Siendo realmente muy bonita, la marcha a la Peña el Águila tuvo un encanto añadido: pisar la nieve, cuando en Madrid hace tanto tiempo que no cae ni gota. Además de los picos que cita Ángel y que plasma en sus inigualables fotografías, tambien se veía la sierra del Zapatero y la Serrota.

La única pena que me quedó en el alma es que no se veía ... ¿a que no sabeis qué?
El Ocejón Azul, grises sus sienes,
!meditando en la cumbre!
Cuando en la primavera se desnuda
el pico mudo, de su veste helada,
un pájaro errante cantará la nieve
bajando al campo con sus alas blancas...
(poeta: Suárez de Puga)
Pero bueno, está visto que no hay nada perfecto en esta vida.

Tambien os deseo un Feliz 2008 de vida, marchas y fotos.

Acabar el año con buen sabor de boca

Con ella cerrábamos el año, no contábamos en Madrid con nuestros próceres que semanalmente programan y nos convocan a las sabatinas marchas e ignorábamos si alguien tendría ganas de darse un garbeo por el monte con el año a punto de finalizar. Sin embargo me decidí a organizar la última salida al monte de 2007 harto de una semana de comilonas navideñas, reuniones familiares, pedreas y temores a que cada vez que se acerca un conocido te abraza y te felicite las pascuas.

Intenté hablar con Fidel para, en un alarde de concordia navideña, acordar una salida por la sierra pobre de Madrid que según el a mi no me gusta, pero como no lo conseguí decidí rebuscar en mis archivos una marcha apropiada para estas fechas que apeteciera a los pocos que preveía estarían en Madrid y que fuera capaz de conocer y controlar hasta el punto de encontrar alternativas si las fuerzas, el horario o la meteorología lo aconsejasen ¡qué responsabilidad!

Entonces acudió en mi ayuda Begoña, que aparte de otras funciones configura parte importante de mi archivo, la memoria, que si no es volátil es parte fundamental de todo sistema que se precie, y me propuso una marcha que el año pasado intentamos realizar y no pudimos finalizar debido a la nieve y nieblas existentes pero que yo, en solitario, no recuerdo la fecha, había completado en primavera y había comprobado que era un itinerario con no demasiado desnivel pero exigente y con una distancia apropiada para realizar en este tiempo en que los días son tan cortos, así que me decidí a convocarla.

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No se si el personal estaba tan abrumado como yo por las festividades pasadas o, como dije en el eMail convocante, preparándose para la tanda que se avecinaba, el caso es que enseguida me llegaron correos, sms y llamadas anunciando participación de los de siempre y algún extra que ciertamente nos alegró volver a ver.

El itinerario seguido es circular, parte de la estación de ferrocarril de Cercedilla (1180 m), punto de encuentro de la jornada, recorre la calzada romana por la margen derecha del Río de la Venta ganando altura paulatinamente hasta pasados unos 2 Km del Hospital de la Fuenfría donde abandonamos el PR-M 30 para, tras exigentes rampas, alcanzar el Collado de Marichiva (1753 m), lugar elegido para la parada técnica después de 2 horas de caminar, parada que no demoramos mucho pues iniciamos la marcha tarde y no quería yo sorpresas con el tiempo.

A esa altura hacía rato ya que pisábamos nieve y el día era espléndido, brillaba el sol y la atmósfera era clara en la montaña, no así la vista de Madrid tocada para la ocasión con boina sucia de polución. Con esa luz y buena temperatura, repuestas las fuerzas y retomado el resuello nos aplicamos en ascender a Peña del Águila (2009 m). Son 2 Km de ascensión, con tres o cuatro rampas durillas y de esas que no ves nunca la cima, que cuando estás llegando a lo que crees es el final descubres que no, que te queda otra más. Agrupados junto al hito nos hicimos fotos, no entonamos el tintiriti, son ya tantos los dosmiles subidos que a veces se nos olvida, y admiramos las fantásticas vistas que se nos ofrecían: Peñalara – Siete Picos – Guarramillas – La Maliciosa al nor-nordeste, la Mujer Muerta al noroeste y Abantos y hasta Gredos al oeste, tras lo cual emprendimos el descenso buscando el lugar idóneo para comer que ya era hora.

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La comida fue rápida, empezaban a tapar el sol tenues nubes procedentes del oeste y había un cierto miedo a que nos faltase la luz en el descenso así que, recién tomado el café y la riquísima tarta de Mamen, portada por Seijas, nos pusimos en marcha hacia el Collado de Cerromalejo (1774 m), a los pies mismos del Alto de la Peñota que no siendo más alto que Peña el Águila impone bastante más. Desde allí por sendero nevado y pendiente suave descendimos a la pista denominada “Calle Alta” por el que recorrimos aproximadamente 1 Km y desembocamos en un sendero que pasando por la Fuente de la Mina nos dejó en el Puente del Molino y los andenes de la estación de Cercedilla.

En total fueron 15 Km, con un desnivel acumulado de 907 m que realizamos en 6½ horas, incluidos descansos, y participamos Rafa, Mamen, Seijas, Fidel, Luz, Monique, Viqui, José Luis, Diana, Begoña y yo.

La marcha preciosa, hasta el punto de obligar a Fidel a reconocerlo no sin antes darnos a Begoña y a mí un buen repaso de lo bonita que es la sierra norte, pero había disfrutado tanto que quiso celebrarlo invitándonos al café post-marcha que tomamos en la misma estación. Después los adioses, los felices entradas y salidas de año de rigor mientras planeábamos ya la próxima salida, la primera del 2008.

Fotos de la marcha

Con esta despedimos un 2007 que denominaré de transición en lo personal, por no entrar en detalles, pero que nos ha permitido afianzar los lazos con este maravilloso grupo “Los del monte” y en el que hemos iniciado esta aventura tecnológica del blog que espero sirva con el tiempo de memoria histórica de nuestras andanzas.

Feliz año a todos/as sus componentes e invitados/as. Que 2008 sea un gran año de monte, gepeeses, fatigosas subidas, espeluznantes bajadas, pérdidas, encuentros, vistas esplédidas, nieblas y vientos, amenas charlas y a veces coñazos sobre pelis, libros, piedras, plantas y lo que sea … pero todos juntos.

Felicidades Yoyo

El pasado sábado celebramos, conjuntamente con el grupo de teatro Bululú 2120, una fiesta con motivo del septuagésimo cumpleaños de Yolanda Monreal Carton. Se preparó durante semanas con total desconocimiento de la homenajeada y lo conseguimos. Esperábamos todos a oscuras, cuando entraron Yolanda y Antonio se encendieron las luces y Yolanda al principio perpleja, luego emocionadísima según se iba percatando del motivo de la convocatoria y de los que allí nos habíamos congregado.

El acto comenzó con unas palabras de sus hijas Maya y Berta, tras lo cual Gema y Jose Mari presentaron una dedicatoria elaborada por ellos mismos en representación del grupo Los del monte. Tanto Yolanda como Antonio estaban muy emocionados. Luego, para reconducir el ambiente y darle un tono más festivo, Fidel y Seijas cantaron unas canciones que arrancaron numerosos bravos desde los bancos del público. Y para finalizar, Robert nos deleitó con unos trucos de magia adornándose con poses muy cómicas y divertidas.

Texto íntegro de la carta de Gema en honor de Yolanda:

Querida Yolanda:

Tus amigos del Monte no podíamos faltar a esta fiesta sorpresa organizada por tus hijas y por Malonda para celebrar tu cumpleaños. Hemos conspirado con ellos durante varias semanas en la OPERACIÓN ALTO SECRETO, y aquí nos tienes a una buena representación de esforzados montañeros.

¡Setenta tacos! ¡Setenta espléndidos años! ¡Nuestra Yolanda! ¡Parece mentira!

Nadie te puede negar el honor de ser una de las veteranas de nuestro grupo y de pertenecer al selecto club de los socios fundadores. Sólo por eso te merecerías el agradecimiento y el cariño de todos los que hoy seguimos disfrutando del privilegio de formar parte de un grupo tan valioso y excepcional.

Pero como nunca has sido talibana, ni has tenido la pretensión de hacer grandes proezas físicas, tu presencia entre nosotros siempre ha tenido muchos matices muy diferentes al deportivo. Muchos sospechamos que, en realidad, a ti, como a tantos otros de los del monte, siempre te han importado más la buena compañía y la conversación inteligente, que batir récords o culminar dos miles.

Todos te recordamos en nuestras excursiones de los sábados, durante años, pletórica, llena de vitalidad, con tu pelo rojo zanahoria al viento, hablando de libros, de lo divino, pero sobre todo de lo humano, soltando de vez en cuando parrafadas en francés y algún que otro taco, y cagándote en dios y en los curas, cuando la pendiente era excesiva o la caminata muy larga, o te dolían esos pies tan delicados que tienes. O, sencillamente, cuando ellos, dios y los curas, se te ponían a tiro.

Te recordamos preocupada por Antonio, cuando lo de su infarto, y adaptándote a sus ritmos de marcha, “por prescripción facultativa”.

Y no podemos olvidar cómo la maldita enfermedad que te atacó abiertamente hace dos años, pero que llevaba escondida y al acecho en tu interior, la cabrona, desde algunos meses antes, te apartó casi definitivamente de nuestras marchas.

No sabemos cómo lo has hecho. Cómo lo habéis conseguido entre los dos. Porque lo curioso es que Yolanda y Antonio, Antonio y Yolanda, habéis logrado en los últimos tiempos estar en el núcleo central de la familia del monte, ocupar un lugar de honor en nuestra alegre cofradía, sin aparecer nunca por el monte.

La verdad Yolanda, es que sí que lo sabemos. Sabemos que con tu generosidad, con tu exhuberancia y vitalidad, con el cariño que repartes y derrochas a manos llenas, te has ganado un hueco en nuestro corazón que ya no tiene nada que ver ni con la montaña, ni con las marchas, ni con la fuerza de las piernas.

¡Y anda que no nos quedan cosas por compartir! ¡Y anda que no nos quedan caminos por recorrer! ¡Y anda que Yolanda y Antonio, Antonio y Yolanda no os apuntáis a un bombardeo!

Cocidos, comidas, meriendas, cenas, fiestas. ¿Qué serían sin vuestra sempiterna y riquísima empanada?

Pero también, talleres literarios, viajes, salidas de fin de semana, partidas de cartas, salidas al cine y al teatro (Por cierto, Yolanda, no sé si te lo hemos dicho alguna vez: qué lujazo ir contigo y con Antonio al teatro y hablar de la función, luego, ante una buena cena. ¿Cuándo quedamos?)

Conseguiste, hace unos años, poniendo a nuestra disposición todo tu buen hacer profesional y mucha paciencia y cariño, convertirnos a las mujeres del Monte en unas brujas impertinentes y libertarias. Conseguiste que los hombres, con Malonda a la cabeza, se picaran y se disfrazaran de frailes mojigatos y gruñones para darnos la réplica. Y entre los dos habéis logrado convertir la fiesta de San Juan, en Morata, en uno de los hitos más brillante de nuestra agenda anual. Y de paso, meternos a un grupillo de los del monte el gusanillo del teatro en el cuerpo, ¡y hasta hacernos alumnos de Bululú!

Muchas gracias Yolanda, por tu amistad, por tu cariño, por todo lo que nos aportas.

COMPAÑERA YOLANDA, AMIGA DEL ALMA, MONTAÑERA HONORARIA, DISFRUTA DE TU FIESTA Y MUCHAS FELICIDADES.

Tus amigos del monte
Desde aquí un fuerte abrazo para Yolanda. Hasta siempre compañera.

Canencia, pisando nieve

De nuevo nos encontramos con la nieve ¡Qué maravilla! Ganas teníamos de pisarla de nuevo, hacía ya diez meses que disfrutamos en el monte de este elemento que todo lo embellece, lo cambia, que oculta senderos y hace practicables terrenos por los que nunca transitaríamos.

La marcha del sábado fue corta porque debíamos estar todos los del grupo en el homenaje a Yolanda por su septuagésimo cumpleaños, pero no pudimos resistir la tentación de dar un garbeo por el monte, de tomar un café en una Canencia a esas horas todavía dormida y de encontrarnos con los amigos de siempre pero que cada sábado saludamos como si hiciera tiempo no veíamos.

Al final y pese a anunciar una marcha corta y poco desnivel solo nos presentamos José Antonio, Juana, Mateo, Diana, Begoña y yo. Como ya he dicho, marcha breve y cómoda, solo enturbiada parcialmente por los designios del GPS que se empeñó en presentar como pista lo que era una magnífica y extensa valla de piedra que nos hizo saltar, esquivar y enzarzarnos recordando otras aventuras vividas.

Salimos de las cercanías de Canencia y enfilamos al Portachuelo de Canencia no sin antes confundirnos de camino, retroceder, recuperarlo monte a través, etc., la nieve todo lo cambia. En la cuerda de Hontanares, con magníficas vistas del valle de Lozoya, marchamos hasta las inmediaciones del Espartal y de allí a los coches que se nos echaba la hora encima.

Recorrido de 11 Km y ascensión de 530 m que realizamos en 5,40 horas pero que nos dejó un buen sabor de boca, probamos esta temporada el Goretex de nuestras botas e hizo mella en músculos redescubiertos tras marchar por la nieve durante horas.

Paliza plena, vive Dios

¡Qué bonita marcha la del sábado! ¡Qué brutal y caótica! Ni cacahuetes-break, ni subida tranquila por pista, ni volver todos juntos, ni zarandajas, cada uno por donde le dio la gana. A veces hay que hacer marchas como esta, aunque a algunos, entre los que me incluyo, les vaya más el rollo de la armonía, el grupo, lo programado, en fin un cierto orden. Pero a veces, qué leñe, hay que ponerse el monte por montera y que salga lo que Dios, los astros, el destino, o lo que sea nos depare.

El caso es que, después de mucho tiempo de andurriar por la Sierra de Guadarrama, nos convocaron esta vez a una marcha por los alrededores de Riaza, qué bonito pueblo, y de subir a la cuerda de la Buitrera hace tiempo visitada. Marcha de diseño, de las de José Antonio y el GPS que, al contrario de los cheffs de la nouvelle cuisine que nos procuran platos muy vistosos y poca enjundia, nos prepara marchas de mil cagamentos pero con retromarcha plena, vaciadora, que no te deja en el cuerpo mas que ansias por tomar una ducha y meterte en la cama, como debe ser coño, que para eso nos decimos montañeros recios.

No encontramos casi ni un alma, ni en la ruta seguida ni siquiera en el pueblo. Curioso lugar este de Martín Muñoz de Ayllón (1250 m), en vez de ciudad-dormitorio es colonia-retiro-meditación por los pocos habitantes y sin embargo poblado de buenas casas de fin de semana para descanso y contemplación.

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La salida del villorrio nos obligó a perder altura bruscamente en busca del río y una vez traspasado nos deparó una subida, la de los mil cagamentos, que nos llevó directamente a la cuerda de la Buitrera. 650 m de ascenso en escasos 4 Km, que se dice pronto pero que nos dio a algunos ganas de patear el GPS, el satélite y a la madre tecnológica que los inventó.

Una vez arriba y tomado el aliento necesario, te reencuentras con tu alter ego, ese que ha salido de ti maldiciendo y resoplando, y viene lo de qué bonito es esto, qué vistas, cómo merece la pena, pero las piernas aún no las sientes y no sabes si conservas los pulmones o sigues respirando por inercia. Tanto alivio encontramos en el paisaje y en el sendero que nos conducía en llano a media ladera que ni nos dimos cuenta de que nos pasábamos de largo el pico de Buitrera, objetivo ascensional de la jornada, y que atacábamos sin saberlo el Alto de Parrejón (2011 m). Entre medias, echando de menos la parada técnica, flaqueando las fuerzas y cercana ya la hora de comer, fuimos parando desperdigados, donde le dió el apretón a cada cual, como se ve organización que no falte.

Comimos casi en la cima, al resguardo del frío viento, pero entramos en calor enseguida con las vituallas portadas hasta allí que solitarias en el macuto de cada cual son poca cosa pero que compartidas constituyen un auténtico banquete: caldo caliente, chacinas, bonito con tomate de Guadalupe (no de Chelo como reseñé en crónica anterior), vino, café, dulces y hasta cava que portó Rafa por su cumpleaños. Felicidades Rafa, que cumplas muchos más y que el resto te acompañemos a tomar una copa de cava cimera y fresquita.

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Y llegó el caos. Entre el frío que hacía, más después de comer, que Mateo tenía prisa porque tenía cena, y que el jefe de día dijo que el regreso era por el mismo camino, la dispersión, unos por el camino de venida, otros dudando si volver por la cuerda, los de atrás chillando a los de delante, en fin que volvimos como he dicho antes como nos dio la gana que para eso somos mayores de edad y libres.

Mientras Mateo encabezaba la expedición a toda marcha y los demás le seguían, Seijas, que no sabemos lo que se había tomado para la ocasión, se encaminó a la cuerda y le seguimos el anárquico Pepe, que si hay que subir se sube aunque le fastidie bajar, cosa natural por lo demás porque lo que se sube se baja, y yo que andaba como pastor preocupado por las descarriadas ovejas y con el resquemor de no haber pisado la Buitrera. Poco después se nos unió Begoña, para ello tuvo que hacer un extra de ascensión pero consideró que merecía la pena, además su chico, o sea yo, llevaba el agua, así que a la cuerda, visto lo cual, José Antonio en un arranque de envidia montaraz se nos unió arrastrando tras de sí a los animosos Fidel y Luz, que tratándose de monte y música clásica se apuntan a un bombardeo, y a la cándida Tatiana, invitada de José Antonio, que como es peruana pensábamos que eso de las alturas le venía como anillo al dedo pero que a la postre resultó la más perjudicada.

Apiñados en torno al geodésico de Buitrera (2048 m), de espaldas al Ocejón, nos hicimos la foto de rigor y entonamos el segundo tintirinti de la jornada tras lo cual nos enfrentamos a las duras rampas, esta vez de bajada. Machacando cuadriceps y atormentado los dedos de los pies llegamos al pueblo tres cuartos de hora después que el resto, ya de anochecida, aún así nos entretuvimos en coger unas ricas manzanas en finca vecina al camino.

A la marcha nos presentamos esta vez José Antonio, Juana, Rafa, Tatiana, Pepe, Jose Mari, Gema, Mateo, Viqui, Carlos, Mabu, Fidel, Luz, Seijas, Begoña y yo. El grupo que subió a la Buitrera empleó 7 horas y ½ en recorrer 16 Km con una ascensión total de 1087 m.

Bueno montañeros, recuperaros que habrá más como esta que como decía al inicio para eso nos denominamos montañeros recios.

Crónica de José Antonio sobre la marcha de Braojos

Hoy ha sido una marcha normal, como las de antes, dije yo. Incluso parte de ella discurría por senderos muchos años antes visitados. Pero todos, espero, nos encontrábamos muy satisfechos. Viky, me contaba, se sentía encantada de una visita así, a la naturaleza, sin agobios ni horribles caminatas. Hasta Lola estuvo, como siempre, muy pesada en la comida, entre pinos, pero en un prado, con frío y algo de viento. Nos dio un poco de apuro hacernos la foto en Peña Quemada, tan solo un mil setecientos, ¡Quién lo diría! El tintirinti desafinado y muy breve; no merecía la pena. Pero el día de invierno lo justificaba. El aire estaba muy puro y, el cielo, al bajar de la montaña, nos deleitaba con los juegos que tan bien sabe hacer en los atardeceres de los últimos del año. Rafa, como es habitual, nos sacaba de nuestra tradicional indolencia para que tomáramos conciencia de las sensaciones que estábamos viviendo. Disfrutábamos pensando en las gracias que haríamos con Seijas y la aberración natural cerca de Braojos. Efectivamente, el portento allí estaba y, como era previsto, el agua fluía en contra de los principios naturales, tal como esperábamos todos, e incluso con más evidencia que nunca. Por hacer gracia, Fidel y ¿quién le acompañaba? se postraron de rodillas ante tal portento. Realmente estaban muy graciosos y el tema dio mucha conversación, antes y después de la inspección. Todo se encontraba en orden, como antes. Hubo lugareños que nos orientaron al salir, dándonos el contacto humano con el territorio, la presencia de Maxi y Guida, siempre recuperados, José Mari y Gema que cuando aparecen nos parece que son de los fijos, Angel y Begoña, ahora notarios de nuestras acciones y más nuestros que nunca. Hubo tertulia al dejar la región, en La Serna, aunque Monique se nos perdió. En fin, un día al que a muchos nos indujo a recordar otros sentimientos vividos.

José Antonio Espí

Subida a Peña Quemada desde Braojos

Cuando creíamos que este puente de la Constitución no quedaría nadie en Madrid con ganas de darse un garbeo por el monte y con una previsión meteorológica incierta, acudimos en tropel a la cita, somos así.

Puntuales fuimos apareciendo en Braojos (1194 m), sorprendidos de ver a amigos con los que no contábamos y con problemas para concentrarnos dada la imposibilidad de aparcar en su plaza en obras. Algunos tomamos café, otros nos estaban aún buscando dada la dispersión de coches, el caso es que a las 10:45 comenzamos la marcha después de preguntar a un lugareño por la cañada que debíamos tomar.

El día se inició soleado y claro, como es habitual en la sierra madrileña en esta época, aunque las nubes empezaban a reunirse sobre nosotros. Pero realizamos casi toda la subida con sol, eso sí, el viento azotó de lo lindo en cuanto tomamos altura.

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Salvo un ligero despiste, motivado por la práctica desaparición de la cañada en torno a La Porrilla (1622 m) que nos obligó a marchar campo a través sin sendero claro por el que transcurrir, la subida transcurrió de acuerdo a lo planeado, o sea, cortafuegos y pistas, más cortafuego que pista.

El viento nos obligó a guarecernos detrás de unas rocas para hacer la parada técnica que tuvimos que hacer con guantes, gorros y demás prendas de abrigo. Tras el refrigerio y a la voz de ¡ar! del jefe retomamos el camino de ascenso a Peña Quemada (1833 m) donde llegamos ya con el cielo cubierto y un viento que nos forzó a tomar la foto de rigor a toda marcha y emprender enseguida el camino de descenso.

El lugar elegido para comer es precioso y sacrificamos un poco de bienestar, aún hacía viento, por hacerlo en pradera tupida, sin gente ni ruido alrededor y con buenas vistas, privilegio que tenemos los montañeros.

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El descenso transcurrió sin incidentes por un laberinto de pistas que después de realizado yo aún mantengo dudas sobre el itinerario seguido. Pasamos por el refugio de Santuil y, tras descender por un cortafuego de los que hacen crujir meniscos y flaquear cuadriceps, llegamos a la pista que nos había de conducir de vuelta a Brajos. El día ahora se tornaba oscuro y amenazador tal, eran las nubes que sobre el valle se cernían, a pesar de ello tuvimos tiempo de detenernos a contemplar un prodigioso lugar en el que un efecto visual da a entender que el agua que transcurre por un canal asciende en lugar de descender. Cosas vederes Sáncho, que non crederes.

Para los amigos de la estadística, el recorrido fue de 18 Km, con una ascensión total de 754 m y una duración total de 7:18 horas, incluidos descansos. Los participantes: José Antonio, Rafa, Seijas, Fidel, Jose Mari, Gema, Maxi, Guida, Viqui, Monique, Begoña y yo.

Jornada preciosa de monte en la que nos salvamos del agua por los pelos, veremos que nos depara la próxima, hasta entonces un abrazo a todos/as.

Las cosas no salen siempre como se planean

Al recibir la convocatoria de marcha elaborada por Rafa y José Antonio pensé ¿dónde vais? si es casi la tradicional circular de la Puebla; no pueden ser sólo 16 Km, ni 7 horas y, aunque el plan es atacar más directamente la cuerda, nunca hemos intentado subir a Peña la Cabra, por la duración y porque la bajada por la vertiente de Puebla de la Sierra es todo un suplicio. Pero en fin, allá que acudimos deseosos de vivir una buena jornada de monte e intrigados de cómo se desarrollaría esta.

Aunque dista 98 Km de Madrid, lo cierto es que te lleva como mínimo 1 hora y ¼ llegar a Puebla de la Sierra (1161 m) y, entre que es sábado y no te apetece madrugar mucho, que confías en que a 120 Km/h te sobra con una hora y que paras en Prádena a comprar pan, pasa lo que pasa, que llegas tarde y no te puedes tomar el café en su recoleta plaza; así que besos, apretones de mano y ¿cómo estás? mientras te cambias de calzado y preparas el macuto, bastones, etc.

Abochornado por el retraso, porque ahora las convocatorias incluyen una exhortación a la puntualidad y a que vayamos con el café tomado, mientras me acababa de atar las botas y dudaba si llevarme los guetres -polainas, disculpa Susana- me percaté de que aún faltaban por llegar mi cuñado y su chica, invitados para la ocasión por Begoña ¡qué vergüenza! la primera vez que vienen y llegan tarde ¡cómo es posible! En su descargo diré que, en vez de fiarse del GPS, hicieron caso de la ruta indicada por Begoña y …

El día comenzó soleado y aunque el 1er Km que recorrimos fue por asfalto, o sea feo, en cuanto accedimos al GR-88 la cosa cambió, con los hermosos robles que perviven en la zona, ganado alrededor y las primeras rampas, el cuerpo se entonó, empezó el calor, el espera que me tengo que quitar el forro, es decir, nos metimos en materia.

Al llegar a la cuerda, se volvieron Mateo, Viqui, Belén, Josemari y Gema por diversos compromisos, el resto continuamos ascendiendo con destino al Porrejón con bastante seguridad de que no nos daría tiempo a realizar el itinerario previsto y con la incertidumbre de cómo acabaríamos la marcha.

En la cuerda el viento era frío, el día se tornaba gris y amenazando lluvia (acertaron los meteos de la SER, no así el INM que predecía nubes pero no lluvia) así que esta vez no hicimos parada técnica (la de los cacahuetes) y nos dirigimos sin tregua a coronar el Porrejón (1827 m). No todos subimos, este grupo es como es y Juana, Carlos y Seijas pasaron de la foto en el geodésico, luego se quejan de que no aparecen en la foto.

Continuamos por la cuerda en dirección al Pto. de la Puebla y, en cuanto nos reagrupamos y nos vimos a resguardo del viento, nos paramos a comer. Comida rápida, no era cosa de demorarla; a pesar de ello hubo los tradicionales intercambios de chorizo de León, Parmeggiano, vino, café, turrones, chocolate, etc., como siempre que no todo es andurriar y subirse a las peñas.

Finalizado el ágape, la pregunta esperada ¿qué hacemos? ¿intentamos llegar a Peña la Cabra o bajamos por un camino que viene en el mapa pero que no conocemos? Como no nos daba tiempo hacer lo primero y el cuerpo nos pedía guerra, decidimos bajar por el inexplorado camino y así nos fue claro, asfalto, lluvia, descenso de curva a curva de la carretera que se nos salían las uñas de las botas, entre pinos y zarzas, en fin, divertido y lo habitual cuando viene un invitado por 1ª vez.

El tramo final lo hicimos por pista, con una lluvia que echábamos de menos; el monte olía a fresco, los líquenes daban un color azulado a las ramas y troncos de los robles y las hojas ahora si contrastaban con el gris ambiente tornándose amarillo-rojizas, no pardas como cuando el sol aplana sus colores.

Si no hicimos el recorrido previsto si que acertaron los convocantes en los demás parámetros. La marcha fue de 16 Km, con un desnivel de 700 m (853 m de ascensión acumulada) y empleamos 7 horas en su recorrido. Completamos el itinerario José Antonio, Juana, Rafa, Mamen, Carlos, Mabu, Seijas, Begoña y yo, nos acompañaron Antonio y Chus, invitados de Begoña.

Hubo café post-marcha en la plaza de la Puebla, como no podía ser menos, y comenzamos ya a cavilar en la próxima salida que seguro que nos confortará a los urbanitas como lo ha hecho esta.

Cambio de planes

Me cuenta Rafa que el pasado sábado, ante la amenaza que representaban 24 escopetas de montería por terrenos próximos a los que recorrería la marcha, decidieron coger los bártulos y dirigirse a todo correr a las más tranquilas praderías de Alameda del Valle, desde donde subieron al Puerto de Malagosto.

Fueron los Agentes Forestales de la zona los que, viéndoles prepararse para la marcha, se acercaron a avisarles del riesgo que iban a correr y a disuadirles de dejar para mejores tiempos el recorrido planeado.

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Los participantes esta vez fueron: José Antonio, Juana, Rafa, Rosa, Pepe, Susana, Carlos, Mabu, María y José Antonio y Charo, invitados de José Antonio Espí.

El día fue soleado y frío, y de nieve na'de'na.

Apoyo a los Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid

El pasado verano, la Comunidad de Madrid aprobó la Ley de Medidas Urgentes y de Modernización del Gobierno y la Administración de la Comunidad de Madrid, que entre otras medidas restringe el acceso de los Agentes Forestales a los montes o terrenos forestales particulares, lo que puede suponer un grave impedimento a sus labores de preservación del medio natural y constituir un grave atentado al interés general.

Por consiguiente, subscribo y aliento desde aquí a adherirse al manifiesto de apoyo a los Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid en el que se solicita la retirada del artículo 9 de la citada ley.

Para más información:

¡Ánimo! Somos ya cerca de 9.000 los firmantes.

Subida al Mondalindo

No es de mis preferidos este monte, será por lo pelado que está o porque exige más esfuerzo que el que su altitud presagia, el caso es que lo tengo una cierta manía. No sé si por socorrido, dada la cercanía de Madrid, o por qué otra oculta razón, lo subimos varias veces al año y, como digo, a mi no me hace tilín. Sin embargo he de reconocer que una vez arriba, y si el día es claro como el de ayer, las vistas que ofrece son preciosas, así que prometo replanteármelo y erradicar en el futuro este prejuicio mío.

El día era radiante y frío, así que agradecimos el café que nos tomamos enfrente de la iglesia de Garganta de los Montes (1139 m). Decidimos salir aunque Seijas aún no había aparecido, parece ser que estaba visitando distintas localidades de la zona: Bustarviejo, Valdemanco, La Cabrera, etc., el GPS de Seijas es así, por lo que Rafa, como buen cojefe y amigo, se quedó en el pueblo a esperarle y llevarle a nuestro encuentro a paso legionario, en lugar del paso de camello que llevamos por lo general.

Al llegar a la puerta que da paso al término municipal de Canencia, casi recién alcanzados por Rafa y Seijas, hicimos un alto para tomar unos aperitivos y despedirnos de Carlos, Mabu, Mateo y Fidel que tenían un compromiso en Madrid pero que no quisieron desaprovechar la oportunidad de darse un paseo por el monte, a sabiendas de que no completarían la marcha y que no contarían en la estadística.

El resto, a continuar el ascenso al Mondalindo (1833 m); subida no demasiado exigente, tendida y sin sendero o trocha que seguir, lo que originó una pequeña desbandada del grupo, o sea que cada cual subió como le vino en gana. Arriba, cacahuetes, pues aún se retrasaría el momento de comer, y foto de rigor junto al punto geodésico y una placa a sus pies en memoria de Fernando García Herreros, que nosotros desconocíamos quién era pero que, por lo escrito en ella, debió ser muy querido y joven al fallecer, 40 años.

A los pies del Mondalindo, en las proximidades de Valdemanco, han construido una urbanización de chales adosados, todos pegaditos en curva, sin árboles, que es un horror; se empeñan estos ayuntamientos serranos y promotores, con la aquiescencia de la Comunidad de Madrid, en destrozar visualmente nuestra bonita sierra y se consiente desaguisados como este que hace hermosas las canteras de granito que circundan el lugar y que, como dijo José Antonio, al menos queda el consuelo de que algún día las arreglarán, lo que por desgracia no ocurrirá con los chales.

Aprovechamos un lugar entre pinos, al sol y al resguardo del suave pero frío viento, para comer y descansar un rato, hubo quien durmió unos minutos, y en seguida a regresar que la noche se echa pronto en esta época. Seguimos durante unos pocos minutos la pista y en la primera curva nos tiramos abajo como posesos, valiéndonos de cortafuegos cuando los había y si no bosque a través para presentarnos en un santiamén frente a la ermita de Garganta de los Montes, eso sí, los cuadriceps echaban humo. Luego tranquilo paseo final por pista hasta el pueblo.

En resumen, 15 Km de recorrido, 860 m de ascensión acumulada y 7 horas y ¼ de duración, incluyendo descansos. Completamos la marcha: José Antonio, Juana, Belén, Rafa, Pepe, Carmen, Luz, Seijas, Begoña y yo.

Como siempre, después de cambiarnos nos tomamos un café y para casa. Yo, al llegar y después de la ducha, consulté el sabelotodo Google interesándome por el personaje en cuya memoria habían colocado la placa que vimos en el Mondalindo. Resulta que Fernando García Herreros, bombero, muerto en accidente de tráfico junto con un compañero en la M-40 en 2006, fue además atleta, corredor de montaña, tres veces campeón de España, y muy conocido y querido en la zona. Recomiendo visitar la página en su memoria que he encontrado y recorrer los enlaces que funcionan, merece la pena.

Estoy seguro de que en nuestro deambular por la sierra nos hemos topado con él en alguna vez. Recuerdo una ocasión en que Begoña y yo estábamos pasándolas canutas atravesando los riscos que dan acceso al Pico de los Claveles y pasó sobrevolando sobre nosotros, saltando entre las peñas, un corredor vestido como tal y no como montañero, delgado, fibroso, que nos dejó con la boca abierta y que afirmó al preguntarle que era bombero. No sabemos si era él, pero después de que he visto sus fotos en Internet, creo que bien podía ser él, quiero creerlo y dar fe de que además de atleta era buena persona, que no le importó demorar unos segundos su carrera para atender nuestras preguntas. En todo caso hasta siempre Fernando.

La Pedriza, Manzanares arriba

Jornada de transición, esto de los puentes es lo que tiene. Durante la semana, llamadas nerviosas de unos y de otros porque estábamos sin líderes ¿quién se queda en Madrid? Hay que montar algo ¿no? ¡cómo nos vamos a quedar sin monte! ¿a dónde vamos? Al final, el jueves de forma urgente Pepe y Begoña nos convocan el sábado en La Pedriza para ascender el Manzanares hasta donde lleguemos.

Sin problemas accedimos al parque, pues no se superaba aún su numerus clausus, y nos fuimos reuniendo en el aparcamiento superior de La Pedriza, punto de encuentro y de partida de nuestra marcha. En esta ocasión acudimos a la convocatoria Pepe, Carmen, Jose Mari, Gema, Rafa, Rosa, Susana, Begoña y yo.

El día era soleado y la atmósfera clara, excelente condición para hacer fotografías, pero yo decidí dar descanso a la Nikon que bastante paliza había llevado en Pradoluengo, así que tocaba disfrutar visualmente y grabar en la memoria las excelentes vistas que pudimos disfrutar durante toda la jornada.

Tras 3 Km de subida por la margen derecha del Manzanares alternando asfalto, pista y sendero, al llegar al Vado pasamos a la otra orilla para continuar ascendiendo hasta el puente de los Manchegos, donde, traspasado este, buscamos una praderita para comer y descansar un rato al sol. Entre medias, paraditas varias de reagrupamiento y otra obligada para contemplar una preciosa cascada con poza final cristalina. Luego, regreso a los coches y café reparador.

En resumen, marcha tranquila de 14 Km con 760 m de ascensión acumulada que cumplimos en 7:24 horas, incluidos descansos. Paisaje imponente con esas moles graníticas que el atardecer torna de un color rosáceo casi irreal y con una vegetación que recordamos verde por la abundancia de pinos pero que esta estación te muestra que también hay robles, sabinas, servales, etc. ahora delatados por el cambio de tonalidad.

El sábado más.

Pradoluengo 2007

Una vez más hemos de agradecer a Fidel su anual invitación de visitar su tierra por estas fechas que, como siempre, nos ha deparado paisajes maravillosos, amigos entrañables y alguna que otra anécdota organizativa de la que acordarnos algún tiempo.

Siempre he dicho que Fidel como líder no tiene parangón, es el que más y mejor delega de los que ofician en el grupo, pero, a pesar de contar con un entregado y experto equipo, tanta delegación presenta eventualmente ciertos desajustes e imprevisiones, además, claro, de los imponderables.

Sin ánimo de crítica, a modo de recordatorio comentaremos, entre otros, el despiste del dueño del restaurante que nos iba a dar de cenar el viernes, el abandono de Seijas en Pradoluengo mientras el resto cenábamos en Belorado, el olvido de que llevaba sin llover 15 días por lo que las cestas que trajimos para recolectar setas regresarían de vacío, etc. Como digo, desajustes del programa que superamos gracias a las ganas que tenemos de pasarlo bien y al citado equipo subalterno que supo improvisar una marcha sustitutiva de la esperada jornada de setas del domingo que resultó deliciosa.

El viernes, según íbamos llegando a Belorado, comenzó el ritual peregrinaje por las peleterías del pueblo buscando la “bonita, barata y que me esté bien” chaqueta de cuero, que generalmente no se encuentra. Bueno para ser sincero, creo que se encuentran más prendas cuando van las chicas solas que cuando van acompañadas por los respectivos; no sé, me da a mí esa impresión. Otros aprovecharon para comprar provisiones, sobre todo alguna botella de vino, para corresponder al habitual agasajo de viandas y caldos de que somos objeto por el equipo de Fidel.

Después nos reunimos a cenar (¿dónde estabas Seijas?) y a concretar lugar y hora de cita del día siguiente; luego a la cama, ni cafés, ni copas, que había que madrugar.

Subida al Toloño

El sábado amaneció frío y con bruma chupona. Esperamos al autocar que debido a la niebla se demoró cerca de una hora, como en los viejos tiempos de la aviación. Luego, a medida que nos iba acercando a La Rioja, el día empezó a despejar y tenues rayos de sol iluminaron los viñedos vestidos a la moda, otoñal como debe ser en estas fechas.
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En la ermita de San Ginés (640 m), cerca de Labastida (Álava), nos desparramó el autocar a los 50 integrantes de la marcha, entre oriundos y foráneos. Enfrente el Toloño, o los Toloños, porque a tres subimos. Conforme íbamos subiendo la vista nos deparaba a proa la montaña con su pertinaz nube abrazada, a popa los viñedos, campos y huertas de la Sonsierra y los meandros del Ebro, en fin, una gozada.

Tras dos exigentes rampas nos plantamos en la ermita del Humilladero (1070 m) donde aprovechamos para hidratarnos y zampar cacahuetes, ciruelas pasas, galletas de no sé qué, que patrocina Juana y que están buenísimas por cierto, y “chuches” varias. Luego otro esfuerzo adicional nos llevó a las ruinas del santuario de Nuestra Señora de los Ángeles o santuario de Toloño (1201 m).

La niebla iba y venía, lo que ocasionó un desbarajuste de aupa, unos para el norte, otros para arriba, el que no hacía funcionar el silbato preguntaba a voces ¿dónde estáis? Los organizadores, con gran criterio, convocaron a almorzar en el prado central, que es una forma bastante convincente de agrupar al personal. En esas estábamos cuando, avisados por uno de los grupos diseminados por la crestería de que el Toloño nos quedaba a 10 minutos, seis intrépidas chicas y yo decidimos pasar de la llamada a retreta y abordar la cima, que para eso habíamos venido. Testimonios fotográficos dan fe de que pisamos lo que creíamos era el Toloño y que en realidad se trataba de Peña las Doce (1252 m), un cartel situado en la cima contribuyó a la confusión.

Descendimos, almorzamos a todo correr y subimos, esta vez sí, al Toloño (1271 m) para desde allí dirigirnos a Peña Colorada (1218 m) y emprender regreso al punto de partida.

Comida de hermandad

El autocar nos condujo a Rivas de Tereso (La Rioja), donde se ubica el Asador Jose Mari, en el que dimos buena cuenta de unas excelsas “patatas a la riojana” y de unas chuletas de cordero a la brasa que Begoña y yo hubimos de compartir con dos fieras corrupias que se pusieron hasta las cejas (las aludidas saben a quién me refiero); bañado todo ello, como no podía ser de otra forma, con rioja de la Sonsierra.

A los postres, mientras dábamos cuenta de cafés y alcoholes varios, Seijas, amenazando de fuego a los almacenes de Haro por no sé que problema con el vino, estimuló al personal de tal forma que únicamente restó el “Asturias patria querida”, tal fue el repertorio de cánticos populares y acompañamiento poco afortunado de toquecitos con los cubiertos en la cristalería. Cerró el concierto Esteban con una jota, cantada más que aceptablemente.

El programa cultural continuaba, nos dirigimos pues a Briones (La Rioja) a visitar el Museo de la Cultura del Vino, en la bodega Dominio de Vivanco, que vino no lo hace bueno pero que se ha gastado una pasta gansa en montarlo y, naturalmente, piensa sacárselo a los visitantes, que para eso lo han montado.

Si nos faltó tiempo para cumplir visita al museo, no digo nada de lo fugaz que fue nuestro paso por la preciosa localidad de Laguardia (Álava). Callejeo nocturno, parada en una de sus iglesias, a esas horas cerrada, vuelta extramuros al autocar y regreso al hotel que la jornada había sido larga e intensa.

Domingo, entre hayas

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Después de desayunar y pagar a regañadientes la cuenta del hotel por la ausencia de confort, dicho en plan elegante y suave, nos trasladamos a Pradoluengo, donde nos reunimos con el resto del grupo. Al salir, la mañana era de nuevo fría (2ºC) y con niebla, pero conforme nos acercábamos al pueblo el sol iba ganando la partida. Luego, caravana de coches hasta las proximidades de Alarcia y comienzo de una ruta entre pinos, robles y hayas que nos dejó las pupilas saturadas.

La ruta trascurrió por el valle de la Genciana. Luego de un tramo inicial de bajada, llegaron las subidas, al principio suaves, más fuertes al final, hasta que desembocamos en una pista que nos condujo al mirador natural, llamado también de la Genciana, donde almorzamos, paladeando al unísono chorizo, queso y las hermosas vistas que se nos ofrecía, que a todo le damos.

El resto del camino de vuelta se realizó por pistas, algún cortafuego y bastante campo a través. Al llegar a los coches besos, apretones de manos, “buen viaje” y “hala pa’casa” que había que evitar como fuera el temible atasco de la entrada a Madrid.

Participantes y agradecimiento

No podría dar los nombres de todos los que participaron en la subida al Toloño, sí mencionaré la gran acogida que nos dispensaron todos y cada uno de los integrantes del grupo de Pradoluengo que hizo que nos encontráramos a gusto en todo momento.

Por nuestra parte acudimos a la convocatoria: Fidel, Luz, José Antonio, Juana, Trini, Maru, Susana, Belén, Mateo, Marta, Viki, Robert, Monique, Seijas, Begoña y yo.

Resta agradecer al Zurdo, Pabli, Luis Carlos, Esteban, Ángel, Carlos, Loren, etc., etc., etc., amigos ya nuestros, cuantas molestias se tomaron una vez más por hacer grata nuestra visita, su compañía, su charla, sus explicaciones y, finalmente, sus planes para nuestra próxima visita.

Hasta la próxima a todos, seguro que la habrá.

La 9ª de Beethoven

Cuando Fidel me anunció que había conseguido entradas para la Novena Sinfonía de Beethoven del jueves pasado, pero que estas eran de baja visibilidad, me temí lo peor, porque no se trataba de la Filarmónica de Berlín con Barenboim al frente, no, se trataba de algo más terrenal, y otras localidades así calificadas, en el Real o en el Auditorio, te obligan a tales escorzos que acabas molido físicamente, por lo que se debe asegurar uno de, al menos, salir reconfortado espiritualmente, ya no estamos para ciertos trotes.

La contrapartida, siempre o casi siempre la hay, era su precio ¿quién podía renunciar a escuchar tan sublime obra por tan solo 3,5 euros? ¿lograríamos cambiarnos de localidad, una vez comenzado el concierto, como habíamos hecho otras veces? ¿podríamos abstraernos del previsto medio hostil y concentrarnos en la música?

En esas estaba cuando me encontré “acomodado” en mi localidad y la orquesta ya entonando presta a comenzar, tal era la premura de tiempo con que llegamos al Monumental por empeñarnos en sacar a pasear el coche en día festivo, en lugar de ir en transporte público.

Separándome de los hechos, dejando madurar las sensaciones, buscando una cierta objetividad, he de decir que el balance final es nivelado, que ni fu ni fa vaya. En el debe, la obra es preciosa, aunque muchas veces oída, la orquesta francamente bien, sigo pensando sin embargo que la cuerda queda escasa frente al viento y la percusión (puede ser por la acústica del local) y el coro y los solistas convincentes.

En la parte negativa diremos que el local, en su parte de arriba al menos, no reúne condiciones. El problema no es tanto de visibilidad, como te anuncian y yo me temía, porque no es gran inconveniente que te impida ver las piernas del director o las primeras filas de la cuerda, o que una columna te oculte parcialmente la visión, siempre que no te toque delante claro; el problema es la incomodidad de las butacas, tan pequeñas y con tan poco espacio entre filas que te obliga a adoptar una posición invariable de principio a fin de concierto que ni te levantas en el descanso para no perder la postura, aún a riesgo de acabar entumecido.

Y para acabar, el público. Creo que el público que va los jueves al Monumental es en general entendido, que agradece tener la oportunidad de escuchar música clásica en directo a precio moderado y por intérpretes de nivel. Es en conciertos como el de esta crónica que esta ventaja que nos ofrece la sociedad de bienestar se vuelve en contra, ya que acuden en masa padres con niños como si al cine se tratase y que se muestran incapaces de decirles o de conseguir que se estén quietos y en silencio.

Pero en fin, a los asistentes en esta ocasión (Fidel, Luz, Begoña y yo) nos va el rollo y nos aventuraremos de nuevo en cuanto nos recobremos de la impresión ¿o no?

Marcha joven / ruta Dylan

Por fin hemos hecho la ansiada marcha joven que tantas dudas y vacilaciones deparó a su mentor y organizador Javier Seijas.

Nos preocupaba a Begoña y a mí la poca asistencia de jóvenes a la convocatoria porque nuestro reclutamiento había sido un fracaso, ya que nuestra hija y sus amigos al final declinaron su participación aludiendo confusas razones que no vienen a cuento sacar aquí.

Así que, llegados al punto de encuentro, la Venta Arias en el Puerto de Navacerrada, con el café con leche a medio tomar, pasadas ya las 10 de la mañana y sabiendo que algunos miembros del grupo no acudirían por viajes u otras ocupaciones, nos temíamos lo peor.

Pero no, al fin empezaron poco a poco a aparecer algunos que no vienen a menudo y otros que pensábamos no vendrían, así que se fue formando un grupito majo, pero ¿y los jóvenes qué? ¡que fiasco! ¡que bajo poder de convocatoria! nos lamentábamos.

Entonces apareció Domingo con seis acompañantes y además jóvenes, que maravilla, gracias a él y a los tres que aportaba el organizador la marcha cumpliría el objetivo perseguido.

Iniciamos la marcha tarde, a las 11 de la mañana, después de los preparativos previos: cambio de calzado, preparación de mochilas y bastones, cafés con leche y algún bocata de chorizo, que de todo hubo, y de realizar el operativo a Cotos preparando el regreso.

La mañana era soleada pero fría, el calor lo poníamos todos, los jóvenes y los no tan jóvenes que poco a poco íbamos convenciéndonos de que aquello ya tenía sentido y que ahora lo que tocaba era hacerles pasar a aquellos una bonita mañana de monte y de arropar solidariamente al líder para que todo saliera perfecto.

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Subimos a la Cuerda de las Cabrillas donde, mientras contemplábamos el Valle de la Barranca, Domingo explicó a la concurrencia los 3 niveles de vegetación y continuamos luego la ascensión a Guarramillas (2268 m), llamada también la Bola del Mundo. Subida esforzada y conocida por nosotros, salpicada de piedras y hormigón hasta llegar a las antenas de televisión a las que negando su función las designamos como base de cohetes, aportación patria a la pretérita guerra fría.

Luego descendimos al Collado del Ventisquero de la Condesa, nacimiento de nuestro entrañable Manzanares y suministro tiempo ha de hielo a la corte, donde hicimos el "cacahuetes-break ". Vuelta a ascender al Cerro de Valdemartín (2278 m) y descenso por canchal y zigzagante pista hasta la estación de Valdesquí.

Comimos al lado del arroyo de Guarramillas, donde dimos buena cuenta del bonito con tomate cocinado por Chelo y patrocinado por Seijas, chorizo de León, jamón ibérico, quesos del Roncal y el riquísimo parmiggiano que aportó Dario, italiano acompañante de uno de los hijos de Domingo; regado todo ello con un buen surtido de caldos que para la ocasión portamos en nuestros macutos: Riojas, de Toro, de Cigales, de la Ribera del Duero, …

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Sólo restaba ya el tramo final a Cotos, que hicimos a la vera del mencionado arroyo hasta el refugio El Pingarrón, para desde allí enlazar con la Loma del Noruego y plácida llegada a la Venta Marcelino, en Cotos, en la que tomarnos el reparador refrigerio post marcha y despedirnos pues unos nos volvimos en tren y otros mediante el operativo de coches preparado con antelación.

La marcha en sí fue de las flojas, pero nos brindó la ocasión de deleitarnos con las preciosas vistas que nos ofrecían estas archiconocidas cumbres, de caminar pausadamente, de parar más a menudo y de disfrutar con la joven e internacional compañía y su amigable charla, que es de lo que se trataba. Habrá que preguntar a los jóvenes que les pareció y si están dispuestos a repetir.


Para los amigos de la estadística, fueron escasos 12 Km de marcha, con una ascensión total de 640 m que realizamos en 6 horas 40 minutos, incluidos descansos.

Los participantes fuimos 20: Seijas, Javi, Álvaro, Blanca, Domingo, Alejandro, Erica, Miguel, Dario, Guillermo y su acompañante que, aunque me dijo el nombre varias veces, no sé si por ser japonés o por lo torpe que me mostré, lamentablemente no consigo reproducir (Seijas échame un cable), Carlos, Rafa, Susana, Josemari, Gema, Viki, Luz, Begoña y el que suscribe.

Tarifa abusiva

Ayer sábado, para evitar mover varios coches entre los Puertos de Navacerrada y Cotos, comienzo y fin de una excursión de montaña, algunos de los participantes decidimos hacer el recorrido de vuelta por tren y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que para este trayecto RENFE cobra 3,60 euros.

¡600 de las antiguas pesetas por viajero, para un trayecto de 17 minutos en un tren de 3ª!

Nos parece una tarifa abusiva por un servicio público que, lejos de potenciar su uso, lo que debería ser su función y la de las Administraciones pertinentes, produce la reacción contraria.

La próxima vez, señores de RENFE, moveremos los automóviles y contribuiremos al cambio climático, la degradación de espacios verdes, etc., eso sí, la responsabilidad será de una compañía estatal y de los que tienen que velar por los intereses de la comunidad.

Jueves musical

Después de que la semana pasada iniciáramos las audiciones de música clásica de esta temporada, ayer, los “melómanos” del grupo, asistimos a una sesión de las que no dejan indiferente a nadie.

Tuvimos la ocasión de escuchar una interesante versión de la 5ª sinfonía de Gustav Mahler, con una excelente dirección de Eliahu Inbal, especialista en este autor (ha grabado la integral de sus sinfonías), y una buena interpretación de la Orquesta Sinfónica de RTVE, donde sobresalieron los metales, bien acompañados por la madera y la percusión, y sólo la cuerda, a mi parecer, no estuvo a la altura de las circunstancias. Muy bien, una vez más me emocionó e hizo que ni me moviera de la butaca, tan poco hay mucho sitio para moverse en el Monumental.

Después, a la salida, mientras nos tomábamos unas birras, comentábamos lo fastidiado que debía de estar nuestro querido Gustav para escribir una música tan dolorosa, fúnebre, tierna, a ratos lenta, otras alocada y algunas un tanto confusa.

Venía a cuento nuestra charla por lo recién escuchado, como no podía ser de otra forma, y por un documento que nos trajo Maxi titulado “Gustav Mahler y su tratamiento psicoanalítico, en una sola sesión, con Sigmund Freud”. Maxi es así, no se trae una pequeña reseña biográfica, no, se trae un texto presentado en unas jornadas de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.

Pero independientemente de los avatares de la vida del compositor, según aprendimos de lo escrito por Pablo Larrañeta para el programa de mano del concierto, es muy especial esta sinfonía en la obra de Mahler porque fue escrita durante los veranos de 1901 y 1902, y es importante reseñar esto porque entre el planteamiento inicial de la sinfonía, al que corresponden los primeros movimientos (el primero que compuso fue singularmente el 3º, el scherzo) compuestos en 1901, y su conclusión el año siguiente, Mahler se casa con Alma María Schindler, lo que presumiblemente altera su concepción de la obra; así que después de un comienzo funesto, de muerte, sufrimiento, dolor y rabia, continúa con un movimiento (el célebre adagietto utilizado por Visconti en “Muerte en Venecia”) de claro signo romántico, pleno de amor, paz, consuelo, y, a mi juicio, cierta melancolía, para terminar con el rondo/finale, ahora alegre, lleno de energía y ganas de vivir.

Después, para no disminuir el nivel de la velada, la plática derivó hacia Fernando Pessoa y sus heterónimos, fascinante ¿no?

Hay que repetirlo, y tenemos que conseguir que se apunten algunos más del grupo a los que les gusta la música clásica y la charla animada, esta vez fuimos Guida, Luz, Begoña, Fidel, Maxi y yo, pero seremos más, la temporada no ha hecho más que comenzar.

Quién dijo miedo

Es para estar orgulloso de este grupo. Orgulloso, por el nivel que a principio de temporada se está situando por encima de los de temporadas anteriores; orgulloso, por la cantidad de participantes que, avisados de que la marcha iba ser dura, acudieron superando la media de anteriores convocatorias; y orgulloso, cómo no, por el comportamiento del grupo en momentos difíciles, enmarañados entre rebollos y escobas, restando aún 3 o 4 Km para llegar y con una luz ya de anochecer que hacía presagiar a los más alarmistas que tendríamos que llegar "palpando" a los coches.

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La marcha era de diseño. José Antonio y Rafa, atendiendo la propuesta de Begoña de subir al Pico del Lobo, programaron una ruta basándose en la cartografía del GPS y del entrañable mapa de la Tienda Verde. Cuando no se conoce la ruta y los datos de uno y otro no coinciden, se añade a la marcha esa incertidumbre, ese enigma que hace que la marcha se convierta en aventura, en bosque impenetrable, en monte en su más agreste cara para los que, montañeros de fin de semana, nos implicamos.

Tomamos el café, como estaba programado, en Riaza, en su bonita plaza porticada tan solo afeada por los coches que, desatendiendo las señales de prohibido aparcar, se empeñan en estorbar la contemplación de un espacio como hay pocos. Después de coordinar con Carlos y sus acompañantes el lugar de encuentro pues, seguramente rememorando aún Berlanga de Duero, había continuado viaje hasta las proximidades de Ayllón, emprendimos marcha a las 11 horas desde las proximidades de la Presa de Riaza (1310 m), en las cercanías de Riofrío de Riaza.

Iniciamos la subida por una pista anunciada para cazadores hasta tomar una trocha que nos haría perdernos por un tupido bosque de rebollos pero, que gracias a la pericia de Maxi, nos condujo finalmente al Collado de la Hayuela (1624 m) donde aprovechamos para reagruparnos y reponer líquidos perdidos. De allí al Collado de San Benito (1785 m) donde nos avituallamos de cacahuetes, almendras y ciruelas pasas que tanta energía nos dan para continuar.

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A partir de ahí, en la cuerda de la Pinilla, la vista era espléndida por la panorámica y acongojante por lo que se adivinaba por delante, porque cada vez que coronábamos un cerro se mostraba un nuevo descenso y otra subida cada vez más vertical.

Coronamos por fin el Pico del Lobo (2273 m) que si no fuera por la vista que ofrece hacia el sur, sobre todo con buen tiempo, no merece la pena esforzarse en subir porque es una auténtica escombrera. Es una lástima que el pico más elevado de la Comunidad Autónoma de Castilla - La Mancha esté inundado de ruinas y desechos de construcción que haga que una montañera, a los mismos pies del pico, me preguntara si merecía la pena subir.

Llegamos todos, no hubo deserciones, lo que, teniendo en cuenta que algunos vienen de vez en cuando, avala lo dicho al inicio de esta crónica. Bravo Belén, bravo Guida, María, ...

Comimos en la cumbre, en el sitio elegido por Rafa que por reservarlo, tanta era la afluencia de montañeros en la cima, no pudo posar en la foto de rigor, y, sin tiempo apenas para la reparadora siestecilla, emprendimos el descenso temerosos de que se nos echase la noche encima, como casi ocurrió.

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Sufrieron cuádripces y meniscos en el largo y empinado descenso de regreso, pero disfrutamos mientras caminábamos de una preciosa luz otoñal de atardecer y de una temperatura excelente que hizo que relajáramos un tanto la marcha.

Lo peor vino luego, cuando nos adentramos en el bosque por una trocha mal trazada que nos hizo desembocar en un punto de tan intrincada frondosidad, grande desorientación, incipiente oscuridad y que, agotadas las baterías del GPS, a alguno hizo perder un poco los nervios y a algunas darle con más ahínco a la "sin hueso".

Encontramos, como no podía ser de otra forma dada la ayuda de la tecnología, el camino buscado después de algunos "estamos a 10 metros", "no, a 15", "hay que subir un poco", "¿no será por aquí?"... En fín, lo habitual. Después de la zozobra, retomamos animosos y apresurados el regreso con poca luz pero en pista ya conocida.

Fueron 18 Km de marcha y un ascenso acumulado de 1267 m que realizamos en 9,11 horas, incluyendo descansos.

Los participantes fuimos 15: José Antonio, Juana, Belén, Maxi, Guida, Rafa, Rosa, Viky, Pepe, Fidel, Carlos, Mabu, María, Begoña y yo.

Otra jornada magnífica de monte, que hizo que regresásemos a casa con un "casque" gustoso, salvo por el consabido atasco de la salida 19 de la N-I que nos obligó, una vez más, a acordarnos de la ínclita Esperanza Aguirre. No nos queda nada.

Hasta la próxima montañeros.

Por los alrededores de Horcajuelo de la Sierra

La marcha de este sábado nos llevó a Horcajuelo de la Sierra. Después de que los pocos que no nos habíamos ido de puente nos reuniéramos junto a la iglesia de San Nicolás de Bari y de tomar el consabido café en el escondido bar tras el Ayuntamiento, emprendimos marcha por la calle de la Posada, cruzamos el río, esta vez seco, y comenzamos a la ascensión al Collado del Mosquito.

No recordaba yo este camino tan empinado, creía más bien que había zonas de llaneo, pero no, el camino es de constante subida, de tal forma que cuando llegas al collado ya te has metido entre pecho y espalda 700 m de desnivel.

En el collado nos separamos de Susana que tenía que llegar pronto a Madrid para atender a su convalenciente hija. Que se mejore pronto.

Acometimos la subida, última de la jornada, hasta la pista que recorre la cuerda de la Sierra Cebollera, en las inmediaciones de El Corco (2045 m). Subida fea donde las haya, me recordó otra a Peña La Cabra por su lado sur.

Tras parlamentar sobre el resto de la marcha, se decidió no llegar a la Cebollera Nueva y regresar por nuevos itinerarios, siempre abriendo rutas. Así que comimos en la cuerda, al sol, que alguno regresó como si hubiera estado en la playa, y hala a bajar por cortafuegos interminables tratando de encontrar caminos que en el mapa figuran con puntos y que los jefes no estaban seguros de encontrar. El que esto lea se puede imaginar la cara que poníamos los que a punto de dejar la pista y enfrentarnos a un descenso por cortafuegos oíamos dudar a los líderes sobre si existiría o no el camino en cuestión.

Pero todo salió bien, encontramos el camino deseado que nos llevó a la pista ansiada y de vuelta al pueblo. En total recorrimos 21 Km con un desnivel de 962 m en 8½ horas de marcha, incluyendo descansos, hizo un día luminoso, con buena temperatura y vistas maravillosas, a pesar de que esta vez no estaba al alcance de nuestra inquisitiva y conocedora mirada el nunca bien ponderado Ocejón.

Participantes: José Antonio, Rafa, Susana, Fidel, Luz, Vicky, Seijas, Begoña y Ángel

Berlanga de Duero 28, 29 y 30 de septiembre de 2007

Como un domingo más, el apasionado guía y guardián de la Ermita de San Baudelio estaba a las 12 horas del domingo 30 de septiembre arrumbado sobre el paso de las horas a la espera de su almuerzo, siesta y descanso semanal, cuando 11 automóviles con 22 cabalgantes en su interior irrumpen delante de su ermita.

Preparados para la marcha

En lógica posición defensiva, como buen profesional, ojos abiertos y adrenalina en alza, ocupa con su cuerpo todo el espacio de la puerta de la ermita desde donde recupera paulatinamente el resuello al comprobar que los 22 cabalgantes son “de bien” y a la única conquista que aspiran es a observar durante unos minutos las maravillas que hace siglos se producían en estas tierras cargadas de arte e historia.

El viernes y el sábado anterior los 22 cabalgantes ya habían podido comprobar en estos parajes del Duero medio, los restos de otras historias bélicas, artísticas y económicas, de los ya muy lejanos moros y cristianos batallando entre ellos y contra ellos, de la inquisición, el poder de la iglesia y la nobleza, de economías agrarias de otras épocas y de os ferrocarriles derrotados faltos de personal y bagajes.

Pero los cabalgantes, a medida que el último sábado de septiembre de 2007 se acercaban al castillo de Gormaz, veían como sobre los restos de la historia, en la meseta ibérica a mil metros de altura, están renaciendo nuevas realidades ecológicas, artísticas y económicas que merece la pena descubrir.

Camino del castillo de Gormaz

A pasear por la historia y por el futuro en un paisaje que permanece. Los del Monte hemos ido a Soria, a las tierras de Berlanga.

Viernes 28

A las 8 de la tarde concierto de música medieval en la Colegiata de Berlanga a cargo de 4 simpáticas italianas ataviadas de vestidos de época cantando y tocando instrumentos de cuerda y percusión.

Posteriormente, cena degustación en Casa Vallecas que nos sorprendió. A unos les gustó más la pluma de ibérico con setas, a otros el batido de edulis y a otros las cucharitas comestibles. A mí la gamba rodeada de corteza de tocino granulado.

Sábado 29

A las 9 salida de Berlanga por la Puerta Aguilera hacia Gormaz. Ya desde el comienzo de la andadura se divisa el enorme castillo que se encuentra a 17 km de cabalgada por estepas duras, campos de cultivo, bosques de pinos resineros amortizados y sabinas en pleno uso. Dos km por la también amortizada vía férrea Valladolid-Ariza, puente de hierro sobre el Duero incluido. Pasamos por Aguilera, la estación de Berlanga (hoy núcleo urbano), Brías de Gormaz y Gormaz.

Mateo y algún otro se detuvieron en la iglesia románica de Aguilera.

En Brías de Gormaz todos conversamos con la señora que lavaba alfombras en un lavadero de posguerra situado enfrente de una escuela de posguerra, hoy museo de la resina, y que utilizaba jabón natural hecho en casa, hasta que llegó su marido y la liberó de todos nosotros para llevarla a almorzar.

En el lavadero

Conquistada la fortaleza de Gormaz, se incorporan Javier y Miguel Ángel una media hora más tarde. Ambos seguían nuestros pasos, porque aunque habían salido el sábado muy temprano de Madrid, se perdieron por rutas no previstas ni recomendadas para desde Madrid llegar a Berlanga.

Antes de comer audición de Machado a cargo de Mateo. Comida en las murallas del castillo, evocando la llamada reconquista, las batallas entre los señores de todas las épocas y el significado del Duero, gracias a la didáctica exposición de Pepe.

Pepe, además, nos leyó los “escores” del gepeese (16,95 km, velocidad media andando, tiempo de reposo, velocidad media andando y en reposo etc.).

Leyendo a Machado

Cisma después de comer. Unos (pocos) salimos caminando hacia Berlanga. El resto (la mayoría) en coches depositados la víspera en Gormaz.

Caminando los menos, sesteando y paseando por Berlanga los más, todos nos reunimos a las 9 ½ para cenar el cordero maravilloso de Casa Vallecas. Me entero de que hay muchos tipos de cordero (lechazo, recental, pascual y el ya cordero viejo que en general los ibéricos despreciamos, pero otros aprecian, supongo que es porque no entienden) y que comer cordero bueno no tiene mucho mérito porque sólo se necesita un buen lechazo que cualquier advenedizo sabe cocinar. El nuestro era un buen lechazo y quién estaba a los mandos, seguro que tenía muchas horas de fogones.

Nos amenizan la cena Javier, Pepe y Maxi con lecturas de Mío Cid, Vicky invitándonos a cava para celebra su cumple, Javier de nuevo con intentos de “cumpleaños feliz” y amenazas de manifestaciones vocales colectivas del grupo y Mateo reprendiendo cariñosamente a los que se sobrepasaban. Yo, por mi parte, recuerdo muy brevemente el programa del día siguiente..

Domingo 30

El día se presenta más relajado. Por eso se producen bastantes bajas en el desayuno fijado a las 8 ½. Después de un nuevo paseo por Berlanga (castillo, colegiata, rollo, palacio, hospital, y sobre todo el conjunto urbano) salida disciplinariamente a las 11 horas hacia San Baudelio y posteriormente a la ciudad amurallada de Rello, (el del rollo de “yerro”), desde donde cada miembro de Los del Monte se incorporan a sus cabalgaduras mecánicas, unos para comer en casa y echar la siesta, otros para comer en casa porque como en casa nada y otros para comer o pinchar algo por el camino.

Sin atascos y alegres regresamos a Madrid.

Cabalgantes:

Blanca, Bus, Carlos, Fidel, Gema, Guida, Javier, Jose, Juan, Julia (sobrina de Maxi), Luz, Mabu, María, Marta, Mateo, Maxi, Miguel Ángel, Monique, Pepe, Roberto, Teo y Vicky.

A la segunda va la vencida

Por fin, ayer sábado conseguimos completar la ruta que desde Matalpino sube a La Maliciosa por la Cuerda de los Porrones y desciende paralela al río Manzanares introduciéndose en la Pedriza. Todo un espectáculo visual pues hemos podido disfrutar de panorámicas impresionantes de ambas vertientes: Navacerrada, Valle de la Barranca, embalses de Navacerrada, La Jarosa, Valmojado, Peña del Águila, Alto de la Peñota, etc. por un lado y La Pedriza, Manzanares el Real, embalse de Santillana, Madrid y sus cuatro torres en construcción por el otro. Todo ello en un día con una temperatura excelente para caminar.

La marcha fue larga y exigente, en total fueron 16 Km de recorrido con una ascensión acumulada de 1266 m, lo que nos ocupó 9,30 horas, incluyendo descansos.

El comportamiento del grupo fue excelente, con las disensiones habituales de todas las marchas (dónde comer, yo a la Bola del Mundo no subo, esta vez os habéis pasado, etc.) y acortamientos de marcha, también normales por el distinto estado de forma de los participantes. Pero todo ello en buena armonía e incluso sabiendo enlazar con los que decidieron no hacerla completa. Por cierto, qué nivel tiene este grupo que dejando elementos por el camino, entre las peñas de la sierra, saben encontrar rutas alternativas para llegar al punto de reencuentro.

Cuando a una marcha convocada con un nivel de dificultad 3 se presentan tantos participantes como acudieron, algo nos hace pensar que no la vamos a completar, que nos vamos a contentar con desarrollar las relaciones humanas, con hablar del tiempo transcurrido desde la última vez que nos vimos, etc., o sea que de andar lo justo. Esta vez sin embargo, la cosa fue distinta pues supimos conjugar la alegría de encontrarnos con amigos a los que hacía tiempo no veíamos con las ganas de andar y de disfrutar de una jornada montañera de verdad.

En fin que la marcha fue de las que dejan impronta, vamos de las que dejan el regustillo ese de la machada, de lo talibán, de joder qué pasada.

Acudieron a la cita: José Antonio, Juana, Domingo, Carlos, Mabu, Pepe, Carmen, Rafa, Rosa, Fidel, Luz, Seijas, Robert, Monique, Begoña y yo.

Hasta la próxima a todos y un abrazo para Monique con el deseo de que se restablezca pronto de su caída.

Presentación del libro de Domingo e hijo

PortadaAyer se celebró en el Colegio de Ingenieros de Caminos la presentación del libro Consultoría e Ingeniería Ambiental de Domingo Gómez Orea y Mauricio Gómez Villarino, a la que asistimos en representación propia y del grupo "los del monte" José Antonio, Begoña y yo.

La presentación fue muy amena y didáctica, se nota que a Domingo le gusta lo que hace y además explicarlo.

Presentó el acto Florentino Santos García, Decano de la Demarcación de Madrid del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que como anfitrión presentó a los autores y ponentes y nos dió la bienvenida a los asistentes, entorno a las 40/45 personas.

A continuación Domingo y luego su hijo presentaron el libro dando a los asistentes una idea clara sobre su pretensión al publicarlo que no es otra que la de servir de guía de estudio para la asignatura de Gestión de Proyectos en la Licentura de Ciencias Medioambientales.

El subtítulo del libro es Planes, Programas, Proyectos, Estudios, Instrumentos de control ambiental, Dirección y Ejecución ambiental de obra, Gestión ambiental de actividades, lo que sin duda nos deja más claro de lo que trata.

Domingo Gómez Orea es Ingeniero Agrónomo y Catedrático de la Universidad Politénica de Madrid. Mauricio Gómez por su parte es Ingeniero de Caminos.

Finalmente, Jaime Lamo de Espinosa hizo una glosa amena de la obra, calificándola de exhaustiva, rigurosa y clara en su exposición. También alabó la presentación y acabado de la edición, si bien echó en falta una reseña bibliográfica de los autores en la misma.

Jaime Lamo de Espinosa es Ingeniero Agrónomo, Catedrático "Jean Monet" y Presidente de ANCI (Asociación Nacional de Constructores Independientes). Nacido en Madrid en 1941 fue nombrado ministro de Agricultura en 1978 y en 1981 pasó a ser adjunto de la Presidencia (1981-82). Fue portavoz de UCD en el Congreso de los Diputados (1981-82), presidente de la Conferencia Mundial de la FAO (1979-81) y presidente de la Conferencia de Ministros de Agricultura de la OCDE (1980).

Al finalizar el acto tuvimos ocasión de felicitar a los autores así como de saludar a Teresa Villarino, esposa y madre respectivamente, mientras sosteníamos una copa de vino a la que fuimos invitados.

Desde aquí un fuerte abrazo para ambos.