El 14 enero íbamos a ser 16, pero dos amanecieron malitos, y les dimos permiso para cuidarse, así que, catorce.
Desde Berzosa, los líderes nos llevaron derechos hasta la cuerda, pasando por un bonito abrevadero en el bosque, agua sí hay. Encontraron un modo inclinadillo de llegar arriba cuanto antes, y desde entonces toda la marcha fue en technicolor y cinemascope. Desde el collado de Peñaparda, más que cuerda lo que hay es una cadena de picos, de las que hacen perder cota, reganarla, aumentarla y engordar el desnivel acumulado, pero gusta más subir así, en panorama, que viendo suelo.
Contentos, naturales, campechanos, llegamos a la Peña del Águila, la pasamos de largo y seguimos subiendo y bajando en olas hasta que aparecieron las crucianas (antes del Collado de la Tiesa). Restos fósiles del movimiento de trilobites sobre el barro. Del movimiento. Guau. Mientras unos atendíamos a las explicaciones, los relojes hicieron las dos de la tarde, los buitres y los parapentes acudieron al cielo, nuestra hada-foto revoloteó de enfoque en enfoque, y los líderes comunicaron que no teníamos tiempo para ir a la Cabra. Así que comimos por ahí, en un “restaurante” de dos pisos, con solecillo neblinoso. Tras poca o ninguna siesta, un viento frío nos puso en marcha relativamente pronto, y hala, a Berzosa, recogiendo piedras por el camino.
Llegamos con la puesta del sol y, todo por la ciencia, con unas 14 piedras. De ahí al bar calentito, y de ahí a los coches para volver. Pero el coche de la cronista decidió no conectar sus luces de cruce. Por suerte, aún estaban ahí Jose Antonio, Juana y Mamen, dispuestos a lo que fuera. Jose Antonio hizo y pensó todo lo que pudo sobre el problema, gracias, caballero de las luces. Al final, conductora y coche volvieron a Madrid charlando animadamente con el “gruero” del Seguro, hasta la misma puerta de casa. Y resulta que era de El Cardoso, que conoce esos montes, y que tenemos un nuevo amigo.
Dieron que hablar: el sombrero de Maxi, las capas de pantalón de Mamen, el verbo “hollar”, el móvil de Fidel y las berzas regaladas en el pueblo.
Los catorce: Belén, Carlos, Fidel, Guida, Jose Antonio, Juana, Luz, Magu, Mamen, María, Maxi, Pepe, Susana, Vicky.
Susana