natural cerca de Braojos. Efectivamente, el portento allí estaba y, como era previsto, el agua fluía en contra de los principios naturales, tal como esperábamos todos, e incluso con más evidencia que nunca. Por hacer gracia, Fidel y ¿quién le acompañaba? se postraron de rodillas ante tal portento. Realmente estaban muy graciosos y el tema dio mucha conversación, antes y después de la inspección. Todo se encontraba en orden, como antes. Hubo lugareños que nos orientaron al salir, dándonos el contacto humano con el territorio, la presencia de Maxi y Guida, siempre recuperados, José Mari y Gema que cuando aparecen nos parece que son de los fijos, Angel y Begoña, ahora notarios de nuestras acciones y más nuestros que nunca. Hubo tertulia al dejar la región, en La Serna, aunque Monique se nos perdió. En fin, un día al que a muchos nos indujo a recordar otros sentimientos vividos.

José Antonio Espí

Subida a Peña Quemada desde Braojos

Cuando creíamos que este puente de la Constitución no quedaría nadie en Madrid con ganas de darse un garbeo por el monte y con una previsión meteorológica incierta, acudimos en tropel a la cita, somos así.

Puntuales fuimos apareciendo en Braojos (1194 m), sorprendidos de ver a amigos con los que no contábamos y con problemas para concentrarnos dada la imposibilidad de aparcar en su plaza en obras. Algunos tomamos café, otros nos estaban aún buscando dada la dispersión de coches, el caso es que a las 10:45 comenzamos la marcha después de preguntar a un lugareño por la cañada que debíamos tomar.

El día se inició soleado y claro, como es habitual en la sierra madrileña en esta época, aunque las nubes empezaban a reunirse sobre nosotros. Pero realizamos casi toda la subida con sol, eso sí, el viento azotó de lo lindo en cuanto tomamos altura.

Ampliar
Salvo un ligero despiste, motivado por la práctica desaparición de la cañada en torno a La Porrilla (1622 m) que nos obligó a marchar campo a través sin sendero claro por el que transcurrir, la subida transcurrió de acuerdo a lo planeado, o sea, cortafuegos y pistas, más cortafuego que pista.

El viento nos obligó a guarecernos detrás de unas rocas para hacer la parada técnica que tuvimos que hacer con guantes, gorros y demás prendas de abrigo. Tras el refrigerio y a la voz de ¡ar! del jefe retomamos el camino de ascenso a Peña Quemada (1833 m) donde llegamos ya con el cielo cubierto y un viento que nos forzó a tomar la foto de rigor a toda marcha y emprender enseguida el camino de descenso.

El lugar elegido para comer es precioso y sacrificamos un poco de bienestar, aún hacía viento, por hacerlo en pradera tupida, sin gente ni ruido alrededor y con buenas vistas, privilegio que tenemos los montañeros.

Ampliar
El descenso transcurrió sin incidentes por un laberinto de pistas que después de realizado yo aún mantengo dudas sobre el itinerario seguido. Pasamos por el refugio de Santuil y, tras descender por un cortafuego de los que hacen crujir meniscos y flaquear cuadriceps, llegamos a la pista que nos había de conducir de vuelta a Brajos. El día ahora se tornaba oscuro y amenazador tal, eran las nubes que sobre el valle se cernían, a pesar de ello tuvimos tiempo de detenernos a contemplar un prodigioso lugar en el que un efecto visual da a entender que el agua que transcurre por un canal asciende en lugar de descender. Cosas vederes Sáncho, que non crederes.

Para los amigos de la estadística, el recorrido fue de 18 Km, con una ascensión total de 754 m y una duración total de 7:18 horas, incluidos descansos. Los participantes: José Antonio, Rafa, Seijas, Fidel, Jose Mari, Gema, Maxi, Guida, Viqui, Monique, Begoña y yo.

Jornada preciosa de monte en la que nos salvamos del agua por los pelos, veremos que nos depara la próxima, hasta entonces un abrazo a todos/as.

Las cosas no salen siempre como se planean

Al recibir la convocatoria de marcha elaborada por Rafa y José Antonio pensé ¿dónde vais? si es casi la tradicional circular de la Puebla; no pueden ser sólo 16 Km, ni 7 horas y, aunque el plan es atacar más directamente la cuerda, nunca hemos intentado subir a Peña la Cabra, por la duración y porque la bajada por la vertiente de Puebla de la Sierra es todo un suplicio. Pero en fin, allá que acudimos deseosos de vivir una buena jornada de monte e intrigados de cómo se desarrollaría esta.

Aunque dista 98 Km de Madrid, lo cierto es que te lleva como mínimo 1 hora y ¼ llegar a Puebla de la Sierra (1161 m) y, entre que es sábado y no te apetece madrugar mucho, que confías en que a 120 Km/h te sobra con una hora y que paras en Prádena a comprar pan, pasa lo que pasa, que llegas tarde y no te puedes tomar el café en su recoleta plaza; así que besos, apretones de mano y ¿cómo estás? mientras te cambias de calzado y preparas el macuto, bastones, etc.

Abochornado por el retraso, porque ahora las convocatorias incluyen una exhortación a la puntualidad y a que vayamos con el café tomado, mientras me acababa de atar las botas y dudaba si llevarme los guetres -polainas, disculpa Susana- me percaté de que aún faltaban por llegar mi cuñado y su chica, invitados para la ocasión por Begoña ¡qué vergüenza! la primera vez que vienen y llegan tarde ¡cómo es posible! En su descargo diré que, en vez de fiarse del GPS, hicieron caso de la ruta indicada por Begoña y …

El día comenzó soleado y aunque el 1er Km que recorrimos fue por asfalto, o sea feo, en cuanto accedimos al GR-88 la cosa cambió, con los hermosos robles que perviven en la zona, ganado alrededor y las primeras rampas, el cuerpo se entonó, empezó el calor, el espera que me tengo que quitar el forro, es decir, nos metimos en materia.

Al llegar a la cuerda, se volvieron Mateo, Viqui, Belén, Josemari y Gema por diversos compromisos, el resto continuamos ascendiendo con destino al Porrejón con bastante seguridad de que no nos daría tiempo a realizar el itinerario previsto y con la incertidumbre de cómo acabaríamos la marcha.

En la cuerda el viento era frío, el día se tornaba gris y amenazando lluvia (acertaron los meteos de la SER, no así el INM que predecía nubes pero no lluvia) así que esta vez no hicimos parada técnica (la de los cacahuetes) y nos dirigimos sin tregua a coronar el Porrejón (1827 m). No todos subimos, este grupo es como es y Juana, Carlos y Seijas pasaron de la foto en el geodésico, luego se quejan de que no aparecen en la foto.

Continuamos por la cuerda en dirección al Pto. de la Puebla y, en cuanto nos reagrupamos y nos vimos a resguardo del viento, nos paramos a comer. Comida rápida, no era cosa de demorarla; a pesar de ello hubo los tradicionales intercambios de chorizo de León, Parmeggiano, vino, café, turrones, chocolate, etc., como siempre que no todo es andurriar y subirse a las peñas.

Finalizado el ágape, la pregunta esperada ¿qué hacemos? ¿intentamos llegar a Peña la Cabra o bajamos por un camino que viene en el mapa pero que no conocemos? Como no nos daba tiempo hacer lo primero y el cuerpo nos pedía guerra, decidimos bajar por el inexplorado camino y así nos fue claro, asfalto, lluvia, descenso de curva a curva de la carretera que se nos salían las uñas de las botas, entre pinos y zarzas, en fin, divertido y lo habitual cuando viene un invitado por 1ª vez.

El tramo final lo hicimos por pista, con una lluvia que echábamos de menos; el monte olía a fresco, los líquenes daban un color azulado a las ramas y troncos de los robles y las hojas ahora si contrastaban con el gris ambiente tornándose amarillo-rojizas, no pardas como cuando el sol aplana sus colores.

Si no hicimos el recorrido previsto si que acertaron los convocantes en los demás parámetros. La marcha fue de 16 Km, con un desnivel de 700 m (853 m de ascensión acumulada) y empleamos 7 horas en su recorrido. Completamos el itinerario José Antonio, Juana, Rafa, Mamen, Carlos, Mabu, Seijas, Begoña y yo, nos acompañaron Antonio y Chus, invitados de Begoña.

Hubo café post-marcha en la plaza de la Puebla, como no podía ser menos, y comenzamos ya a cavilar en la próxima salida que seguro que nos confortará a los urbanitas como lo ha hecho esta.